20 marzo, 2026

"Pogramas".

En estas fechas, todos andamos ya a la búsqueda de uno, desde los editados por las cadenas de radio o televisión locales hasta los habituales de propaganda, sin olvidar los que "sacan" los diarios sevillanos o alguna que otra entidad financiera y con la cada vez más acusada presencia de "Apps" que instalar en nuestros móviles con todos los datos, recorridos e incluso ubicación real de los Pasos en la calle. En esta ocasión, hablamos de los conocidos "Programas" o, mejor, "Pogramas"; pero, para variar, vamos a lo que vamos. 

En aquellas semanas santas de los siglo XVI o XVII  en las que los recorridos eran casi improvisados y generaban no pocos quebraderos de cabeza a los cofrades de la época por la coincidencia de dos hermandades en el mismo cruce de calles (ya se sabe, de ahí viene lo de "terminar a farolazos"), era imposible que el pueblo conociera con antelación los horarios e itinerarios de las diferentes corporaciones, sobre todo, también, porque la imprenta estaba entonces destinada a la edición de libros de elevado precio o pliegos de cordel que por sus plazos de edición nunca llegarían a tiempo a las manos de los sevillanos. 

Sin embargo, tras el control ejercido por las autoridades civiles y religiosas, lo cierto es que poco a poco se fueron ordenando los recorridos y horarios de las cofradías, sobre todo a partir de la creación del llamado Cabildo de Toma de Horas y la posterior colocación de "puntos de control" en los que se vigilaba el correcto cumplimiento de los horarios por parte de las hermandades en la calle, bajo pena de severos castigos. Un buen ejemplo será cuando en 1777, siguiendo el dictado del monarca Carlos III, se instale una especie tribunal en la confluencia de esta calle con la de Cerrajería, en lo que será el antecedente del "palquillo" (llamado por los cofrades clásicos "patíbulo") que a la postre terminará por colocarse en la plaza de la Campana en la Semana Santa de 1917 y configurará el modelo de Carrera Oficial que, salvo leves cambios, ha llegado hasta nosotros. 

La mejora de las técnicas de impresión y el interés cada vez más mayor que despertaban las estaciones de penitencia harán que a comienzos del siglo XIX harán que aparezcan pequeños impresos en los que se recogen las cofradías que salen, sus sedes canónicas y algún que otro dato de interés sin, por supuesto, imágenes o grabados. ¿Cómo se recababan eso datos? Ya se sabe, todo cambia y todo queda, en El Correo de Sevilla del miércoles 13 de marzo de 1805 figura el siguiente suelto que busca adelantarse al Cabildo de Toma de Horas: 

"AVISO PARTICULAR

Deseando dar en los Correos próximos a Semana Santa una noticia histórica de las Cofradías de penitencia que hacen estación en dicho santo tiempo, con expresión de sus antigüedades, mérito de sus efigies y alteraciones que hayan ocurrido, rogamos a los señores hermanos mayores o mayordomos  de las que en el presente año estén prontas a salir, se sirvan avisarlo a la imprenta de este Correo, tanto porque empezaremos por ellas, cuanto por saber a quien acudir en caso de duda, a rectificar alguna noticia."    

Por cierto, la imprenta era la de la Viuda de Hidalgo y Sobrino, sita en la antigua calle Génova, actual Avenida de la Constitución. 


 Como decíamos, no vamos a detallar la historia y pormenores de este tipo de publicaciones, pero sí mencionar que ya a comienzos del siglo XIX se editaba este tipo de hojas. Vamos a destacar una editada en 1815, impresa en la Imprenta de Padrino con un rimbombante título: "Noticia Histórica de las Cofradías de Penitencia que en Sevilla hacen Estación esta Semana Santa, según lo han acordado sus respectivas hermandades". Estamos en los años posteriores a la Guerra de Independencia, en la llamada Restauración Absolutista y las hermandades salen de un periodo crítico por la ocupación napoleónica y la pérdida de innumerables enseres, de ahí que en aquellas fechas sólo efectuasen estación la Hermandad del Amor el Domingo de Ramos, la Quinta Angustia y Montesión en Jueves Santo, El Silencio, El Gran Poder, la Carretería y la Macarena en la Madrugada y La Lanzada, La Trinidad y la Exaltación el Viernes Santo, mientras que en Triana únicamente salieron La O y la Encarnación (actual San Benito) el Viernes Santo y haciendo estación a la Real Parroquia de Santa Ana, ya que hasta 1830 no será cuando La O cruce el Puente de Barcas camino de la catedral hispalense. 

 

Hemos encontrado también otra especie de "Pograma", en este caso de 1862, titulado "Nómina de las Cofradías que con sus Sagradas Imágenes hacen estación esta Semana Santa". Editada en la imprenta de Eduardo Hidalgo y Compañía, es una única hoja conservada en el Archivo del Ayuntamiento de Cádiz y en ella figuran hasta doce cofradías, a saber: la Amargura y El Amor el Domingo de Ramos, Montesión, Quinta Angustia y Pasión el Jueves Santo, El Silencio, El Gran Poder, La Macarena en la Madrugada y finalmente el Viernes Santo con la Carretería, Soledad de San Buenaventura, Montserrat y la Soledad de San Lorenzo, entonces en la desaparecida parroquia de San Miguel. Aparecen los horarios de salida, que abarcan desde la una de la tarde de Montesión hasta las cuatro del Amor, sin olvidar que en la Madrugada el Silencio salía "al alba" o la Macarena "media hora después del alba", al igual que el Gran Poder.

En este tipo de publicaciones no aparece su precio de venta, pero por ejemplo en un número de la revista satírica El Tío Clarín de 1864 aparecía un artículo que servía para proporcionar una serie de consejos al foráneo que acudía a Sevilla a contemplar sus procesiones semanasanteras:

"Siendo el principal cuidado de todo viajero curioso que visita una capital enterarse por su interés propio de cuánto hay que ver en ella cómo, cuándo y de qué manera; nos abstenemos de dar otros pormenores por no ofender su previsión y desprendimiento, máxime cuando por dos cuartos que cuesta la Nómina de las cofradías, puede quedar suficientemente instruido sobre este particular."

Un inciso, el cuarto era una moneda de cobre de inferior valor que el real, de plata, y era usada como calderilla para pagos pequeños, como en este caso. 

Por supuesto, los diarios locales del siglo XIX, una vez celebrado el Cabildo de Toma de Horas, publicaban los horarios e itinerarios, e incluso a mediados de este siglo el Ayuntamiento comenzó a editar una Nómina de Cofradías que sirviera para orientar a quienes deseaban saber qué hermandades había comunicado su decisión de salir, desde dónde, qué día y hora y cuál sería el recorrido a realizar, contando, siempre, con el visto bueno de las autoridades civiles y religiosas de la ciudad.


 

Merece la pena reseñar que será El Correo de Andalucía, fundado en 1899 por el Cardenal Marcelo Spínola quien publique la primera Guía de bolsillo e independiente del propio diario, dedicada a las hermandades, con horarios e itinerarios. Tal como contaba allá por 1998 el entonces Redactor Jefe de dicho diario Rafael Guerrero Moreno, la idea partió del consejero delegado del periódico Francisco Abaurrea Álvarez-Ossorio y del entonces redactor-jefe, Luis Ortiz Muñoz, ambos cofrades bastante conocidos en el mundillo de las hermandades de penitencia. La edición de dicho "Pograma" (como gusta decir a muchos, entre los que nos incluimos) mejoró en los años cuarenta, alcanzando la nada despreciable tirada de 3.000 ejemplares que hubo que reimprimir y vender el Martes Santo ante la gran demanda generada, en los que la información cofradiera se combinaba con numerosos anunciantes locales y prosiguió hasta 1984, último año en que se editó.

Junto con El Programa de El Correo convivieron y perviven otras publicaciones como "Orientación", que data de 1961 y ahora es editado por una entidad aseguradora, "Gota a Gota" editado por el Monte de Piedad ya en los años cincuenta y que jugaba en su título sobre cómo las gotas se transformaban en monedas con las que crear un capital a partir del ahorro y más recientemente, el más que conocido "El Llamador", que inició su andadura en el año 1990 dentro de Canal Sur Radio, pero esa, esa ya es harina de otro costal.  


09 marzo, 2026

Cuaresmas del XIX.

Mucho se ha escrito y hablado sobre la celebración de los días de la Semana Santa en Sevilla a lo largo de la Historia, pero curiosamente, son escasas las referencias sobre cómo se preparaba la ciudad para estos días; en esta ocasión, a modo de prólogo, vamos a dar a conocer textos del siglo XIX que relatan cómo eran esas Cuaresmas sin redes sociales, medios de comunicación cofrades, ensayos de costaleros, protagonismos o polémicas por asuntos cofradieros, así que, para variar, vamos a lo que vamos.

En 1864 se publicaba en Barcelona, por el escritor Nicolás Díaz de Benjumea una especie de enciclopedia con un título verdaderamente extenuante: "Costumbres del universo o descripción y pintura de la fisonomía peculiar de las más importantes naciones del globo, tales como son en su vida íntima: caracteres, ingenio, tipos populares, bellezas...". Dedicada a la Reina Isabel II, en esta obra, editada en dos tomos, se detallaban, por países, sus aspectos más peculiares en cuanto a folklore, religión o cultura y en el apartado dedicado a España el autor tenía palabras sobre cómo era la espera de la Semana Santa de nuestra ciudad, en la que prácticamente participaba la mayoría de los sevillanos de una forma u otra; como se verá, para más inri, hay aspectos que no han cambiado ciento sesenta y dos años después:

"Es de ver la trascendencia que tiene y el movimiento a que da principio la sola idea de la aproximación de la Semana Santa en la famosa ciudad de San Fernando. No hay clase, no hay gremio, no hay persona, cualquiera que sea su condición, edad, sexo y estado, que no la espere como un gran acontecimiento, del cual de una manera ó de otra piensa sacar partido. A unos aguija el verdadero celo, a otros el interés, a otros la distracción, a estotros, finalmente, la mera curiosidad. Al clero, el beneficio que reporta de la piedad de los fieles; a los mayordomos, diputados y hermanos mayores de congregaciones, hermandades, cofradías y archicofradías la vanidad de lucir, y el deseo de mandar a sus cofrades; a los mercaderes la esperanza segura de ganancia en el aumento de sus ventas; a los hosteleros y fondistas la nube de forasteros que ha de llover sobre la ciudad; a los vendedores de comestibles el aumento de la demanda; a los inquilinos o dueños de casas en las calles privilegiadas la utilidad que han de tener por el alquiler de los balcones, ventanas y azoteas; a los escultores sonríe la perspectiva de las muchas obras que han de encomendárseles, como el reponer algún sayón, retocar la cabeza de algún apóstol, encarnar el rostro de alguna imagen ó estofar su vestidura y, en suma, los músicos, cereros, fabricantes de velas de adorno, bordadores, y aun los mismos atletas que han de conducir los enormes pasos están de enhorabuena y se prometen grande acopio del entusiasmo y excitación de los fieles. Por otra parte, los padres de familia convidan a sus hijos y parientes, los amigos a los amigos, y preparan habitaciones y provisiones de lentejas y abadejo; los estudiantes se festejan pensando en el asueto; las jóvenes en la libertad con que han de pisar las calles; las viejas en las estaciones que han de recorrer y templos que visitar, y hasta los niños se regocijan pensando en las torrijas y otras chucherías que son propias del tiempo santo."
Joseph Saint-Germier: Semana Santa. 1891. Museo Thyssen

Unos años después, en abril de 1898, el diario local La Andalucía publicaba un artículo muy distinto, en tanto en cuanto en él se mencionaban aspectos que aludían a un nuevo concepto de Semana Santa visto desde la perspectiva del visitante que provenía de fuera de la provincia o del país, su importancia económica (algo impensable en las fechas semanasanteras de varias décadas antes) y el progreso que suponía para la ciudad la instalación de mejoras en lo que ahora se llaman "equipamientos urbanos":

"Siguen nubes importunas acompañando el azul incomparable de nuestro cielo, y un aire molesto, haciéndonos creer que no es el mes de abril el que entró ayer, sino el triste otoño. Claro que esto no puede durar muchos días, porque en cuanto se serene la atmósfera y diga Febo aquí estoy, tendrán que soltarse las prendas del invierno. Las torrenciales aguas caídas días pasados, parece que no han perjudicado mucho al campo, como se creían algunos: algún daño pueden haber hecho en el arbolado y en las hortalizas. En cambio, el aire frío ha dejado sentir su perniciosa influencia en las sementeras. 

Animación hay mucha, pues todos los trenes llegan completamente llenos de "touristas" ávidos de presenciar las admirables procesiones que empiezan a salir mañana domingo. En todo el día de ayer, por las calles céntricas se han visto grupos de extranjeros, siendo éstos, naturalmente, en mayor número en los edificios célebres como son la Catedral, Alcázar, Lonja, etc. Los hoteles "Madrid" y "París" están llenos, y es tan extraordinario el pedido que hay de habitaciones que les ha sido necesario tomar en arrendamiento algunas casas para poder atender sus compromisos. 

Los palcos de la Plaza de San Francisco quedarán hoy terminados. Uno de ellos, señalado con la letra D, bajo derecha, lo pone el alcalde señor marqués de Paradas, a disposición de la prensa local. Las pruebas de alumbrado eléctrico por las calles del centro que han de recorrer las cofradías, se han hecho con muy buen resultado. Todo hace esperar, si el tiempo lo permite, que han de revestir extraordinario lucimiento las procesiones."

Por cierto, era frecuente también que anualmente el Consistorio publicase por un lado, los listados de las "distinguidas familias" que ocuparían los Palcos de San Francisco tras abonar las correspondientes tasas y por otro, un Bando Municipal en vísperas de Semana Santa, en el que se estipulaban ciertas prohibiciones que, como imaginarán los lectores, eran un reflejo de las prácticas que realmente tenían lugar en estos días. Hemos recogido del diario La Andalucía Moderna las correspondientes al año 1900 y, como suele decirse, no tienen desperdicio:

"PARA SEMANA SANTA

De conformidad con las prácticas sancionadas por una tradición constante, ha dispuesto la Alcaldía recordar la estricta observancia de los siguientes artículos de las ordenanzas municipales vigentes:

Desde la diez de la mañana del Jueves Santo hasta el Sábado después del toque de Gloria, estarán cerrados todos los establecimientos y tiendas de cualquier clase que sean. Podrán estar abiertas únicamente las destinadas a la venta de viandas y medicamentos.

Durante el mismo tiempo, se prohíbe la venta por las calles de toda clase de comestibles y efectos, así como el tránsito de carruajes y caballerías. Esta prohibición es extensiva a los demás días de Semana Santa en que haya procesiones, aunque sólo por el tiempo en que permanezcan en la estación y por los sitios próximos a la misma donde el vecindario concurra.

También se prohíbe la abusiva costumbre de disparar armas de fuego después de Gloria. Suprimiéndose el Viernes Santo la limpieza general de la población por no permitirse el tránsito de carruajes, se cuidará eficazmente de que por ningún motivo se depositen basuras en las calles.

La contravenciones a lo dispuesto en los artículos precedentes, serán castigadas con multa de 5 a 25 pesetas".

José García Ramos: Cofradía del Silencio. 1902.

Como ya se ha visto, una interesante fuente de ingresos para algunos propietarios de viviendas en el centro de la ciudad era el alquiler de sus balcones para presenciar el paso de las procesiones en Semana Santa, de hecho se sabe que en algunos casos, cuando se vendía un inmueble se incluía una cláusula que daba derecho de uso de sus balcones por parte del anterior dueño de la casa cuando llegaba el tiempo de las cofradías. Además, desde el punto de vista arquitectónico, hay que indicar que la aparición de elementos de hierro para sustentar estos balcones los hacía, lógicamente, más seguros y dispuestos a "soportar" espectadores. La prensa local se hacía eco de estos alquileres de balcones, de hecho, hemos dado con dos de ellos a manera de ejemplo:


Diario La Andalucía, 31 de marzo de 1858.


El Noticiero Sevillano, marzo de 1897.

También, por qué no, había tiempo para el humor. En 1864 la revista satírica El Tío Clarín, que ya ha aparecido en otras ocasiones en nuestro blog, publicaba un suelto en el que se comprometían a dejar de usar ciertas expresiones "ofensivas", eso sí, hasta que se recogiera la última cofradía:

"Habiéndose acercado a nuestras oficinas (no tenemos mas que una, pero como es frase corriente entre periodistas, por eso la usamos) algunos cofrades de las diversas hermandades que acostumbran hacer estación en la Semana Santa, suplicándonos que no hagamos uso del equivoco, tonto de capirote , hasta pasada dicha época, en atención a que, usando ellos capirotes, podrían ser objeto de una interpretación desfavorable, accedemos a su prudente indicación, y les damos palabra de no utilizar el dicho tonto de capirote, hasta pasada la época de los capirotes."

Terminamos. Tras esta pequeña singladura sobre cómo eran aquellas cuaresmas del XIX bien podríamos decir que aunque todo ha cambiado, en realidad nada lo ha hecho; pero esa, esa ya es harina de otro costal.