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24 julio, 2023

La del Camello.


Para esta última semana de julio (siempre por la sombrita) hemos decidido acudir a un lugar poco o nada transitado, que pasa desapercibido para muchos, menos para los hermanos de cierta cofradía del Domingo de Ramos, que ahora tiene nombre de capataz, que bien podría marcar arqueológicamente dónde comenzó a fraguarse la historia de Sevilla y que hasta tuvo nombre de camélido, sí de camello; pero como siempre, vayamos por partes. 


Perpendicular a la Cuesta del Rosario, a la derecha si se viene subiendo desde la Plaza del Salvador una vez que se ha pasado la desembocadura de Francos, subsiste allí una pequeña barreduela. De 1665 se conservan referencias en las que se denominaba del Camello a este calleja sin salida que daba a la entonces plaza de la Cruz de San Pedro, desconociéndose el motivo de tal apelativo tan curioso, puede que debido a su trazado curvo y ascendente, de hecho Álvarez Benavides en 1874 indicará: 

"La callejuela sin salida, que como queda dicho, forma el cuarto trayecto, se conocía vulgarmente por Callejuela del Camello, sin duda por la circunstancia de haber comparado la totalidad de la calle con el lomo de aquel animal y ser dicho punto la parte más elevada."

Mantendrá tal nombre hasta bien entrado el siglo XIX, pues en 1845 se conservaba todavía, aunque en 1868 se le dio el nombre que ha llegado hasta 2019: Galindo, en honor al almirante Cristóbal de Eraso y Galindo, nacido en Écija en el siglo XVI, experimentado marino que llegó a estar al mando de la Flota de Indias con el rango de capitán general.

La supresión del tapón urbanístico que sufría desde siglos la Cuesta del Rosario, supuso que quedase como bocacalle a ésta, y en 1932 se acordó sustituir el pavimento en rampa por tramos escalonados, ya que quizá estemos hablando de la calle de Sevilla con mayor pendiente y desnivel; al subir gira hacia su izquierda y se estrecha conforme llega a su final, dando a esta calle las traseras de edificios cuyos frentes dan bien a Cuesta del Rosario, bien a la calle San Isidoro. 


Acotaciones de Collantes de Terán en la calle Galindo. 1944.

Uno de los aspectos más interesantes de esta zona, la más elevada de la ciudad como decíamos, surgió durante las excavaciones arqueológicas realizadas por el profesor Collantes de Terán en la zona que sirvió para construir un edificio con fachadas a Galindo y Cuesta del Rosario, que dieron como resultado hallazgos de bastante importancia como veremos a continuación y que fue, además, la primera estratigrafía como tal realizada en Sevilla, o sea, el primer estudio sobre superposición de capas o estratos de la tierra con la finalidad del análisis de su antigüedad. La investigación dejó claro que la ciudad primitiva se habría alzado sobre un promontorio cercano a un río Guadalquivir que hace más de dos mil años transcurría por un cauce muy distinto al actual, ya que se cree que uno de sus brazos bajaba por la Barqueta hacia la Alameda, Campana, Sierpes y Avenida hacia la Puerta Jerez, lo que explicaría la existencia de un barrio portuario bajo el actual Patio de Banderas.

Tal como ha analizado Manuel Vera Reina, la secuencia histórica de esa excavación de 1944 hablaría de restos situados entre el siglo IV a. C. hasta el siglo XVII d. C., destacando el hallazgo de un nivel más antiguo de etapa turdetana, un pequeño vaso de barro de 10 centímetros de alto con cuatro monedas de plata cartaginesas, dos de ellas con la cabeza de Tanit (equivalente a la diosa fenicia Astarté) en el anverso y dos con la de Asdrúbal (siglo III a. C.) y el descubrimiento también de un edificio de cierta entidad fechado en época posterior, edificio ubicado en una zona de tierra quemada, lo que indica que fue víctima de un incendio; en el nivel 2, ya en tiempos romanos, se hallaron los restos de unas termas del siglo II d. C., conjunto de suma importancia que habría estado formado por una gran sala central a la que se accedía por dos corredores, unida a otras dos más pequeñas, acompañadas de piscinas y fuentes decoradas por los correspondientes mosaicos, más otra zona que sería equivalente a unos vestuarios.

Reconstrucción de las termas con sus mosaicos, por Manuel Vera Reina.

No se privaban de lujos los hispalenses de aquellas fechas, pues las piscinas, aparte de abundante agua, habrían tenido una profusa ornamentación con ricos mármoles, exquisitas incrustaciones de conchas marinas y los antes aludidos mosaicos, (pueden verse aquí) conservados hasta no hace mucho en el sevillano Museo Arqueológico,  y que suponemos que ahora se habrán almacenado convenientemente antes del inicio de las obras de remodelación de dicho museo de la Plaza de América. Realizados con motivos marinos como peces o crustáceos y con el blanco y el negro como colores protagonistas, siguiendo las modas estéticas de los tiempos del hispalense emperador Adriano, los llamados "mosaicos de la Cuesta del Rosario" constituyeron una prueba más de la importancia de esa zona de la ciudad para entender cómo fue la Hispalis romana y su estructura urbana. 

Tradicionalmente se ha mantenido que la zona de la Alfalfa-El Salvador, habría configurado en esos años el eje cuyo epicentro sería el Foro, corazón de la ciudad romana; el hallazgo, en el año 2006, en la Plaza de la Pescadería de una cisterna de tiempos del emperador Trajano, utilizada para recibir el agua procedente del acueducto de los caños de Carmona ha supuesto la necesidad de un cierto cambio en la idea de esa Sevilla romana y que ha obligado a poner en cuestión antiguas teorías a lo que hay que unir todo lo descubierto en la plaza de la Encarnación (el actual Antiquarium) o el reciente y desconocido tramo de muralla romana hallado en las obras de un hotel en la Plaza de San Francisco. Como puede apreciarse, aún queda mucho por hacer en el ámbito histórico y arqueológico.

Como podemos comprobar, nos movemos por vericuetos llenos de historia de todas las épocas, sin que debamos olvidar que en esta zona se localizó, en 1488, el denominado Mesón de Castro o un retablo callejero dedicado a la Virgen del Rosario que darían nombre a la Cuesta así llamada e incluso la calle que comentamos fue sede de un corral de vecinos, el llamado Corral del Duende, del cual hemos hallado una curiosa reseña sobre un sangriento suceso acaecido en marzo de 1897 como apareció reflejado en las páginas del diario El Noticiero Sevillano:

"UN HERIDO.

En el corral del Duende, situado en la calle Galindo número 8, se celebraba anoche entre los vecinos una fiesta en la que reinaba la alegría y el orden más completo. Las muchachas del barrio bailaban alegremente a los sones de un pianillo que conducían Manuel Marcos Gil y Emilio Sánchez Barrera, cuando éste último dio un grito y cayó herido.

No se puede precisar el motivo de la agresión, pues ni medió contienda entre los organilleros ni aún se dirigieron palabras de ninguna especie; solamente se sospecha que por disconformidad en el reparto del dinero que por el alquiler del piano debían cobrar, el Marcos, sin previo aviso, dió a su compañero una puñalada. Trasladado a la casa de socorro de la plaza de San Francisco por un guardia municipal y dos serenos, se le apreció por el profesor de guardia D. Eduardo Fernández, una extensa herida en la parte superior del muslo derecho que fue clasificada de pronóstico reservado. Después de practicada la curación fue trasladado al Hospital central en estado relativamente satisfactorio.

El agresor fue detenido. La fiesta, nos parece inútil consignar que quedó interrumpida en medio de la confusión propia de este caso y los sustos y desmayos correspondientes."

Debido a la "movida" juvenil de fines del siglo XX que convirtió al entorno del Salvador/Cuesta del Rosario en zona de ocio descontrolado, se colocó en la calle Galindo una cancela para impedir la entrada, algo similar a lo sucedido con el callejón de Oropesa al inicio de la calle Cuna. Para finalizar, en el año 2019 la calle Galindo vio sustuido su nombre por el de "Capataz Luis León Vázquez" en honor al destacado cofrade del mismo nombre (1939-2020), miembro de las hermandades de la Macarena y del Amor (que tiene por ahora su casa Hermandad al final de la calle que comentamos) y creador de la primera cuadrilla de costaleros no profesionales de la ciudad, allá por mayo de 1972, cuando un grupo de jóvenes sacó procesionalmente el paso de tumbilla de la Virgen de las Aguas del Salvador, pero esa, esa ya es otra historia. 


18 enero, 2021

Mármoles

 

Numerosos historiadores han destacado, y la arqueología incluso lo ha corroborado con cierto número de hallazgos, que la zona más alta de Sevilla, es un decir, constituyó el germen de la población original en tiempos remotos, especie de altozano o colina natural sobre un Guadalquivir que hace dos o tres mil años poseía un curso fluvial muy diferente al actual. Hablamos de la zona concreta que abarcaría la zona más alta de la Cuesta del Rosario, el entorno de San Isidoro y San Nicolás hasta llegar a las proximidades de Abades y el tramo más alto de la llamada Cuesta del Bacalao, sin olvidar quizá la parte más elevada de Santa Cruz.

En ese sector se encuentra un calle cuyo nombre lo dice todo: Mármoles. Apelada así desde al menos el siglo XV, abarca desde la calle Aire hasta la confluencia con Federico Rubio y la Plaza de Ramón Ybarra Llosent (antes tramo perteneciente a la calle Muñoz y Pabón). Se sabe que en el siglo XVIII, tiempos del Asistente Pablo de Olavide, se denominó del Mármol, como lo atestigua un antiguo azulejo aún conservado en la calle y que con anterioridad a 1839 también se denominó de las Columnas de Hércules, nombre basado en la creencia popular que atribuía a este héroe mitológico la fundación de la ciudad y la existencia de un templo en su honor en esta calle, como veremos.

Empedrada en el siglo XVII y pavimentada con losas en el XIX, en 1940 fue adoquinada. Como curiosidad, en 1858 aún no contaba con iluminación de gas, y en los años 40 del pasado siglo XX fue finalmente dotada con iluminación eléctrica. En cuanto a edificaciones, sobresale una espléndida casa palacio del siglo XVIII en el número 12, sede desde 1984 de la galería de arte Rafael Ortiz, dedicada especialmente a jóvenes artistas en la parcela del arte contemporáneo.


A mitad de la calle, muy por debajo de su nivel, encontraremos tres poderosos y rotundos fustes de columnas, realizados en granito y que siempre han llamado la atención tanto de viandantes como de eruditos. Como afirma el profesor Carlos Márquez, se desconoce el modo en que surgieron estos fustes allá por el siglo XVI, pero en cualquier caso es de sobras sabido que en principio eran seis, y que en tiempos de Pedro I, allá por el siglo XIV, se intentó llevar uno de los fustes a los Reales Alcázares pero al quedar partido en el traslado fue enterrado en la Calle Mateos Gago, donde aún permanecería sepultado en lugar ignorado; dos de ellos fueron llevados por el Conde de Barajas a la naciente Alameda de Hércules en 1576, donde junto con dos capiteles corintios sirven de base al propio Hércules y a Julio César. Los otros tres fustes permanecieron embutidos en una edificación que finalmente fue demolida en torno a 1877 y cuyo solar fue adquirido por la municipalidad en 1886 con la idea de darles visibilidad. 

 

También merece la pena destacarse cómo en 1877 se pretendió usar estas últimas columnas reseñadas para que formasen parte de un monumento en honor a San Fernando en la Plaza Nueva, idea anterior a la actual, para lo cual el propietario del solar donde se encontraban propuso cederlas. La iniciativa del Cabildo de la ciudad perdió fuerzas tras no contar con el visto bueno de la llamada Comisión de Obras Públicas, tras lo cual la zona quedó convertida prácticamente en vertedero, con las consiguientes quejas de los vecinos sin que se haya dado nunca del todo con la “tecla” que consiga integrar estos restos en la calle.

En cualquier caso, todo parece indicar que los mencionados fustes de la calle Mármoles habrían formado parte de un conjunto perteneciente al siglo II después de Cristo, quizá  de tiempos del emperador Adriano; Las basas miden en torno a 60 centímetros en todos los casos (incluidas las de la Alameda) con la curiosidad de presentar orificios o hendidura quizá para anclaje de algún tipo de reja. En cuanto al material de los fustes, monolíticos y sin estrías, con casi 9 metros de altura cada uno, el granito, más robusto que el mármol y de mayor durabilidad, quizá hubiera procedido de la canteras que de este material se encuentran en la cercana localidad de Gerena o incluso se ha planteado la posibilidad de que fuera material de expolio traído directamente desde Itálica, aunque no ha podido demostrarse.

También sigue en tela de juicio por parte de los investigadores si esta zona concreta de la Hispalis romana formó parte del foro en tiempos republicanos, se hablaría cronológicamente por tanto de los siglos coincidentes con el nacimiento de Cristo y también en nuestros días han proseguido los estudios sobre la función del edificio. 

 

Tradicionalmente se ha dado por supuesta la dedicación religiosa como templo para el propio Hércules, una "devoción" que procedería de tiempos fenicios, y que ello, además, alimente o se alimente mejor dicho de la fundación legendaria de Sevilla por parte de Heracles, fundación que por supuesto ennoblecería a la ciudad por un origen mitológico acreditado; por otra parte, algunos arqueólogos se han desmarcado de estas teorías historicistas, sugiriendo que quizá las columnas habría servido como pórtico de un edificio de ese foro antes aludido.