28 julio, 2025

Recaredo.

Con permiso, una vez más, de las altas temperaturas, vamos a darnos una vuelta por una calle, avenida casi, que albergó uno de los conventos más importantes de Sevilla, afectada por las riadas en tiempos pasados y que fue de las primeras en formarse fuera del histórico perímetro amurallado de la ciudad. Pero, para variar, vamos a lo que vamos.

Entre las desaparecidas y aún nombradas Puerta Osario y Puerta de Carmona, la calle Recaredo fue rotulada con este nombre hace ahora ciento sesenta y seis años, en 1859, en honor al conocido rey visigodo, célebre por su conversión al cristianismo, pero existía ya como vía de unión entre las dos puertas antes mencionadas, pues por aquella zona se encontraba, por ejemplo, el célebre y hoy extinguido convento de San Agustín, fundado a fines del siglo XIII y comienzos del XIV, del que se conservan algunos fragmentos, como el refectorio o comedor (usado hasta hace unos años como salón de actividades por la Hermandad de San Esteban) o el claustro, en cuyo centro, a cielo abierto, está depositada la portada de piedra que decoraba el acceso principal, encargada por los padres agustinos al arquitecto Hernán Ruiz II en 1563. Cuando escribimos estas líneas, el edificio está en obras para la creación de un hotel.

A fines del siglo XVI comenzaron los trámites para la creación de una iglesia parroquial que sirviera para auxilio espiritual para la población de aquella zona, ya muy numerosa, por lo que se erigió un templo de tamaño menor al actual, sustituto del primitivo tras un incendio en 1759 y que, con diferentes reformas y restauraciones ha llegado hasta nosotros: San Roque, santo además protector frente a la Peste. Su cercanía al arroyo Tagarete le hizo sufrir no pocas inundaciones, destacando por ejemplo la acaecida el 4 de enero de 1758, cuando el nivel de las aguas fue tal que un sacerdote, a caballo, tuvo que retirar el copón del sagrario de la parroquia y trasladarlo a la de San Esteban. 

Aparte de ser sede de dos hermandades, la parroquia, con su planta de salón, tres amplias naves y puertas a Recaredo y Plaza de Carmen Benítez, acoge la imagen del Santo Cristo de San Agustín, copia realizada por Agustín Sánchez-Cid de la primitiva que recibía culto en el convento de la Puerta Carmona y que fue víctima, junto con el templo parroquial, del incendio provocado durante los sucesos de julio de 1936. Advocación de gran devoción y arraigo a lo largo de la historia de la ciudad, prueba de ello es la anual y solemne Función que se celebra en su honor cada 2 de julio como Voto de Acción de gracias del Ayuntamiento por su milagrosa intervención durante la terrible epidemia de Peste del año1649.

Mucho antes, en plena Edad Media y para atender a la minoría de raza negra esclava que vivía en Sevilla, el cardenal Gonzalo de Mena, fundador del Monasterio de Santa María de las Cuevas de observancia cartuja, propició la constitución de otro hospital, esta vez bajo el título de Nuestra Señora de los Reyes y a posteriori de Los Ángeles, germen de la Hermandad de los Negritos, considerada una de las más antiguas de nuestra ciudad. La constitución de este hospital sirvió para que se generase una manzana de casas, con calles como Conde Negro, tal como refleja el catedrático Isidoro Moreno en la interesante Historia de la Hermandad del Jueves Santo: 

"No es de extrañar, pues, que el Arzobispo, respondiendo al principio de subsidiaridad cristiana, y ejerciendo su protección sobre los más desamparados, crease en estas circunstancias una institución asistencial para ellos: nace así el hospital y casa para morenos. Junto a este, ya desde el principio, pudo instituirse una hermandad, del mismo tipo de las que atendían muchos de los otros hospitales existentes en la ciudad; pero incluso si no hubiera sido así, dicha casa-hospital se convertiría necesariamente en el eje de la sociabilidad y luego del asociacionismo étnico hasta consolidarse la hermandad ya de forma institucionalizada."

Prueba de todo ello es que en 1611 los vecinos de la zona solicitaron a las autoridades que la Puerta de Carmona permaneciese abierta las veinticuatro horas del día, al igual que son frecuentes durante estos siglos las quejas del vecindario por la presencia de grandes aglomeraciones de basuras y escombros, por la suciedad de los husillos o por la presencia de tintoreros o curtidores, cuya actividad insalubre era perjudicial, por no hablar de la presencia de piaras de cerdos por sus calles o de la cercanía del arroyo Tagarete, por lo que durante años esta zona fue considerada marginal, apartada del entramado urbano. Prueba de todo ello es la reivindicación que encontramos en la revista El Tío Clarín correspondiente a junio de 1864: 

"Tenemos a la vista un extenso comunicado suscrito por varios vecinos de la calle Ancha de San Roque, hoy Recaredo, en el que se lamentan del excesivo polvo que diariamente se les entra por la puerta, inutilizándoles de camino los muebles y emporcándoles toda la casa.

Esta superabundancia de falta de policía urbana es tanto más censurable, cuando que a cuatro pasos de la calle que nos ocupa hay una caudalosa fuente llamada  de los Caños de Carmona con su correspondiente pilón constantemente lleno de agua que convida para el riego.

Disponga el Sr. Alcalde que se riegue por las tardes el camino real o arrecife, impropiamente llamado calle de Recaredo, según se hace con otros sitios, quizás de menos urgencia, que no costará tanto; y si cuesta, se paga y punto concluido, que así como hay dinero para morteradas, cohetes de dirección rauda y caprichosa y otras bagatelas tan escasas de importancia, como retumbantes de nombre, también debe haberlos para asear los sitios públicos. Antes que lo superfluo está lo preciso."

En el Plano de Olavide (1771) la calle es llamada Ancha de San Roque y todavía puede apreciarse en el extremo que daba a la Puerta Osario la existencia de montículos, quizá de escombros, a los que habría que añadir los "fétidos lodazales" que mencionaba la prensa de la época y que a partir de mediados del siglo XIX serán nivelados para la formación de la acera de los pares, coincidiendo con el derribo de la muralla y la alineación de la calle entre las puertas de Carmona y Osario; se sabe que en torno a 1823 se encontraba en el número 1 de la calle la Posada del Osario, desde donde partían carruajes y diligencias hacia Madrid, que junto a la capilla de los Ángeles existió un hospital para soldados malheridos en 1856 y que 1870, derribada la Puerta Osario en 1868, se construye una manzana que dará lugar a las calles Puñonrostro y Diego de Merlo y, al poco, extenderse la calle hasta la actual Gonzalo Bilbao, alcanzando su configuración actual. Como curiosidad, la calle fue adoquinada en 1925, y ya desde 1907 disfrutaba de iluminación eléctrica e incluso del paso de tranvías. 

Las antiguas casas de vecindad o corrales de vecinos (como el de don Miguel López o el del Judiano) serán sustituidas poco a poco por edificios de mayor empaque y función residencial, predominando los de corte regionalista y destacando el concebido inicialmente para Escuela Normal de Magisterio y constuido entre 1929-1932 por el arquitecto Juan Talavera, sede posterior del Centro de Educación Especial Virgen de la Esperanza y actualmente Colegio de Educación Infantil y Primaria "Jardines del Valle" y el ocupado por el Colegio "Santo Tomás de Aquino", fundado en 1940 y que tuvo como vecino en los años 60 al Cine Recaredo. 

Justo enfrente, en el número 30, pervive un peculiar edificio regionalista, de 1912,  que en su origen habría sido una subcentral de la Compañía Catalana de Gas y que, si el curioso viandante se fija, se encuentra a un nivel inferior del actual. Un poco más adelante, al final de la calle, esquina con Gonzalo Bilbao, se encuentra el antiguo edificio de la Fábrica de Harinas de Francisco Clavero, llamada "Santa Ana", de los años 1884-1886, pero esa, nunca mejor dicho, esa es harina de otro costal.

Como es habitual, el equipo de Hispalensia, con permiso de Don Alonso de Escalona, se tomará días de asueto y ocio, regresando, Dios mediante, a principios ya del mes septiembre, de modo que tengan vuesas mercedes feliz y próspero verano. 

NOTA: publicado este texto, Carmen, amable lectora, nos ha proporcionado datos sobre el edificio que acoge el actual Colegio de Santo Tomás de Aquino, del que ella es muy buena conocedora; al parecer, fue construido en 1918 por el arquitecto José María Sainz como regalo de bodas para un joven matrimonio, sin embargo, pero, fallecido prematuramente el marido, la viuda lo puso a la venta llegando a la postre a manos de los abuelos de Carmen en 1940 como comentábamos. 

Por otra parte, Pepe, otro buen seguidor de estas páginas, nos hace llegar sus recuerdos sobre el primer bar abierto por Becerra junto a la capilla de Los Negritos. 

Mil gracias a ambos. 


14 julio, 2025

Orden público.

Invierno de 1595. La ciudad ha sorteado, una vez más, la permanente amenaza de las aguas de un Guadalquivir desbordado, pero no va a poder, en esta ocasión, superar una auténtica rebelión procedente del mismo río; pero, para variar, vamos a lo que vamos. 

Escudriñando antiguas crónicas, hemos comprobado cómo la gestión del orden público, allá por las postrimerías del siglo XVI, era cosa harto complicada, pues en no pocas ocasiones una simple pendencia, como veremos, podía prender la mecha de toda una violenta y tumultuosa sublevación en armas. Tal es el caso de lo sucedido, lo narra Francisco de Ariño en sus Sucesos de Sevilla, en la orilla de Triana, unida a Sevilla por un Puente de Barcas recién reparado tras ser destruido por las aguas del río el año anterior y terminar encallando sus restos sobre las antiguas Almonas* (zona del actual Paseo de la O). 

Es 23 de diciembre, víspera de Nochebuena. En las aguas del Guadalquivir flotan orgullosos once navíos de la corona española. Las tripulaciones de estas galeras, con permiso de sus superiores, han desembarcado bulliciosas y deseosas de vaciar sus bolsas buscando diversión y otras cosas que no vienen al caso. Como por arte de magia, en el Arenal y Triana brotan tablas de juego, donde se apuesta fuerte a los naipes o a los dados en un ambiente de gran animación regado, como es de suponer, por mostos, aguardientes o licores. Proliferan "enganchadores", tahúres y "mirones", atentos siempre a desplumar a incautos, pícaros de toda condición marcan bolsas y faltriqueras repletas de monedas mientras que en el no lejano Compás de la Laguna, uno de los mayores prostíbulos de Europa, es día de fiesta.

La mezcla no deja de ser explosiva, el actual emporio de Las Vegas estadounidense se quedaría en pañales ante aquel alarde de dinero contante y sonante, borracheras, juego y sexo, por lo que no es de extrañar que todo fuera como una inmensa y colorida olla exprés a punto de estallar. Y estalló, en la misma orilla de Triana y por un quítame allá esas pajas; que si hubo fullería en una mano ganadora de cartas, que si hubo disputa por el favor de una mujer, que si un fulano acusó a otro de birlarle el rosario de azabache de su madre, lo cierto es que al ruido del alboroto acudió el alguacil de aquel barrio, Francisco de Meneses para apresar a uno de los revoltosos (militar por más señas) y aunque en principio logró su propósito (no sin tener que desenvainar el acero para ello), la pronta concentración de soldados y marineros de las galeras en favor del detenido, hizo que el alguacil tuviera que poner pies en polvorosa junto con los suyos y refugiarse en el cercano Castillo de San Jorge (sede del Santo Oficio) tras sufrir una auténtica lluvia de piedras y cuchilladas. El presunto agresor, llevado en volandas, escapó de entrar en el calabozo.

Para colmo de males, en un clima cada vez más caldeado por dimes y diretes, por rumores y habladurías de todo tipo, aguerridos tripulantes y belicosa tropa montaron guardia a la puerta del castillo, y allí se habrían quedado de "plantón" y "Sine die" de no ser por la apaciguadora intercesión del Secretario de la Inquisición Sr. Briceño, quien con buenas palabras aquietó los ánimos e invitó a marcharse a los allí congregados, logrando su propósito para tranquilidad del vecindario. Pero la cosa no quedó ahí. 

La mañana de Nochebuena, al soldado detenido y liberado, herido su orgullo marcial, espadón y daga al cinto, no se le ocurrió otra cosa que volver a desembarcar y enfilar la Puerta de Triana hacia el centro urbano, llevando esta vez al hombro, como inseparable compañero, a su arcabuz, bien cebado de mecha, pólvora y proyectiles, no teniendo ningún recato en cargarlo y dispararlo cuando de nuevo las huestes del alguacil, dicen que puestas sobre aviso por un chivatazo procedente de la zona de la Carretería, intentaron prenderlo, sin que hubiera corchete o justicia que se atreviera a echarle el guante. Tras un desigual combate, "fueron tantos los palos y albardazos que le dieron hasta que cayó al suelo y así le asieron y no pudieron quitar la espada de la mano". A los "¡A mí, a mí!" del soldado, acudieron muchos de sus camaradas y en masa se encaminaron a la Plaza de San Francisco, provocando la huida atemorizada de todos los que por allí se congregaban, desde escribanos a porteros, desde alcaldes a alguaciles, desde paseantes hasta desocupados, pasando por mujeres y niños. Postigos clausurados, ventanas cerradas a cal y canto e incluso las propias Puerta de la ciudad quedaron atrancadas; nadie osaba toparse con la turbamulta de una soldadesca enfurecida por la detención de su compañero, que incluso se lanzó, con poco éxito, a asaltar la Cárcel Real para rescatar a su hermano de armas. 

El Asistente, a la sazón Pedro Carrillo de Mendoza, Conde de Priego, recibió mensaje del General al mando de la flota de galeras surta en el río, en el que se solicitaba la liberación del soldado apresado, ya que de lo contrario el referido militar declaraba no hacerse responsable de los "desatinos" que podrían cometer las tropas bajo su mando. Priego, respondió afirmativamente, con la condición de que se retirasen los contingentes militares que, pese al frío reinante, merodeaban por la ciudad con gran alboroto en busca de pendencia o, simplemente, de alguna taberna que se hubiera atrevido a franquearles el paso. La "tregua" dio su fruto pero con un final inesperado, quizá sea mejor que lo cuente el propio cronista,  Francisco de Ariño:

"Con esto mandó el general que ningún soldado entrase en Sevilla por aquel día y a la una de la noche mandó el conde poner muchos guardas por las calles y mandó ahorcasen al soldado a la reja de la cárcel y amaneció ahorcado".

Como puede apreciarse, no se andaba con chiquitas el señor Carrillo de Mendoza, del que se conoce otra peripecia de ese mismo año, cuando en unión de un nutrido grupo de alguaciles acudió a un ventorrillo junto a la Puerta de la Barqueta con la intención de detener Gonzalo Xeniz, uno de los más conocidos delincuentes de esa época, quien dio la bienvenida a la concurrencia con toda una salva de pólvora y plomo, escapando con la consecuencia de que el Asistente ordenase derribar la venta y dar doscientos azotes a su ventero;  aunque finalmente resultó apresado y enviado a galeras, en agosto de 1596 regresó a Sevilla y estuvo a punto de herir al Asistente conde de Priego de un balazo durante una nueva refriega, siendo finalmente ahorcado el 17 de octubre de ese año en la Plaza de San Francisco y despedazado su cuerpo para ser colocado como escarmiento en el citado ventorrillo de la Barqueta.

Por cierto, lo olvidábamos, no hay reseñas de nuevas revueltas de la soldadesca por aquellos años, aunque esa, esa ya es harina de otro costal.


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GLOSARIO:

- Almona: fábrica de jabón. 

- "Enganchador": en la jerga de aquella época, aquel que servía como "gancho" para alentar a otros a participar en juegos de naipes o dados. 

- Tahúr: jugador tramposo. 

- "Mirones": ayudantes de los tahúres a la hora de saber las cartas de los rivales. 

- Faltriquera: bolsa de tela que se llevaba atada a la cintura bajo el ropaje. 

- Arcabuz: arma de fuego portátil, antigua, semejante al fusil, que disparaba prendiendo la pólvora del tiro mediante una mecha móvil incorporada a ella. 

- Hueste: ejército en campaña.