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15 junio, 2026

Como la seda.

Con forma de ángulo recto, alejada del bullicio del centro, apenas más que transitada por sus vecinos, próxima a uno de los conventos de clausura más ricos e importantes de Sevilla, en esta ocasión nos vamos a conocer mejor una calle vinculada a un gremio que tuvo una enorme influencia en la ciudad y que, por desgracia, desapareció; pero, para variar, vamos a lo que vamos. 

A tiro de piedra del centenario convento de San Clemente, la calle Arte de la Seda recibió en principio los apelativos de Peral, Arquillo de San Clemente o Compás Viejo de San Clemente, desembocando el tramo más corto a Santa Clara (surgido tras la parcelación de una serie de huertas en el siglo XIV) y el más largo a Lumbreras, tras otra operación similar en torno al año 1500, fruto todo ello quizá, de la expansión urbanística que tenía lugar por aquel entonces en Sevilla, siempre dentro del perímetro amurallado. En 1845 fue rotulada como calle Arte y posteriormente, en 1935 Arte de la Seda. 

Plano de Olavide, año 1771.

El nombre final, el que ha llegado hasta nosotros, se debe, como veremos, a que en esta calle tuvo su casa el gremio o Arte de la Seda, en la que se acopiaban las diferentes piezas de tela una vez terminadas; como corporación, fue heredera del saber musulmán en cuanto a la cría de gusanos de seda y el posterior aprovechamiento de los hilos producidos por éstos como paso previo a su conversión en capullo y mariposa, una compleja y delicada técnica que nació allá por el 2700 a. C. en la lejana China. Las manufacturas sederas sevillanas gozaron de justa fama a lo largo de la Edad Media, prueba de ello es su ubicación en la llamada Alcaicería de la Seda, creada en el año 1196 por el califa Yacub Yusuf y que se asentó en el sector de las calles Hernando Colón y adyacentes, mientra que su Hospital, bajo la advocación de San Onofre, radicó en la calle Santa Ana, en el barrio de San Lorenzo. El comercio con las Indias marcará la edad de oro de los telares sevillanos, habida cuenta también la gran demanda de este tipo de productos por parte de las clases altas y la Iglesia.

Todavía en 1780, según Álvarez Benavides, se contabilizaban doce mil telares en Sevilla, que daban trabajo a cientos de aprendices, oficiales y maestros, sin olvidar la enorme cantidad de personas que criaban gusanos en sus hogares (algo que aún hoy realizan muchos niños cuando llega el mes de marzo) conformando una industria que no tuvo competencia y gozó del privilegio de poder trabajar en la misma calle con la prohibición de que los viandantes molestasen a los operarios bajo severas penas. Por cierto, tuvo siempre este gremio fama de aguerrido, pues miembros del mismo, protagonizaron en gran parte la famosa sublevación del año 1652, en la que, al grito de "Viva el Rey y muera el mal gobierno", muchos se alzaron en armas contra las autoridades por la subida de precios y el encarecimiento del pan, revuelta popular duramente reprimida con la condena y ejecución de sus principales cabecillas.

Ejemplo del auge de la seda hispalense, en la cercana calle Hombre de Piedra se contaba con un establecimiento que llegó a albergar más de seiscientos trabajadores, además de contar con capellán propio, farmacéutico, médico y un sin fin de dependencias. Como detalle urbano, el gremio se asentó en el sector norte de la ciudad, sobre todo en las collaciones de San Marcos, San Gil, San Lorenzo o Santa Marina, lo que motivaría, en el siglo XVII, que oficiales del arte de la seda ingresasen como cofrades en la Hermandad de la Piedad radicada entonces en aquella parroquia, comenzando con ello una etapa de cierto esplendor que culminará a principios del siglo XIX, quizá debido precisamente a la extinción de toda la estructura gremial auspiciada por la corona; como "canto del cisne", haya que mencionar que el gremio se encargó de costear el arco de triunfo erigido en la Puerta de Triana en honor a la reina Isabel de Braganza, esposa de Fernando VII en septiembre de 1816. 

Epidemias como la Peste de 1649, que diezmaron a la población eliminando tanta mano de obra que solo quedaron sesenta telares operativos, más la llegada de tejidos extranjeros, con precios más ventajosos, unidas al retraso tecnológico y las cargas fiscales, provocaron el declive del Arte de la Seda, sobreviviendo apenas unas docenas de telares en el siglo XIX, muy perjudicados por la proliferación de plagas que afectaban al gusano de seda; aunque hubo algún intento loable por revitalizar esta industria a comienzos del siglo XX lo cierto es que poco a poco los telares dejaron de funcionar perdiéndose su sonido característico. 

Foto Reyes de Escalona. 

En el número 13 de la calle que nos ocupa se habría edificado a la antes aludida Casa del Arte, lugar donde se efectuaba el plegado de las telas y demás tareas del gremio, y que poseyó incluso capilla propia, permaneciendo en pie hasta bien entrado el siglo XIX; en nuestros días, dicho solar es ocupado por la trasera de un moderno edificio cuya fachada da a la paralela calle Torneo.

Merece la pena que relatemos que, allá por finales del XVIII ocupaba el cargo de Oidor de la Real Audiencia el granadino Francisco Bruna (apodado popularmente "el Señor del Gran Poder" por su gran influencia en asuntos políticos y culturales) quien había adquirido la costumbre de dar largos paseos en solitario al atardecer, recorriendo lo que sería ahora la Ronda Histórica; una noche, regresando a su domicilio a la calle de la Muela (ahora O´Donnell) al pasar por una solitaria calle del Arte de la Seda se le aproximó un individuo mal vestido y de peor catadura que, embozado y de manera sigilosa le hizo entrega de un doblado pliego de papel a su nombre, con las iniciales "D. C." en el remitente. Llegado a su casa, Bruna abrió la misiva y en ella, en una cuartilla de tosco papel, con mala caligrafía, pudo leer: 

«Sr. D. Francisco: sé que Vd. me persigue  como el perro persigue al gato y como el gato al ratón. El ganarse la vida como yo me la gano y como Vd. se la gana, son los destinos de los hombres, pues cada uno ha nacido con su estrella, y querer pelear con el sino de las criaturas es cosa que ninguna de los dos podemos evitar. Esta tarde he podido matar a Vd., con cuyo asesinato no hubiera hecho más que lo que debe hacer toda persona sentenciada a muerte por Vd., como yo, lo estoy, pero quiero demostrarle que si mi desgracia me echó al camino, alivio algunas penas con el dinero de los ricos, pero no asesino a nadie ni lo rodeo de traidores que lo vendan como Vd. me tiene rodeado y yo me veo obligado a enfriarles la cabeza y pararles lo pies con una bala de retaco*. 

Sé también que ha pregonado mi cabeza en treinta y una onzas de oro y como yo la aprecio en mucho más, dentro de poco tendré el gusto de llevarme esos cuartos para que la Audiencia duplique la cantidad.- Diego Corrientes.»

Ni que decir tiene que este suceso, a medio camino entre la realidad y la leyenda, no hizo sino alimentar la proverbial rivalidad surgida entre el Oidor y el bandolero, de la que ya hablamos cuando repasamos la antigua calle de la Muela y, en cualquier caso, se supone que haría que Bruna dejase de transitar de noche por calles vacías.

Foto Reyes de Escalona. 

Con predominio de viviendas junto con los inevitables apartamentos turísticos, el único edificio reseñable desde el punto de vista artístico, es una antigua central eléctrica de la Catalana de Gas y Electricidad; de estilo neomudéjar y en el número 6, pertenece a una serie de edificios de este tipo diseñada por el arquitecto Antonio Arévalo entre 1914 y 1916, con arcos de herradura, ladrillo y azulejería. Del mismo modo, en el número 17 pervive una antigua casa vecinal con patio en cuyo fondo se puede encontrar todavía un castizo azulejo de una de las grandes devociones del barrio: la Virgen del Carmen de Calatrava, pero esa, esa ya es harina de otro costal.

*Retaco: escopeta corta muy reforzada en la recámara.

Foto Reyes de Escalona. 






31 mayo, 2026

La calle de los Ataúdes.

Repasando notas y borradores, no nos habíamos percatado de un olvido en relación a la serie de artículos que sobre calles y plazas venimos realizando desde hace tiempo: el de una vía muy transitada del Centro Histórico, perpendicular a Sierpes y que desemboca en la segunda plaza más importante de la ciudad; pero, para variar, vamos a lo que vamos. 

Llamada de Gallegos desde al menos 1384, siempre ha existido cierta controversia sobre el origen de esta denominación, pues mientras unos autores sostienen que procede de las gentes de Galicia que acudieron con San Fernando a la conquista de Sevilla y se establecieron aquí, otros opinan que procedería del noble medieval Martín Meléndez Gallego, primero de este linaje. Además, en beneficio de la primera teoría, en esta calle se vendió el llamado "pescado çeçial" procedente de Galicia y que consistía en pescado curado al sol y al aire, sin añadírsele sal. Por cierto, en un callejón cercano, el de Oropesa, estuvo el llamado Corral de los Gallegos, dedicados entonces a ejercer como mozos de cuerda o cargadores, de ahí que popularmente a los costaleros se les llamara "gallegos".

Foto Reyes de Escalona.

El nombre de Gallegos convivió un tiempo (siglos XV y XVI) con otro algo tétrico: Ataúdes, suponemos que debido a la existencia de talleres donde se elaboraban estos funerarios elementos, siempre necesarios, por otra parte, y más en tiempos de epidemias. Gallegos se llevará la palma y, finalmente, se mantendrá hasta 1903, hasta que la calle reciba el nombre de un célebre político, jefe el partido liberal y presidente del Consejo de Ministros, que morirá ese año a los setenta y siete años de edad: Práxedes Mateo Sagasta, y con Sagasta ha llegado hasta nuestros días, salvo un período entre 1938 y 1981 en que volvió a llamarse Gallegos, aunque todo el mundo siguió usando el nombre de Sagasta. A la mitad de la calle se encuentra un callejón o barreduela de bastante antigüedad, pues en el siglo XV se llamaba Ataúderos (casi nada) y en 1868 se cambió por el de Monardes en honor al médico sevillano de dicho apellido; primitivamente unida al antes aludido callejón de Oropesa, al fondo, casi como acceso secreto, se encuentra la puerta trasera de la sede del Círculo Mercantil.

Se tiene noticia de que en origen la calle actual era mucho más estrecha, pero poco a poco, gracias a varios ensanches (uno de ello en 1868 que derribó casas próximas a la esquina con Sierpes) alcanzó la anchura actual. Empedrada o enlosada desde 1585, en 1859 podría presumir de ser una las calles mejor iluminadas de Sevilla. Entrando desde la Plaza del Salvador, el lateral izquierdo aparece ocupado por la fachada del Hospital de San Juan de Dios, fundado en 1574 sobre el antiguo Hospital de las Bubas, y que tiene su acceso a través de amplio zaguán en el número 1 de la calle que resumimos. 

Dada su inmejorable ubicación, la calle será de las más transitadas de Sevilla y en ella, como no podía ser menos, se instalará una gran variedad de talleres, negocios y tiendas de todo tipo, desde librerías como la desaparecida de El Rosario de Oro hasta cervecerías como La Oriental, donde en noviembre de 1925 el Sevilla F. C. colocaba a su cobrador para que los socios abonasen las mensualidades correspondientes a sus cuota, pasando por la Farmacia de Zambrano, tiendas como El Capricho, la Perfumería Floral (que databa de 1936), La Instaladora Moderna (fundada en 1945) o la que regentó el poeta y pregonero Antonio Rodríguez Buzón. 

Por fortuna, aún sobrevive la más que conocida Floristería Montero, fundada en 1880, que puede encontrarse a pie de calle y que exorna los Pasos de las hermandades de la Amargura o el Calvario. Curioso era, en días cuaresmales de los años setenta y ochenta del pasado siglo, contemplar una pequeña réplica de la cofradía de la Hiniesta colocada a lo largo del extenso escaparate de una tienda de trajes de novia que se hallaba entonces esquina con el callejón de Monardes, ahora, cosas de los tiempos, hay un moderno supermercado orientado hacia quienes se hospedan en los cercanos e inevitables apartamentos turísticos. Por cierto, pocas cofradías, de las de verdad, pasan por esta calle.



El historiador José Gestoso, allá por 1899, descubrió nombres de vecinos de la calle en los siglos XVI y XVII con la coincidencia de pertenecer todos al gremio de Espaderos, tales como Bernal de Herrera, Alfón Martínez o Diego Vargas; ello no debe extrañar, ya que la mayoría del gremio tenía también sus talleres en la próxima calle Sierpes, llamada de Espaderos durante una etapa de su historia. En el siglo XIX fue bastante conocida la Fonda Europa, situada en el número 19 y citada por el viajero romántico Richard Ford en 1830 y hemos de añadir que en esta calle de Gallegos vivió el famoso personaje sevillano Manolito Gázquez, famoso por sus míticos embustes, de quien hablamos en otra ocasión. 

Navidad de 1965. A la izquierda la Relojería Torner.

Hace poco más de diez años se produjo el traslado de uno de los establecimientos más característicos de la calle, la Relojería Torner. Fundada en 1877 por Rafael Torner Velasco, en 2015 pasó a la calle Alcaicería al hacerse cargo de ella el bisnieto del fundador; allí mantiene abierto un negocio que ostenta el cargo de Relojero Mayor de la Ciudad y se ha ocupado tradicionalmente del mantenimiento del relojes como el de la Giralda, Ayuntamiento, Reales Alcázares o Rectorado de la Universidad de Sevilla, entre otros. 

Rótulo actual en calle Alcaicería. 

Mención aparte merece que en el número 5 tuvo su sede en 1872 una revista femenina llamada El Nuevo Mundo, dedicada, son sus palabras textuales, "Al bello sexo" y cuya redacción estaba conformada por escritores locales como Luis Montoto, Amador de los Ríos o Cecilia Böhl de Faber, más conocida por su seudónimo de Fernán Caballero.

 
Terminamos. Otros negocios centenarios que sobreviven en la calle Sagasta son, en primer lugar, la Camisería Galán, fundada por el soriano Isaac Galán en 1905 y que aún mantiene la esencia de tienda clásica y cuidada con grandes espejos y mobiliario de madera y en segundo lugar, mucho más conocida, la Administración de Loterías número 16 "Los Millones", fundada en 1919 y que ha dado el Premio Gordo de Navidad hasta en tres ocasiones: 1961, 1966 y 1998, de ahí que sea una de las preferidas por los sevillanos y foráneos a los que no importa soportar largas colas para adquirir los correspondientes décimos navideños, pero esa, con estas "calores", es harina de otro costal.

Foto Reyes de Escalona.



11 mayo, 2026

Siete Revueltas.

Pocas calles en Sevilla como ésta, pocas con una disposición similar, casi ninguna que genere tanta inquietud en quienes no la conocen, ninguna que posea un nombre más explícito; esta semana, en Hispalensia, nos vamos a conocer un calle con solera de siglos; pero, para variar, vamos a lo que vamos.

Foto Reyes de Escalona.

Dejando atrás el bullicio y el trajín de Puente y Pellón, entrando desde la calle Alfonso X el Sabio (antes, Burro), hay un primer giro a la derecha, un segundo giro a la izquierda y a partir de ahí, cada pocos metros, la calle serpentea en siete ocasiones, hasta que al final, tras el último giro, se atisban los veladores del Bar Europa y la esquina de la antigua Ferretería de la Plaza del Pan. Siete Revueltas, quizá uno de los nombres más antiguos de calle en Sevilla, del que ya se tiene noticia en 1429 y que viene a ser casi un fósil de la antigua Morería, que estuvo establecida en este sector hasta llegar a la calle Alhóndiga, pasando por San Pedro y alcanzando la zona de la Alcaicería. 

La influencia mudéjar en este barrio puede apreciarse en algo que ya hemos comentado, como es la tendencia urbanística de calles estrechas y sinuosas, que buscaban evitar la luz solar, así como numerosos callejones sin salida, buen ejemplo de cómo a las viviendas se entraba desde estos espacios casi privados y discretos. Por cierto, el término "mudéjar" proviene de la palabra árabe "mudayyan", o lo que es lo mismo, "aquel que se le permite quedarse", en clara alusión a la población morisca que se mantuvo viviendo en Sevilla todavía en el siglo XVI.

Foto Reyes de Escalona.

Entre 1460 y 1585 el tramo más cercano a la Plaza del Pan era conocido como Herreros o del Hierro Viejo, ya que dicho tramo estaba habitado por herreros, existiendo además una estrecha barreduela conocida como callejuela de los Trapos y que tenía salida a la Alcaicería de la Loza, y que debió cerrarse pese a las solicitudes de los vecinos por mantenerla abierta en el siglo XVIII. 

Sin aceras y peatonal en nuestros días, tuvo, sin embargo, intenso tráfico de carromatos y carruajes en tiempos pasados, colocándose marmolillos para impedir el paso en algunas ocasiones. Conserva aún varias viviendas con el típico esquema sevillano, dos o tres plantas y patio interior, aunque conviven con edificios modernos de pisos. Por cierto, existen calles con nombre similar en ciudades como Fez (en Marruecos), Córdoba, Málaga (demolida en 1960 para crear la Plaza de las Flores), León o Sanlúcar de Barrameda, ésta última junto a la iglesia de Santo Domingo, muy cerca de las bodegas de Argüeso.

A lo largo de los siglos, fue calle de impresores, tal como investigó Joaquín Hazañas en su ensayo sobre la tipografía sevillana; en este sentido, destacaron maestros impresores como Tomás López de Haro (siglo XVII) o Manuel de la Puerta y sus herederos (siglo XVIII); pero no fueron los únicos oficios residentes en esta calle, en el siglo XVI vivieron en ella los plateros Alonso de Angulo, Bartolomé Ximénez, Juan López y Alonso de Córdoba o el cuchillero Alonso Rodríguez, lo que da idea de la importancia de este enclave. A comienzos del siglo XX tuvieron allí sus almacenes la Fábrica de San Clemente, con tienda en calle Lineros 13, la fábrica gorras La Alfonsina y la firma C. Rinaldi, que en marzo de 1904 publicaba anuncios de este tipo en la prensa local:

"Las personas que deseen comprar velos de pura seda de tres varas de largo en todas sus diferentes clases, deben visitar la casa de C. Rinaldi, que ha recibido un enorme surtido para las próximas fiestas, desde las clases más sencillas a las más ricas que se fabrican. Los precios empiezan por 6 pesetas uno. Despacho: Alcaicería 7 (pasaje) y Almacenes, Siete Revueltas 11,13 y 17".

Anuncio en El Noticiero Sevillano. Diciembre de 1922.

Tampoco podemos dejarnos en el tintero que en el número 10 de esta calle tuvo su taller de dorado Francisco Ruiz Rodríguez (1888-1961), más conocido en el mundillo cofrade como el "Maestro Curro" o "Currito el dorador", partícipe en numerosas obras de talla en madera, como el Paso de Jesús de las Tres Caídas de la Hermandad de San Isidoro, el de la Soledad de San Lorenzo o el del Cristo de la Salud de la Hermandad de San Bernardo, labor que mereció que fuera condecorado con la Gran Cruz de Alfonso el Sabio.

Sin embargo, como calle céntrica, bien comunicada aunque discreta y alejada de miradas curiosas, también tuvo "su otra faceta", como la registrada en 1797 cuando los vecinos se quejaban:

"De los escándalos, robos y camorras que continuamente se efectúan en la callejuela sin salida nombrada de los Trapos, a donde concurren a tales excesos mugeres prostitutas, soldados o forasteros de todas clases, productos de los cuarteles, mesones, bodegones y tabernas establecidas en sus inmediaciones, trascendiendo este continuado y abominable mal exemplo a todo el vecindario que por no exponerse y reservar sus buenas familias cierran sus puertas y bentanas".
Foto Reyes de Escalona.

Como dato luctuoso, en marzo de 2002 fue atracado en esta calle un conocido joyero de la Plaza del Pan, de 68 años de edad, que falleció por causa de las heridas sufridas en el asalto, unidas a patologías previas que padecía. El hecho levantó bastante alarma social entre los comerciantes del centro, siendo detenidos dos individuos por tal delito y finalmente condenados a seis años y medio de cárcel tras un juicio que quedó visto para sentencia en el verano del año 2003.  

Los años 70 y 80 del pasado siglo XX fueron época de "movida" juvenil en Siete Revueltas, donde destacaron bares como el Aldama, el Trama o El Mundo Otro Bar, este último punto de encuentro tanto del flamenco más moderno como del incipiente movimiento LGTBI, además de, como ya hemos mencionado antes, el Bar Europa, recientemente restaurado (conservando el azulejo de su esquina, de 1925) y que fue fundado en el año 1922.

Foto Manuel Sousa Puerto.

En el número 21 de la calle que comentamos nació, en 1854, la poetisa Concepción Estevarena, fallecida a la corta edad de veintidós años en la ciudad de Jaca, donde se había trasladado a vivir con un tío suyo sacerdote tras el fallecimiento de sus padres. Figura destacable del movimiento romántico, no llegó a publicar en vida, pues serán sus amigos poetas, José y Mercedes de Velilla los que editen una antología de poemas titulada "Últimas flores" en el año 1877. Y ya que estamos con nacidos en esta calle, aunque el conocido cronista taurino Doctor Theboussen publicó en la revista La Lidia de diciembre de 1886 su partida de bautismo, que tuvo lugar en la Iglesia del Salvador el 17 de marzo de 1754, algunos cronistas han dejado dicho que la calle de nacimiento del matador de toros e inventor de la suerte del "volapié",  José Delgado y Guerra "Pepe Hillo" habría sido la de las Siete Revueltas, pero esa, esa ya es harina de otro costal.

La Lucha. 29 de julio de 1886. Gerona.






13 abril, 2026

Rialto.


En esta ocasión, terminadas ya las celebraciones semanasanteras, recuperamos la costumbre de aportar algunos datos sobre una plaza o calle sevillana concreta y, para la ocasión, nos vamos a ir a una plaza que siempre se ha llamado por un nombre que no es el que aparece en su rótulo y que, incluso, albergó una prisión en tiempos aciagos; pero, para variar, vamos a lo que vamos.


Mucho antes del conocido Plano de Olavide (1771), en 1731, la plaza que comentamos era llamada del Carbón y estaba próxima a la de la Paja, todo ello en el entorno de la parroquia de Santa Catalina. En 1862 el Consistorio hispalense determinó denominar a esta plaza y a una calle que finalizaba en la Puerta Osario con el apellido de un célebre escritor sevillano que vivió a caballo entre los siglos XVI y XVII y que mantuvo tanto amistad con Miguel de Cervantes como profunda enemistad con Quevedo: Juan de Jáuregui. La calle mantiene el nombre, mientras que la plaza fue rotulada con el nombre de un sacerdote: el Padre Jerónimo de Córdoba.

La antigua Plaza del Carbón en el plano de Olavide. 1771.

¿De quién se trata? Francisco Córdoba Roldán había nacido en Villacañas (Toledo) en junio de 1863 y pese a la oposición materna decidió en 1879 ingresar en el noviciado de los Padres Escolapios de Alcalá de Henares, pasando a llamarse desde entonces Jerónimo. Tras una rigurosa formación en la que destacó por su predilección por el Latín, será enviado finalmente al colegio que tenían los escolapios en Sevilla, situado en lo que ahora es sede de EMASESA entre las calles Sol y Luna (ahora, Escuelas Pías). Allí sentará cátedra durante cuarenta y cinco años, como docente vocacional, docto poeta latinista y traductor a dicha lengua, llegando a “latinizar” la novela cervantina Rinconete y Cortadillo; además, será destacado difusor del Esperanto, idioma creado en el siglo XIX con la sana intención de dotar a la Humanidad de una lengua común, aunque no será el único esperantista que aparezca esta vez en nuestra página. Fallecerá en 1933 tras haber formado a no pocas generaciones de alumnos, entre los que se podría destacar un vecino de esta plaza que estamos “visitando”: el poeta Luis Cernuda, que vivirá junto a su familia (su padre era general del Cuerpo de Ingenieros) en el número 28 allá por el año 1918.


Cosa habitual, los vecinos de la plaza se quejarán del mal estado en que se encuentra, baste como ejemplo la reseña aparecida en noviembre de 1897 en El Noticiero Sevillano:

Es lamentable el estado en que se encuentra la plaza de Jáuregui: en ella no existe alumbrado, pues no puede darse tal nombre a dos postes de madera sin farola ni nada; y como no aparece nunca un vigilante por aquel sitio, los chiquillos hacen continuamente de las suyas, arrancando las piedras, destrozando los árboles y siendo el tormento continuo de aquellos vecinos. Esperamos por quien corresponda se den las oportunas órdenes para reparar el empedrado y para que haya alguna vigilancia, seguro que puede contar con el agradecimiento de todos los que viven en la plaza indicada”.

En aquellos años, era frecuente que la plaza fuera sede de “Veladas” populares, como la organizada por las cigarreras en honor a la Virgen de la Victoria en el año 1900, en una etapa en la que la Hermandad de la Fábrica de Tabacos estaba radicada en la iglesia de Los Terceros, o las organizadas también en honor a Santa Lucía, de la cercana Santa Catalina.

Durante un tiempo, a comienzos del siglo XX, existió en esta zona una comisaría de policía, cuyas autoridades, desbordadas durante las primeras semanas de la Guerra Civil, emplearán el cercano Cine Jáuregui como cárcel improvisada, por la que pasarán innumerables detenidos acusados de pertenecer a partidos o sindicatos de izquierdas. Uno de ellos será otro esperantista destacado, el notario de Coria del Río, Blas Infante, que saldrá de allí en la madrugada del 10 al 11 de agosto de 1936 para ser finalmente fusilado en el Km. 4 de la carretera que unía Sevilla con Carmona. 

Programa de mano del Cine Jáuregui. 1935.

El tristemente famoso Cine cambiará de nombre en los años cuarenta, pasando a llamarse Cine Rialto (quizá en honor al puente veneciano con con ese nombre) y funcionando como sala de estreno y finalmente sala para reposiciones hasta su cierre definitivo en 1998. Signo de los tiempos, ahora es sede de un supermercado de una conocida cadena andaluza, pero generando una huella tan evidente que no somos pocos los que nos referimos a la Plaza del Rialto cuando aludimos a la de Jerónimo de Córdoba.

Casi al lado del Hotel Don Paco, recientemente reformado, se halla el número 1 de la plaza, un edificio de estilo regionalista ideado por el arquitecto José Espiau en 1935, tres años de su muerte, en el que el ladrillo y la forja se conjugan perfectamente. Además, en uno de sus bajos comerciales estuvo hasta no hace mucho una de las tiendas de “Casa Saluíta”, conocida perfumería fundada en 1940 y que aún mantiene abiertos otros establecimientos en nuestra ciudad. Además, merece la pena destacarse el número 6, que ahora alberga un estanco, edificio obra de Aníbal González.

Monumento a Pepe "Peregil" (sombrillas incluidas)

Terminamos. En el año 1915 abre sus puertas en la plaza una bodega dedicada a la expedición de vinos, especialmente los procedentes de la onubense localidad de Manzanilla, que con el paso de los años será regentada por José Pérez “Peregil”, célebre saetero y medalla de la ciudad en 2009, fallecido en 2012 y que puede contemplarse en forma de estatua en el lado opuesto de esta plaza del Rialto, realizada por el escultor José Antonio Navarro Arteaga en 2014. El “Quitapesares” es uno de esos lugares que muchos recuerdan, ahora regentado por Álvaro “Peregil”, en una zona que actualmente está en obras, pero esa, esa ya es harina de otro costal.

12 enero, 2026

La calle del Áncora (o del Ancla).

Entre estos fríos invernales, quizá sea buen momento, recién estrenado el año, para conocer un poco mejor una calle que se creó en el XIX con una sola acera, fue sede de una conocida posada, amén de estar en ella las residencias de una escritora y un torero; pero, para variar, vamos a lo que vamos. 

En antiguos padrones de 1665 se hace mención a la calle del Mesón de Ancla, que estaría entre la actual calle Arfe y el Paseo de Colón, o lo que es lo mismo, pegada al lado sur de la Plaza de Toros. Del nombre dado en el XVII se pasaría, en el XIX a la Acera del Áncora, término este sinónimo de Ancla, mientras poco a poco la calle va conformándose como parte extrema del barrio de la Carretería. Al parecer, muchos de los primeros edificios fueron construidos entre la mencionada posada y las cuadras del coso maestrante, aunque será su proximidad al puerto lo que le otorgue cierto valor ya que por ella se producía la entrada y salida de mercancías procedentes de los navíos surtos en el muelle o destinadas a embarcar en los mismos, de ahí la presencia de no pocos locales destinados a almacenar dichas mercaderías, tal como hemos comprobado, pues, por citar varios ejemplos, en 1871 tenían allí sus sedes la ferretería de Carlos Sironi, el almacén de coloniales de Francisco Santa-Cruz y los almacenes de hierros y aceros propiedades de José María Ibarra y los señores Lamarque y Compañía.

La actual calle Antonia Díaz en 1771. Plano de Olavide.

Precisamente, la proximidad del barrio de la Carretería y la existencia de estos almacenes hará que sean frecuentes las quejas sobre el aspecto que presentará la calle, especialmente en el XIX y comienzos del XX, como ha quedado recogido en algunas crónicas periodísticas de la época, como ésta de mayo de 1897 publicada en el diario local La Andalucía:

UN BARRIO ABANDONADO.

El famoso barrio de la Carretería sigue tan descuidado y tan sucio como de costumbre. Se conoce que al teniente del distrito le importa muy poco hacer cumplir las Ordenanzas municipales, o que los industriales que éstas son amigos del Usía del barrio y siguen en sus trece de interceptar la vía pública con barriles de aceitunas, ruedas de carros, caballerías atadas a las ventanas para herrarlas a la vista del público, etc., etc.

Es muy pintoresco el aspecto de la calle Antonia Díaz, con todos lo artefactos que mencionamos; y si salimos de esta vía principal y nos fijamos en las calles afluentes a la misma, y en las callejuelas que circundan la barriada mencionada, entonces sería cuento de nunca acabar, y las censuras, con ser grandes, resultarían pálido reflejo de la realidad (...) ¿Sería mucho pedir al Usía del distrito que mejorase las condiciones del desdichado barrio, que por incurias y torpezas está convertido en aduar marroquí?"

Dos incisos: en aquellos tiempos se solía llamar "Usía" al concejal como abreviatura de Vuestra Señoría, mientras que se denomina "aduar" al campamento de beduinos formado por chozas y tiendas. 

Anuncio en prensa local, 1877.

Álvarez-Benavides, en sus Curiosidades Sevillanas, narra que la Posada del Áncora estuvo ubicada en el número 19 y que fue muy popular por su antigüedad, conociéndose que el 9 de agosto de 1805 José Toscano, natural del pueblo onubense de Trigueros adquirió dicho establecimiento a la Hermandad de la Sangre, destacando también cómo en el número 9 había un pozo con aguas de tan excelente calidad que los aguadores que asistían a las corridas de toros llenaban sus cántaros en dicho lugar, sin olvidar que, al parecer, en el número 3 pervivió, hasta 1833, la casa original donde vivió el célebre matador de toros José Delgado Guerra, apodado "Pepe-Hillo", cuya cogida y muerte en la Plaza de Madrid en 1801 fue reflejada por Francisco de Goya en uno de sus conocidos grabados. Por cierto, se atribuyó tradicionalmente a Pepe-Hillo la colocación, en esta calle que visitamos, de un retablo con un lienzo representado la caída de Jesús en la calle de la Amargura, llamado entonces "el Señor del Baratillo", imagen que gozó de enorme devoción no sólo entre los vecinos, sino en toda la ciudad, como probaba la gran cantidad de flores, velas y exvotos que le eran ofrecidas.

Foto Reyes de Escalona.

A partir de 1892 la calle será denominada de Antonia Díaz, en honor a la poetisa del mismo nombre, nacida en Marchena en 1827 y casada en 1861 con el también poeta José Lamarque de Novoa, cuyo primer apellido ya ha aparecido un par de párrafos más arriba y que además era cónsul de Australia. Instruida en la educación de la época, quedó siempre en segunda línea por detrás de su marido, pero ello no fue obstáculo para que publicase numerosos artículos y poemas en diversas revistas literarias del momento, en un ambiente cultural que contaba con el telón de fondo de la presencia en Sevilla de la llamada "Corte Chica" de los Duques de Montpensier en el Palacio de San Telmo. 


Estudiada su figura por las profesoras Marta Palenque e Isabel Román de la Universidad de Sevilla,  se sabe que en 1867, tras un largo bagaje de composiciones líricas editadas en publicaciones diversas, editará su primer libro Poesías, en el que predominan la inspiración religiosa y la preocupación moral, mientras que en 1877 ve la luz Flores marchitas, publicado en dos tomos llenos de leyendas, canciones y poemas en métrica diversa. No serán sus únicos libros, llegando su marido a editar, de manera póstuma, una antología de su producción poética que incluyó textos inéditos.

El escritor José María de Cossío, conocedor de su obra, escribió sobre Antonia Díaz en estos términos:

"Fue merecido el singular prestigio de que gozara esta distinguida poetisa sevillana. Su espíritu piadoso, su concepto del papel de la mujer en la literatura, impidieron que desarrollara toda su capacidad poética que, sin duda, era muy grande. Las muestras que ofreció le aseguran un puesto preeminente entre las poetisas del siglo XIX, ciertamente fecundo en ellas. De aptitud literaria nada tenía que envidiar a las más eminentes". 

Desde 1872 el matrimonio de Lamarque y Antonia Díaz vivirá en la Alquería del Pilar, en Dos Hermanas, convertida en punto de encuentro para poetas y escritores, entre los que destacarán Luis Montoto, José y Mercedes de Velilla o un joven Juan Ramón Jiménez. Antonia Díaz fallecerá en 1892.

Foto Reyes de Escalona.

 Durante las primeras décadas del siglo XX proseguirán las quejas sobre el estado de la pavimentación de la calle y sobre la suciedad acumulada en la misma, manteniendo su actividad centrada en almacenes y comercios dedicados a hierros o maquinaria, así como algún tostadero de café y negocios típicos de barrios, como tiendas de ultramarinos o una barbería en el número 3, que en julio de 1934 sufrió un robo que quedó reflejado en la prensa local del momento en estos términos:

 "Un robo. En una peluquería establecida en la calle Antonia Díaz número 3 penetraron ayer tarde unos rateros que se llevaron treinta y dos navajas de afeitar, cuatro máquinas de pelar y varios frascos de esencia, valorado en trescientas cincuenta pesetas. El dueño del establecimiento, José Victorio García, presentó la correspondiente denuncia en la Comisaría de la calle Jesús".

Dos nuevos incisos: por fortuna, la peluquería permanece abierta, con el mismo apellido del dueño citado en el artículo, mientras que conviene indicar que la calle Jesús es, como algún lector habrá adivinado, la calle Jesús del Gran Poder; por cierto, en ese mismo año 1934 y en el número 31, comenzará a emitir su señal la radio oficial del Partido Comunista de España, gestionada por el militante Nicolás Crespo, miembro del comité provincial de dicho partido; en ese mismo edificio también tuvo su sede por aquellas fechas la Sección del Puerto perteneciente al Sindicato Unificado de Transportes.

En 1978 la autoridades municipales expropiarán el edificio situado en la desembocadura de la calle junto a la Plaza de Toros, sede de la consulta de otorrinolaringología del Doctor Alemán; derribado con la idea de dar más visibilidad al coso maestrante, el solar se convertirá en zona ajardinada dónde en 2001 se colocará una estatua dedicada al diestro Curro Romero realizada por el escultor Sebastián Santos Calero.

Foto Reyes de Escalona.

Terminamos; convertida ahora en una vía al servicio del turismo que visita el barrio del Arenal y la Plaza de Toros, repleta de bares, restaurantes y tiendas de souvenires, conserva un callejón, donde tuvo su casa y falleció, en 1998, el torero Antonio Ordóñez, llamado Iris sin que se sepa a ciencia cierta el por qué, que únicamente se convierte en calle cuando se abre la cancela que lo separa de la Plaza de Toros, ya que es el lugar por el que acceden a ella los matadores en días de corrida, pero esa, esa ya es harina de otro costal.

01 diciembre, 2025

Socorro.

Sede de un inactivo convento de clausura femenino y de un, en cambio, más que activo centro educativo, en esta ocasión nos vamos a descubrir lo que encierra una calle que siempre ha servido para unir dos de las más clásicas parroquias de Sevilla; pero, para variar, vamos a lo que vamos. 

Entre las plazas de San Marcos y la de San Román, la calle Socorro ha llevado este nombre desde muy antiguo, pues se tienen referencias de dicha denominación ya en pleno siglo XVII. El nombre de la calle, como supondrán los lectores, tiene mucho que ver con el convento del mismo nombre, fundado en 1522, en unas casas de la calle Bustos Tavera por doña Juana de Ayala, hija de don Gonzalo Gómez de Cervantes, caballero veinticuatro de la Ciudad y sobrina del cardenal don Juan de Cervantes; La familia de la fundadora gozaba de un más que holgado patrimonio acumulado a lo largo de generaciones, ocupando toda una manzana entre las calles Bustos Tavera y Socorro; además, a todo esto se añadió la compra de otras propiedades como la casa de las almenas de don Alonso de Mendoza.

La calle Socorro en el Plano de Olavide. 1771.

Hay que recordar que la Orden Concepcionista, creada por Santa Beatriz de Silva en 1489, llegó a tener otros tres conventos en Sevilla: el de San Miguel, en la calle del mismo nombre, desaparecido con la Desamortización de Mendizábal y del que se conserva su artesonado en madera en el salón de actos del Colegio Notarial, el de las Santas Justa y Rufina, situado en la calle Vírgenes, desaparecido por idénticas razones y, por último, el de la Concepción. Junto a San Juan de la Palma, fue derribado tras la Revolución de 1868.

La primera comunidad quedó conformada por siete monjas, cuatro del Monasterio de Santa María de las Dueñas y tres del de Santa Paula, aumentando después hasta veinte que en palabras de su fundadora eran “pobres doncellas honestas de buena vida y fama, o viudas que viven honestamente en servicio de Dios”. Aunque siempre se ha dicho que existió un criterio selectivo a la hora de escoger las monjas que integrarían la comunidad, ya que no debían sobrepasar el número de veinte y pertenecer a familias aristocráticas, parece ser que los estatutos nada de esto afirman, de hecho el monasterio sobrepasó esa cantidad y admitió con el tiempo a monjas que no eran nobles.

Fue la propia fundadora la que diseñó la estructura interna inicial de la comunidad, compuesta por una abadesa, vicaria, dos sacristanas, dos porteras, una mayordoma, una sillerera y doce monjas para el oficio divino.

Convento del Socorro. Interior de la iglesia. Año 2014.

La iglesia, cerrada tristemente al culto tras la marcha de las religiosas en 2018 a otro convento radicado en el Aljarafe sevillano, data de 1524-1525, siendo el autor de la traza Alonso Ortiz, cuya capilla mayor presenta dos tramos, uno recto y otro poligonal con nervaduras góticas. Bendecida en 1529, tiene una única nave, se cubre con buen artesonado mudéjar, estaba decorado con un interesante zócalo de azulejería de Pickman de 1904 y posee un retablo mayor obra de Felipe de Ribas, sin olvidar el magnífico retablo de Martínez Montañés dedicado  a San Juan Bautista y que fue llevado a la iglesia de la Anunciación, donde hace poco fue restaurado.

Convento del Socorro. Claustro. Foto de 2014. 

La otra institución a destacar en la calle, con permiso de la casa hermandad de Los Gitanos, bendecida en 1978 y ahora usada como almacén para sus pasos, es el Colegio Luisa de Marillac, perteneciente a la Congregación de las Hijas de la Caridad, nacida en 1638 y establecida en Sevilla doscientos años después, cuando se hicieron cargo de los niños de la Casa Cuna y de los Hospitales de las Cinco Llagas y de la Santa Caridad. Aunque constituido en 1878, no será a comienzos del siglo XX cuando se traslade a la calle que comentamos, contando ya en 1932 con cuarenta internas y cuatro clases de pequeños con entre sesenta y ciento veinte alumnos; en 1971 se convirtió en Centro Concertado con 16 unidades de EGB. Sobra decir que la labor de las Hijas de la Caridad en lo docente y lo caritativo es digna siempre de encomio, no en vano, además de este centro educativo, gestionan otros en nuestra ciudad y sobre todo, los dos comedores benéficos de Triana y el Pumarejo, ambos ejemplo de solidaridad y entrega a los desfavorecidos siguiendo la estela de de los santos fundadores de la congregación: Vicente de Paul y Luisa de Marillac. 

Foto Reyes de Escalona. 

No faltaron casas nobles en la calle, ya que Félix González de León mencionaba alguna que otra en una de sus obras, allá en 1844, en estos términos, quizá sea éste el escudo nobiliario que aún puede verse en el edificio del colegio Luisa de Marillac: 

"Frente de esta iglesia (del Socorro) está la casa principal de mayorazgo de Don Luis de Guzmán, casa del mismo tono que las de su clase. Portal de caballerías y viviendas de lacayos, gran patio claustrado con hermosas e iguales columnas, número crecido de cómodas habitaciones y fresco y divertido jardín".

Por cierto, Joaquín Hazañas y La Rúa, en su obra La Casa Sevillana (1930) aludía a que sobre el dintel de la puerta de cierto edificio de la calle que comentamos existía una lápida con esta curiosa inscripción: "Magna aliena, parva; parva propia, magna", o lo que es lo mismo, "Lo pequeño, siendo propio, es grande; lo grande, siendo ajeno, es pequeño". 

Terminamos. Enladrillada en 1573, empedrada en varios momentos del siglo XVII, fueron constantes las quejas de sus vecinos por el deterioro de su pavimentación, adoquinada por primera vez en 1898 y en 1921, dotada de alumbrado eléctrico. Dada su ubicación, en el sector norte de la ciudad, donde a finales del XIX y comienzos del XX existía una abundante población obrera, en el número 11 de esta calle tuvo su sede el llamado Centro de Oficios, donde celebraban sus reuniones los miembros de sindicatos relacionados con la tipografía y la panadería, mientras que también se sabe de la existencia en esos años de una taberna, un polvero o una casa de empeños, pero esa, esa es harina de otro costal. 

Foto Reyes de Escalona. 

22 septiembre, 2025

El pintor liberado.

Había nacido en Sevilla, alrededor de 1590. Su padre ejercía el oficio de grabador en cobre y pintor iluminador, de modo que no es de extrañar que sus hijos Francisco y Juan entraran en el taller familiar a edad temprana. Debió tener buena mano ante el caballete desde jovencito, pues en 1616 el gremio de pintores entablará pleito con él por haber aceptado un encargo del convento Casa Grande de San Francisco sin siquiera haberse aún examinado para ingresar en dicha corporación; dicen que se le agrió el carácter tras este encontronazo inicial e inesperado con sus "colegas" de profesión y que aquél empeoró tras nuevas querellas y litigios. Nada se sabe con certeza, pero no es menos interesante mencionar de Francisco de Herrera el Viejo que destacase tanto como para ser elogiado, asumiendo destacados encargos, como criticado por su áspera forma de ser; curiosamente, la calle que lleva su nombre queda muy cerca del Museo de Bellas Artes de Sevilla, de modo que, para variar, vamos a lo que vamos. 

Foto Reyes de Escalona.

Entre las calles Monsalves y San Roque, no lejos del Museo, como decíamos, la calle de Herrera el Viejo pasó a denominarse de este modo en 1875, en sustitución del anterior "Herrera" a secas, puesto en honor al poeta Fernando de Herrera (1534-1597) pero que en aquel referido año recibió una nueva calle en la zona de San Andrés, de ahí la modificación. Estrecha y con no mucho trayecto, fue conocida como "callejón de San Roque" o como una bocacalle que llegaba hasta la llamada Cruz de la Parra (parra que dio nombre tanto a un corral de vecinos como a un horno, muy conocido por la calidad de sus productos panaderos). Se tienen noticias del empedrado de la calle allá por 1619 y de su adoquinado en 1919, siendo primordial el uso residencial de la mayoría de los edificios, aunque no siempre fue así.

Volvamos a Herrera el Viejo. Pintor barroco, destacado grabador, autor de un extenso catálogo de obras de temática religiosa y profana, tuvo en su contra, como decíamos, un "mal pronto" del que fue víctima incluso un joven Diego Velázquez, aprendiz suyo, que pronto preferirá cambiar de maestro y continuar su formación con quien a la postre será su suegro: Francisco Pacheco, con taller en la calle del Puerco, ahora Trajano. En los muros del Museo sevillano cuelga la increíble Apoteosis de San Hermegildo, una creación llena de colorido, movimiento y energía, rompimiento de gloria incluido con la presencia de los grandes personajes de la Sevilla visigoda: San Isidoro, San Leandro, Recaredo y Leovigildo. La pintura fue realizada para el retablo mayor del jesuita colegio de San Hermenegildo, ahora en restauración, junto a la Plaza del Duque, y dio lugar a un singular episodio.

Apoteosis de San Hermenegildo, sobre 1620-1624. Museo de Bellas Artes de Sevilla.

Sobre 1619, lo cuenta Chaves Rey, el maestro Herrera fue incriminado judicialmente, acusado de fabricación de moneda falsa, lo que podía llevar a severa condena; temeroso de ser apresado y llevado a la Cárcel Real, se acogió a sagrado en el convento de San Hermenegildo, donde pintó el antes referido cuadro. Durante la estancia de la corte del rey Felipe IV en Sevilla en 1624, éste visitó el colegio jesuita y quedó profundamente conmovido por la belleza de la Apoteosis de San Hermenegildo; su majestad, interesada, preguntó por el autor del lienzo, siendo llevado a su presencia el propio Herrera el Viejo, quien humildemente explicó al monarca los pormenores y composición del cuadro, además de su situación de prófugo ante los tribunales. Se dice que Felipe IV, admirado, ordenó sin demora archivar la causa contra el pintor y que quedase libre de toda acusación, ya que, afirmó solemnemente, "quien sabía ejecutar obras como ésa no había menester el oro ni la plata". 

San Buenaventura recibe el hábito de San Francisco. 1628. Museo del Prado.

Fallecida su mujer durante la terrible epidemia de Peste de 1649, trasladado su hijo Herrera el Mozo a Italia (incluso algunos sostienen que huyó de la casa familiar llevándose una elevada suma de dinero), Herrera el Viejo prosiguió con su labor entre colores, lienzos y pinceles, siempre, eso sí, con el sambenito su mal temperamento, de modo que, viudo ya, hasta una hermana suya con quien compartía vivienda prefirió ingresar en un convento antes que continuar conviviendo con él. Trabajó para los franciscanos del colegio de San Buenaventura, entre otros, y se dejó influir por el estilo de Juan de Roelas, siendo considerado uno de los introductores del llamado naturalismo en la pintura hispalense. Desencantado quizá con la ciudad, mudóse a la capital del reino con avanzada edad, y en Madrid, villa y corte, concluirá su vida en la más absoluta pobreza en el año 1654.

Regresamos a la calle que recibió el nombre de nuestro maestro pintor. Álvarez Benavides, en 1871, daba detalles sobre cómo en el número 13 radicaba el Colegio de Nuestra Señora del Amparo:
"Colegio de instrucción primaria para señoritas, bajo la dirección de doña Dolores de los Ríos. En él se inculcan a las alumnas los más rectos principios religiosos y sociales y una esmerada instrucción en lectura, escritura, labores, etc."
Foto Reyes de Escalona.

Pese a esto, dada su condición recoleta y relativamente alejada del bullicio, fue sede de establecimientos relacionados con la prostitución y ello, como es habitual en estos casos, constituyó fuente de problemas de orden público con cierta frecuencia, tal como recogió el diario La Andalucía allá por junio de 1897 en un artículo con la peculiar prosa de aquellas calendas:
"En la calle Herrera el Viejo hubo ayer por la mañana un escándalo terrible. Parece que una "paloma" cambió de nido y las dueñas del palomar que echaron de menos el ave salieron a la calle y armaron tal marimorena que el público que pasaba estuvo entretenido durante dos horas largas.
 
Las frases más obscenas y más asquerosas salieron a relucir y hubo aquello de querer entrar en la casa derribando la cancela y otros excesos. Durante todo el tiempo de la repugnante escena no acertó a pasar por allí ningún guardia, a pesar de estar dicha calle al lado del Museo, sitio donde creemos que hay pareja. 
 
Mentira parece que en una población culta suceda esto. De seguir esta lenidad y este abandono respecto a ciertas industrias que debieran estar relegadas a determinados sitios, las personas honradas tendrán que formar fuerte liga y elegir sus viviendas en las afueras de la capital, toda vez que en la mayoría de las calles del centro hay infinidad de "nidos", cuyas "palomas" no pueden rozarse con las personas decentes".

Se nos quedaba en el tintero; indicando que vivía en la madrileña plazuela de los Herradores, la partida de defunción del maestro Herrera el Viejo se conserva en la parroquia de San Ginés, precisamente el mismo templo en el que contrajo matrimonio Lope de Vega en 1588 o en la que fue enterrado el músico Tomás Luis de Victoria en 1611, pero esa, esa ya es harina de otro costal...