09 marzo, 2026

Cuaresmas del XIX.

Mucho se ha escrito y hablado sobre la celebración de los días de la Semana Santa en Sevilla a lo largo de la Historia, pero curiosamente, son escasas las referencias sobre cómo se preparaba la ciudad para estos días; en esta ocasión, a modo de prólogo, vamos a dar a conocer textos del siglo XIX que relatan cómo eran esas Cuaresmas sin redes sociales, medios de comunicación cofrades, ensayos de costaleros, protagonismos o polémicas por asuntos cofradieros, así que, para variar, vamos a lo que vamos.

En 1864 se publicaba en Barcelona, por el escritor Nicolás Díaz de Benjumea una especie de enciclopedia con un título verdaderamente extenuante: "Costumbres del universo o descripción y pintura de la fisonomía peculiar de las más importantes naciones del globo, tales como son en su vida íntima: caracteres, ingenio, tipos populares, bellezas...". Dedicada a la Reina Isabel II, en esta obra, editada en dos tomos, se detallaban, por países, sus aspectos más peculiares en cuanto a folklore, religión o cultura y en el apartado dedicado a España el autor tenía palabras sobre cómo era la espera de la Semana Santa de nuestra ciudad, en la que prácticamente participaba la mayoría de los sevillanos de una forma u otra; como se verá, para más inri, hay aspectos que no han cambiado ciento sesenta y dos años después:

"Es de ver la trascendencia que tiene y el movimiento a que da principio la sola idea de la aproximación de la Semana Santa en la famosa ciudad de San Fernando. No hay clase, no hay gremio, no hay persona, cualquiera que sea su condición, edad, sexo y estado, que no la espere como un gran acontecimiento, del cual de una manera ó de otra piensa sacar partido. A unos aguija el verdadero celo, a otros el interés, a otros la distracción, a estotros, finalmente, la mera curiosidad. Al clero, el beneficio que reporta de la piedad de los fieles; a los mayordomos, diputados y hermanos mayores de congregaciones, hermandades, cofradías y archicofradías la vanidad de lucir, y el deseo de mandar a sus cofrades; a los mercaderes la esperanza segura de ganancia en el aumento de sus ventas; a los hosteleros y fondistas la nube de forasteros que ha de llover sobre la ciudad; a los vendedores de comestibles el aumento de la demanda; a los inquilinos o dueños de casas en las calles privilegiadas la utilidad que han de tener por el alquiler de los balcones, ventanas y azoteas; a los escultores sonríe la perspectiva de las muchas obras que han de encomendárseles, como el reponer algún sayón, retocar la cabeza de algún apóstol, encarnar el rostro de alguna imagen ó estofar su vestidura y, en suma, los músicos, cereros, fabricantes de velas de adorno, bordadores, y aun los mismos atletas que han de conducir los enormes pasos están de enhorabuena y se prometen grande acopio del entusiasmo y excitación de los fieles. Por otra parte, los padres de familia convidan a sus hijos y parientes, los amigos a los amigos, y preparan habitaciones y provisiones de lentejas y abadejo; los estudiantes se festejan pensando en el asueto; las jóvenes en la libertad con que han de pisar las calles; las viejas en las estaciones que han de recorrer y templos que visitar, y hasta los niños se regocijan pensando en las torrijas y otras chucherías que son propias del tiempo santo."
Joseph Saint-Germier: Semana Santa. 1891. Museo Thyssen

Unos años después, en abril de 1898, el diario local La Andalucía publicaba un artículo muy distinto, en tanto en cuanto en él se mencionaban aspectos que aludían a un nuevo concepto de Semana Santa visto desde la perspectiva del visitante que provenía de fuera de la provincia o del país, su importancia económica (algo impensable en las fechas semanasanteras de varias décadas antes) y el progreso que suponía para la ciudad la instalación de mejoras en lo que ahora se llaman "equipamientos urbanos":

"Siguen nubes importunas acompañando el azul incomparable de nuestro cielo, y un aire molesto, haciéndonos creer que no es el mes de abril el que entró ayer, sino el triste otoño. Claro que esto no puede durar muchos días, porque en cuanto se serene la atmósfera y diga Febo aquí estoy, tendrán que soltarse las prendas del invierno. Las torrenciales aguas caídas días pasados, parece que no han perjudicado mucho al campo, como se creían algunos: algún daño pueden haber hecho en el arbolado y en las hortalizas. En cambio, el aire frío ha dejado sentir su perniciosa influencia en las sementeras. 

Animación hay mucha, pues todos los trenes llegan completamente llenos de "touristas" ávidos de presenciar las admirables procesiones que empiezan a salir mañana domingo. En todo el día de ayer, por las calles céntricas se han visto grupos de extranjeros, siendo éstos, naturalmente, en mayor número en los edificios célebres como son la Catedral, Alcázar, Lonja, etc. Los hoteles "Madrid" y "París" están llenos, y es tan extraordinario el pedido que hay de habitaciones que les ha sido necesario tomar en arrendamiento algunas casas para poder atender sus compromisos. 

Los palcos de la Plaza de San Francisco quedarán hoy terminados. Uno de ellos, señalado con la letra D, bajo derecha, lo pone el alcalde señor marqués de Paradas, a disposición de la prensa local. Las pruebas de alumbrado eléctrico por las calles del centro que han de recorrer las cofradías, se han hecho con muy buen resultado. Todo hace esperar, si el tiempo lo permite, que han de revestir extraordinario lucimiento las procesiones."

Por cierto, era frecuente también que anualmente el Consistorio publicase por un lado, los listados de las "distinguidas familias" que ocuparían los Palcos de San Francisco tras abonar las correspondientes tasas y por otro, un Bando Municipal en vísperas de Semana Santa, en el que se estipulaban ciertas prohibiciones que, como imaginarán los lectores, eran un reflejo de las prácticas que realmente tenían lugar en estos días. Hemos recogido del diario La Andalucía Moderna las correspondientes al año 1900 y, como suele decirse, no tienen desperdicio:

"PARA SEMANA SANTA

De conformidad con las prácticas sancionadas por una tradición constante, ha dispuesto la Alcaldía recordar la estricta observancia de los siguientes artículos de las ordenanzas municipales vigentes:

Desde la diez de la mañana del Jueves Santo hasta el Sábado después del toque de Gloria, estarán cerrados todos los establecimientos y tiendas de cualquier clase que sean. Podrán estar abiertas únicamente las destinadas a la venta de viandas y medicamentos.

Durante el mismo tiempo, se prohíbe la venta por las calles de toda clase de comestibles y efectos, así como el tránsito de carruajes y caballerías. Esta prohibición es extensiva a los demás días de Semana Santa en que haya procesiones, aunque sólo por el tiempo en que permanezcan en la estación y por los sitios próximos a la misma donde el vecindario concurra.

También se prohíbe la abusiva costumbre de disparar armas de fuego después de Gloria. Suprimiéndose el Viernes Santo la limpieza general de la población por no permitirse el tránsito de carruajes, se cuidará eficazmente de que por ningún motivo se depositen basuras en las calles.

La contravenciones a lo dispuesto en los artículos precedentes, serán castigadas con multa de 5 a 25 pesetas".

José García Ramos: Cofradía del Silencio. 1902.

Como ya se ha visto, una interesante fuente de ingresos para algunos propietarios de viviendas en el centro de la ciudad era el alquiler de sus balcones para presenciar el paso de las procesiones en Semana Santa, de hecho se sabe que en algunos casos, cuando se vendía un inmueble se incluía una cláusula que daba derecho de uso de sus balcones por parte del anterior dueño de la casa cuando llegaba el tiempo de las cofradías. Además, desde el punto de vista arquitectónico, hay que indicar que la aparición de elementos de hierro para sustentar estos balcones los hacía, lógicamente, más seguros y dispuestos a "soportar" espectadores. La prensa local se hacía eco de estos alquileres de balcones, de hecho, hemos dado con dos de ellos a manera de ejemplo:


Diario La Andalucía, 31 de marzo de 1858.


El Noticiero Sevillano, marzo de 1897.

También, por qué no, había tiempo para el humor. En 1864 la revista satírica El Tío Clarín, que ya ha aparecido en otras ocasiones en nuestro blog, publicaba un suelto en el que se comprometían a dejar de usar ciertas expresiones "ofensivas", eso sí, hasta que se recogiera la última cofradía:

"Habiéndose acercado a nuestras oficinas (no tenemos mas que una, pero como es frase corriente entre periodistas, por eso la usamos) algunos cofrades de las diversas hermandades que acostumbran hacer estación en la Semana Santa, suplicándonos que no hagamos uso del equivoco, tonto de capirote , hasta pasada dicha época, en atención a que, usando ellos capirotes, podrían ser objeto de una interpretación desfavorable, accedemos a su prudente indicación, y les damos palabra de no utilizar el dicho tonto de capirote, hasta pasada la época de los capirotes."

Terminamos. Tras esta pequeña singladura sobre cómo eran aquellas cuaresmas del XIX bien podríamos decir que aunque todo ha cambiado, en realidad nada lo ha hecho; pero esa, esa ya es harina de otro costal. 


2 comentarios:

Anónimo dijo...

Es verdad que todo ha cambiado poco. Enhorabuena por su información tan completa y hoy, además muy divertida.

Anónimo dijo...

Hoy es una pincelada exhaustiva de cómo era esa Cuaresma del 1800 pero no perdamos de vista, los siguientes 100 años, donde él bacalao que vendia Marciano en Puente Pellon era la excelencia de la Cuaresma junto con los garbanzos y los Pavías de bacalao y mí amigo Manolo, él creador de está página, evocará en su momento cómo él pueblo le pagaba a la parroquia la bula pará podé come de todo en la Cuaresma...y ya cuando llegó el J con su tapitas de bacalaooo seco y salao cómo perro.... enhorabuena Manué