12 enero, 2026

La calle del Áncora (o del Ancla).

Entre estos fríos invernales, quizá sea buen momento, recién estrenado el año, para conocer un poco mejor una calle que se creó en el XIX con una sola acera, fue sede de una conocida posada, amén de estar en ella las residencias de una escritora y un torero; pero, para variar, vamos a lo que vamos. 

En antiguos padrones de 1665 se hace mención a la calle del Mesón de Ancla, que estaría entre la actual calle Arfe y el Paseo de Colón, o lo que es lo mismo, pegada al lado sur de la Plaza de Toros. Del nombre dado en el XVII se pasaría, en el XIX a la Acera del Áncora, término este sinónimo de Ancla, mientras poco a poco la calle va conformándose como parte extrema del barrio de la Carretería. Al parecer, muchos de los primeros edificios fueron construidos entre la mencionada posada y las cuadras del coso maestrante, aunque será su proximidad al puerto lo que le otorgue cierto valor ya que por ella se producía la entrada y salida de mercancías procedentes de los navíos surtos en el muelle o destinadas a embarcar en los mismos, de ahí la presencia de no pocos locales destinados a almacenar dichas mercaderías, tal como hemos comprobado, pues, por citar varios ejemplos, en 1871 tenían allí sus sedes la ferretería de Carlos Sironi, el almacén de coloniales de Francisco Santa-Cruz y los almacenes de hierros y aceros propiedades de José María Ibarra y los señores Lamarque y Compañía.

La actual calle Antonia Díaz en 1771. Plano de Olavide.

Precisamente, la proximidad del barrio de la Carretería y la existencia de estos almacenes hará que sean frecuentes las quejas sobre el aspecto que presentará la calle, especialmente en el XIX y comienzos del XX, como ha quedado recogido en algunas crónicas periodísticas de la época, como ésta de mayo de 1897 publicada en el diario local La Andalucía:

UN BARRIO ABANDONADO.

El famoso barrio de la Carretería sigue tan descuidado y tan sucio como de costumbre. Se conoce que al teniente del distrito le importa muy poco hacer cumplir las Ordenanzas municipales, o que los industriales que éstas son amigos del Usía del barrio y siguen en sus trece de interceptar la vía pública con barriles de aceitunas, ruedas de carros, caballerías atadas a las ventanas para herrarlas a la vista del público, etc., etc.

Es muy pintoresco el aspecto de la calle Antonia Díaz, con todos lo artefactos que mencionamos; y si salimos de esta vía principal y nos fijamos en las calles afluentes a la misma, y en las callejuelas que circundan la barriada mencionada, entonces sería cuento de nunca acabar, y las censuras, con ser grandes, resultarían pálido reflejo de la realidad (...) ¿Sería mucho pedir al Usía del distrito que mejorase las condiciones del desdichado barrio, que por incurias y torpezas está convertido en aduar marroquí?"

Dos incisos: en aquellos tiempos se solía llamar "Usía" al concejal como abreviatura de Vuestra Señoría, mientras que se denomina "aduar" al campamento de beduinos formado por chozas y tiendas. 

Anuncio en prensa local, 1877.

Álvarez-Benavides, en sus Curiosidades Sevillanas, narra que la Posada del Áncora estuvo ubicada en el número 19 y que fue muy popular por su antigüedad, conociéndose que el 9 de agosto de 1805 José Toscano, natural del pueblo onubense de Trigueros adquirió dicho establecimiento a la Hermandad de la Sangre, destacando también cómo en el número 9 había un pozo con aguas de tan excelente calidad que los aguadores que asistían a las corridas de toros llenaban sus cántaros en dicho lugar, sin olvidar que, al parecer, en el número 3 pervivió, hasta 1833, la casa original donde vivió el célebre matador de toros José Delgado Guerra, apodado "Pepe-Hillo", cuya cogida y muerte en la Plaza de Madrid en 1801 fue reflejada por Francisco de Goya en uno de sus conocidos grabados. Por cierto, se atribuyó tradicionalmente a Pepe-Hillo la colocación, en esta calle que visitamos, de un retablo con un lienzo representado la caída de Jesús en la calle de la Amargura, llamado entonces "el Señor del Baratillo", imagen que gozó de enorme devoción no sólo entre los vecinos, sino en toda la ciudad, como probaba la gran cantidad de flores, velas y exvotos que le eran ofrecidas.

Foto Reyes de Escalona.

A partir de 1892 la calle será denominada de Antonia Díaz, en honor a la poetisa del mismo nombre, nacida en Marchena en 1827 y casada en 1861 con el también poeta José Lamarque de Novoa, cuyo primer apellido ya ha aparecido un par de párrafos más arriba y que además era cónsul de Australia. Instruida en la educación de la época, quedó siempre en segunda línea por detrás de su marido, pero ello no fue obstáculo para que publicase numerosos artículos y poemas en diversas revistas literarias del momento, en un ambiente cultural que contaba con el telón de fondo de la presencia en Sevilla de la llamada "Corte Chica" de los Duques de Montpensier en el Palacio de San Telmo. 


Estudiada su figura por las profesoras Marta Palenque e Isabel Román de la Universidad de Sevilla,  se sabe que en 1867, tras un largo bagaje de composiciones líricas editadas en publicaciones diversas, editará su primer libro Poesías, en el que predominan la inspiración religiosa y la preocupación moral, mientras que en 1877 ve la luz Flores marchitas, publicado en dos tomos llenos de leyendas, canciones y poemas en métrica diversa. No serán sus únicos libros, llegando su marido a editar, de manera póstuma, una antología de su producción poética que incluyó textos inéditos.

El escritor José María de Cossío, conocedor de su obra, escribió sobre Antonia Díaz en estos términos:

"Fue merecido el singular prestigio de que gozara esta distinguida poetisa sevillana. Su espíritu piadoso, su concepto del papel de la mujer en la literatura, impidieron que desarrollara toda su capacidad poética que, sin duda, era muy grande. Las muestras que ofreció le aseguran un puesto preeminente entre las poetisas del siglo XIX, ciertamente fecundo en ellas. De aptitud literaria nada tenía que envidiar a las más eminentes". 

Desde 1872 el matrimonio de Lamarque y Antonia Díaz vivirá en la Alquería del Pilar, en Dos Hermanas, convertida en punto de encuentro para poetas y escritores, entre los que destacarán Luis Montoto, José y Mercedes de Velilla o un joven Juan Ramón Jiménez. Antonia Díaz fallecerá en 1892.

Foto Reyes de Escalona.

 Durante las primeras décadas del siglo XX proseguirán las quejas sobre el estado de la pavimentación de la calle y sobre la suciedad acumulada en la misma, manteniendo su actividad centrada en almacenes y comercios dedicados a hierros o maquinaria, así como algún tostadero de café y negocios típicos de barrios, como tiendas de ultramarinos o una barbería en el número 3, que en julio de 1934 sufrió un robo que quedó reflejado en la prensa local del momento en estos términos:

 "Un robo. En una peluquería establecida en la calle Antonia Díaz número 3 penetraron ayer tarde unos rateros que se llevaron treinta y dos navajas de afeitar, cuatro máquinas de pelar y varios frascos de esencia, valorado en trescientas cincuenta pesetas. El dueño del establecimiento, José Victorio García, presentó la correspondiente denuncia en la Comisaría de la calle Jesús".

Dos nuevos incisos: por fortuna, la peluquería permanece abierta, con el mismo apellido del dueño citado en el artículo, mientras que conviene indicar que la calle Jesús es, como algún lector habrá adivinado, la calle Jesús del Gran Poder; por cierto, en ese mismo año 1934 y en el número 31, comenzará a emitir su señal la radio oficial del Partido Comunista de España, gestionada por el militante Nicolás Crespo, miembro del comité provincial de dicho partido; en ese mismo edificio también tuvo su sede por aquellas fechas la Sección del Puerto perteneciente al Sindicato Unificado de Transportes.

En 1978 la autoridades municipales expropiarán el edificio situado en la desembocadura de la calle junto a la Plaza de Toros, sede de la consulta de otorrinolaringología del Doctor Alemán; derribado con la idea de dar más visibilidad al coso maestrante, el solar se convertirá en zona ajardinada dónde en 2001 se colocará una estatua dedicada al diestro Curro Romero realizada por el escultor Sebastián Santos Calero.

Foto Reyes de Escalona.

Terminamos; convertida ahora en una vía al servicio del turismo que visita el barrio del Arenal y la Plaza de Toros, repleta de bares, restaurantes y tiendas de souvenires, conserva un callejón, donde tuvo su casa y falleció, en 1998, el torero Antonio Ordóñez, llamado Iris sin que se sepa a ciencia cierta el por qué, que únicamente se convierte en calle cuando se abre la cancela que lo separa de la Plaza de Toros, ya que es el lugar por el que acceden a ella los matadores en días de corrida, pero esa, esa ya es harina de otro costal.

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