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18 octubre, 2026

Santiago

En esta ocasión, cambiamos de zona y nos vamos al entorno de Santa Catalina-Muro de los Navarros, para acercarnos a una calle cargada de edificios importantes y de prácticamente toda condición, sin olvidar la existencia de una antigua parroquia, el palacio de un hombre hecho a sí mismo y hasta un extinguido convento de clausura, pero, para variar, vamos a lo que vamos. 

Entre el propio Muro de los Navarros y la confluencia de la Plaza de Ponce de León, Azafrán y Juan de Mesa, la calle Santiago se extiende por aproximadamente unos trescientos metros; se sabe que ya en 1584 recibía este nombre debido, como es lógico, a la presencia de la parroquia del mismo nombre, que se encuentra más o menos a mitad de la calle, en la Plaza de Jesús de la Redención. Existe una gran controversia sobre el origen histórico de este templo, ya que mientras algunos autores sostienen la tradición de que está construido sobre la casa en la que residió el mismo apóstol cuando, se supone, residió en la Hispalis romana, otros mantienen en cambio que el germen de dicha iglesia hay que buscarlo en un primitivo templo romano dedicado a la diosa Venus y no faltan quienes aluden a un posible edificio religioso visigodo, transformado posteriormente en mezquita tras la invasión musulmana y vuelto a cristianizar tras 1248 y la conquista de Fernando III de Castilla. 

Perteneciente estilísticamente al grupo de las llamadas "iglesias mudéjares" de Sevilla, experimentó reformas en diversas etapas, especialmente a fines del XVI y comienzos del XVII, cuando se le añadió el artesonado de madera, sobre arcos y columnas de mármol rojo y el retablo mayor, diseñado por Vermondo Resta y ejecutado por el escultor Andrés de Ocampo. En la actualidad, el templo es sede de la Hermandad del Beso de Judas, desde donde cada Lunes Santo hace su anual Estación de Penitencia.

Del mismo modo, la calle ha sido llamada también de San Cosme y San Damián, por la existencia en la misma, desde 1573, del Hospital del mismo nombre, denominado también de Las Bubas, ya que aunque en sus comienzos se dedicó a la curación de afectados por la Peste desde 1383 con sede y hermandad propia formada por médicos y cirujanos frente a la iglesia del Salvador, a la postre se encargó del tratamiento de una de las enfermedades de transmisión sexual más frecuentes por aquellos años, la Sífilis, permaneciendo en funcionamiento hasta 1836, fecha en la que estos servicios médicos quedaron integrados en el Hospital de las Cinco Llagas. 

Pascual Madoz describía el edificio todavía en 1848 de este modo: 

 "Es muy capaz por su extensión, cómodas cuadras, hermosos patios y habitaciones para los empleados. Tenía una buena iglesia con la advocación de las Santas Justa y rufina y en ella estaba la famosa Magdalena penitente, que se considera como una de las mejores obras de Montañés; pero este templo se arruinó y aunque principió a reedificarse, paró la obra que probablemente se terminará."

¿Dónde se encontraba Las Bubas? Si nos atenemos al Plano de Olavide (1771), se ubicaría en la acera derecha entrando por Santa Catalina, quizá a la altura del actual número 6 y en él ejerció como Administrador el sacerdote y poeta Juan de Salinas, de quién hablamos en otra ocasión por poseer calle con su nombre muy cerca de la que ahora comentamos; falleció en 1645 y fue sepultado no lejos de aquel lugar, como veremos, sin olvidar que en esta calle tuvo también su casa, luego palacio de los Acebes el conocido y noble caballero Gonzalo Argote de Molina, militar, poeta, bibliófilo y humanista que llegó a atesorar una importante colección de obras de arte y a relacionarse con un gran número de eruditos y escritores de su época y falleció en las islas Canarias en 1596. 

Uno de los edificios más notables de la calle es el Palacio de Villapanés, ahora establecimiento hotelero, que tras su restauración ha conservado algunos elementos históricos, como por ejemplo el gran escudo heráldico que preside la monumental escalera que da paso a la primera planta. El emblema en cuestión, repleto de detalles, perteneció al constructor del palacio en 1728, el comerciante y militar Manuel López Pintado, nacido en la localidad toledana de Tembleque, quien tras emigrar a Sevilla comenzó una más que rápida carrera como marino, embarcándose en sucesivas expediciones a Indias hasta que finalmente logrará el título de Almirante de la Flota. 

Prueba de su prosperidad social y económica (como decíamos, un auténtico "hombre hecho a sí mismo") es que irá adquiriendo numerosas fincas agrícolas en el Aljarafe, relacionándose con el ámbito bodeguero de Jerez de la Frontera e incrementando notablemente su fortuna, logrando ennoblecerse con el hábito de la Orden de Santiago, el cargo de Caballero Veinticuatro y, al fin, el título de marqués de Torre Blanca de Aljarafe, otorgado por Felipe V. Sus descendientes habitarán el palacio hasta comienzos de nuestro siglo, cuando decidan enajenarlo y quede convertido en el actual hotel. 

Como detalle, hemos encontrado una noticia de mayo de 1933 donde se informa: 

"Esta madrugada a las dos hizo explosión en Sevilla una bomba de gran potencia que había sido colocada en el Palacio de Villapanés, habitado por la marquesa viuda de Villapanés, edificio que tiene el número 19 de la calle de Santiago. La explosión fue tremenda y a consecuencia de ella la puerta del palacio fue arrancada de cuajo, rompiéndose todos los cristales del palacio y de las casas colindantes. El hijo de la marquesa don José Estrada Moreno, ha manifestado su extrañeza por este atentado, pues no pertenecen a la patronal."

Si en este palacio llegaron a convivir unas 200 personas entre familiares, invitados y personal de servicio, casi al lado, en cambio, vivieron hasta 4.000 pero en unas condiciones de vida muy distintas, nos estamos refiriendo al conocido como Corral del Conde, en el número 27 de la calle Santiago, casi al frente del número 22, donde estuvo colocada la llamada Cruz de los Navarros. Considerado como uno de los mejores ejemplos de arquitectura popular, hunde sus orígenes en la etapa musulmana y en el siglo XVII fue propiedad de Don Gaspar de Guzmán, Conde Duque de Olivares, de ahí su nombre. El actual edificio es fruto de la unión del propio corral del Conde con el del Horno y su estructura se articula en torno a un patio con forma de "L", con habitaciones (llegó a tener 134) en tres plantas y lavaderos, cocinas y retretes e incluso capilla comunitarios.

Durante años fue famoso por su populoso vecindario, donde no faltaban las fiestas populares en torno a celebraciones familiares, como bodas, bautizos y velatorios, o populares, como las conocidas Cruces de Mayo, que daban lugar fechas festivas en el calendario, tal como reflejó Francisco Palacios "El Pali" en algunas de sus sevillanas: 

"En el Corral del Conde
hubo un bautizo,
que gozaron con gracia
"to" los vecinos.
Y pa salero
el padrino del niño
que era bombero."

Tras décadas de uso, en las que recibió incluso la visita de los famosos actores cinematográficos Douglas Fairbanks y Mary Pickford en 1924, desgraciadamente en 1969 el corral fue declarado en ruina y diez años después, declarado Monumento Histórico Artístico en noviembre de 1979; a la postre y por fortuna, entre 1981 y 1984 se emprendió su restauración, a cargo del arquitecto José Manuel Martínez Escribano, recuperando el esplendor perdido, aunque ahora, signo de los tiempos, los modernos apartamentos turísticos se han apropiado de aquel recinto. 

Casi enfrente con el zaguán de entrada al Corral del Conde, en el número 38, tal como recuerda un azulejo, tuvo su taller el escultor e imaginero Sebastián Santos Rojas, nacido en 1895 en Higuera de la Sierra (Huelva) y autor, por ejemplo, de la imagen de Jesús de la Sagrada Cena o Dolorosas como la de los Dolores del Cerro del Águila, Refugio, Merced o Concepción, sin olvidar su fecunda producción como artista plástico en esculturas de pequeño formato y monumentos civiles, como el de Carmen la Cigarrera o el busto de Cervantes de la calle Entrecárceles.

Terminamos, no sin antes hacer referencia al poco conocido convento de Santa María de los Reyes, de religiosas dominicas, fundado en 1611 por Sor Francisca Dorotea (retratada por Murillo y cuyo proceso de beatificación se detuvo) sobre las antiguas "Casas Principales" del Duque de Veragua, aunque según investigaciones arqueológicas el lugar habría albergado desde una necrópolis romana hasta un barrio de época almohade, pasando por la residencia medieval del llamado "Rey de Baeza", Fernando Abdelmon, apelado así por haberse convertido al cristianismo en tiempos de la conquista de Sevilla en 1248. Por cierto, en la plaza de Jesús de la Redención, un hotel con encanto ha tomado el nombre del rey, sin mucho fundamento, todo sea dicho.

Con iglesia construida en el XVIII bajo los auspicios del arzobispo Luis Salcedo, en 1970 quedó cerrado el convento y las seis religiosas que quedaban fueron trasladadas al monasterio de Santa María la Real de la calle San Vicente. Será finalmente la Junta de Andalucía quien adquiera el inmueble en 1986, con la desgracia de que en 1991 un incendio destruirá parcialmente la iglesia en la que estaban sepultados Juan de Salinas, Sor Francisca Dorotea y el mismo Manuel López Pintado, lo que obligará a diversas obras de restauración para transformar parte del edificio, ahora perteneciente a la Consejería de Fomento, que por el momento lo mantiene cerrado y sin uso definido pero esa, esa ya es harina de otro costal.

05 octubre, 2026

Dueñas.

Aprovechando la aparente y ¿definitiva? bajada de temperaturas, en esta ocasión, nos vamos a dar una vuelta por una calle que pese a lo corto que supone hacer su trayecto posee el privilegio de haber albergado y albergar conventos, palacios y ser lugar de nacimiento de dos afamados escritores sevillanos; pero, para variar, vamos a lo que vamos. 

Entre la confluencia de Sor Ángela de la Cruz-San Juan de la Palma-Gerona y la calle Doña María Coronel, se extiende una vía que en principio, según Santiago Montoto, recibió el nombre de Duque de Alcalá en el siglo XVI, en alusión a los descendientes de la famosa Catalina de Ribera, aunque desde el siglo XVII, sin embargo, comenzó a ser conocida como calle de las Dueñas, en referencia al convento femenino cisterciense de Santa María de las Dueñas. En el plano de Olavide de 1771, la denominación de Dueñas se extendía incluso por la actual calle Doña María Coronel hasta la esquina con Bustos Tavera.

Solitaria y sin apenas casas a lo largo de la su historia, en esta calle tuvo una de sus primeras sedes la renovada Academia de Pintura, que siguiendo la de Murillo fue refundada en 1759 por el pintor Juan de Uceda y el platero Eugenio Sánchez Reciente, y que alcanzó a contar con 250 alumnos que eran formados en dibujo, modelado, matemáticas y pintura; posteriormente la academia se situará en otras sedes, como la calle del Puerco (actual Trajano) o los Reales Alcázares. 

La calle Dueñas en 1771: el edificio con el número 84 es el desaparecido convento de Las Dueñas.

En la acera derecha, entrando por la esquina del conocido Bar Dueñas (con más de cincuenta años de historia a sus espaldas) habría que echar en falta el antes mencionado convento, fundado en tiempos de Fernando III, siendo el segundo en antigüedad tras el de San Clemente; a las monjas de este lugar se las llamaba "dueñas", de ahí su nombre. A lo largo de su trayectoria como cenobio acogió a religiosas procedentes de la nobleza y gozó de bastante riqueza económica, con tierras de labor en propiedad en numerosos municipios de la provincia; figuras relevantes serán Catalina de los Ríos (que vivió en el siglo XV), que llegó a ser abadesa de las Dueñas y de San Clemente o la monja poetisa Constanza Ossorio (1564-1637), monja y abadesa del convento que destacó por su gran talento en lo musical y en lo lírico, dominando con soltura el latín y teniendo en su haber varias obras escritas de mérito.

Derribo del convento de las Dueñas. 1868.

La revolución de 1868 expropió el convento y procedió, casi inmediatamente, a su derribo, perdiéndose incontables obras de arte, siendo algunos retablos desmontados y llevados a la parroquia de Santa Marina y conservándose en el Museo de Bellas Artes de nuestra ciudad varios valiosos relieves procedentes de otros retablos, obra de Andrés de Ocampo y Miguel de Adán; por su parte, el cancel de madera tallada quedó instalado en la parroquia de Omnium Sanctorum. La comunidad de monjas, tras un penoso periplo por varios conventos sevillanos, marchó finalmente al de Santo Domingo el Antiguo de Toledo, donde quedaron alojadas junto con diversas piezas y documentos de las Dueñas. Como detalle de la destrucción, los magníficos artesonados que decoraban las techumbres fueron algunos vendidos como leña y otros, como hemos encontrado en la prensa local, todavía estaban puestos a la venta en 1912:

En agosto de 1873 la prensa local se hacía eco de la situación en que había quedado el solar del desaparecido convento:

"Rota nuevamente la cañería de agua muy cerca del demolido convento de las Dueñas. corre el líquido por la calle del mismo nombre y por la de Bautista, hasta convertir en un profundo estanque la fosa que existe en la esquina de San Juan de la Palma. De baño público sirve a los muchachos del barrio la improvisada laguna, salpicando con agua tan negra como la tinta y hedionda por añadidura a cuantas personas pasan por los alrededores".

Al parecer, en 1874 se construyó sobre parte del antes mencionado solar un edificio de nueva planta, cuya fachada fue calificada por la prensa como "preciosa y elegante", concebido para albergar la Escuela Municipal de Farmacia, germen del actual Colegio de Farmacéuticos de Sevilla.

Por fortuna, mejor suerte ha corrido el convento del Espíritu Santo, fundado en 1538 por la dama malagueña María de Aguilar, que sería su Abadesa Perpetua hasta su fallecimiento, mientras que en 1711 el cardenal Manuel Arias fundará un colegio para atender a niñas de la nobleza, creándose el Colegio de Niñas Nobles del Espíritu Santo, que en 1965 se abrió a toda clase de niñas con clases de EGB y una residencia universitaria femenina, espacios ambos que serán sustituidos por la actual Casa de Espiritualidad. En la clausura del convento recibe culto el conocido Niño Jesús Milagroso cuya tradición mantiene que fue entregado por un desconocido a las religiosas de manera misteriosa en un cajón de madera, con la intención de que se lo guardasen un tiempo, tiempo que terminó convertido en un año, tras el que las monjas decidieron abrirlo y comprobar que en su interior se hallaba una hermosa imagen del Niño Jesús, que pronto gozó de fama por conceder favores y milagros. En su mano derecha porta una campanita, que algunos afirman haber oído tras producirse un gran favor o milagro. Un azulejo que lo representa aparece en la fachada del convento que da a Dueñas.

El otro gran edificio es el Palacio de las Dueñas, fundado inicialmente en el siglo XIV por la familia Pineda, según la tradición que recoge el cronista Ortiz de Zúñiga, la captura de un miembro de la familia por los musulmanes durante la guerra de Granada obligó a poner a la venta el palacio a fin de pagar el cuantioso rescate reclamado por la liberación del cautivo, siendo la beneficiaria de tal circunstancia Doña Catalina de Ribera, quien adquiere casas, corrales, huertas y edificios en 1496. Reformado profundamente, el palacio permanecerá en poder de los Enríquez de Ribera hasta que en 1612 Antonia Enríquez de Ribera contrae matrimonio con Fernando Álvarez de Toledo y Mendoza, cuarto Duque de Alba, por lo que la propiedad del palacio recaerá desde entonces en este ducado. Tras la muerte de Cayetana de Alba en 2014, el palacio será abierto al público para visitas.

En 1771 se construye su hermosa portada, donde destaca el imponente panel de azulejería con motivos heráldicos, bélicos y el blasón de la familia. En el siglo XIX el duque de Alba decide dividir el palacio en doce apartamentos para alquilar (nada nuevo, por otra parte), siendo la familia Machado una de las arrendatarias, de modo que en julio de 1875 nacerá en este palacio el escritor Antonio Machado, bautizado en la parroquia de San Juan de la Palma; tal como recuerda un precioso azulejo (colocado en 1985) y un curioso monumento, realizado por el escultor Julio López en 2015 y que combina un relieve del escritor con una joven lectora de su obra. En su «Retrato» que aparece en la obra Campos de Castilla recordará sus primeros años con unos versos que han pasado a la historia: "Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla, y un huerto claro donde madura el limonero".

Sin azulejo ni recuerdo, sin embargo, aparece el antiguo número 6 de la calle, ahora sin puerta, donde veintidós años después de Machado, un 7 de agosto de 1897, nacerá Manuel Chaves Nogales, uno de los escritores sevillanos del siglo XX que mejor ha sabido conocer las entretelas de La Ciudad, tal como la retrató en una de sus obras, aunque su formación periodística propiciará que nos haya dejado numerosos reportajes de raiz hispalense, no sólo sobre fiestas populares, sino sobre aspectos sociales y de denuncia sin caer en el falso almíbar ni en la autocomplacencia. Su biografía del matador de toros Juan Belmonte está considerada como una de sus mayores aportaciones literarias, sin olvidar cómo supo retratar con toda crudeza la crueldad de la Guerra Civil Española por parte de ambos bandos en su libro de artículos A sangre y fuego, de 1937. Asqueado por la violencia de los extremismos de izquierda y derecha en los primeros meses de la contienda, decidirá marcharse a París con su familia a fines de 1936 para luego, tras la invasión nazi de 1939, viajar a Londres, donde fallecerá en mayo de 1944 y será sepultado a la temprana edad de 47 años. 

Curiosamente, ese número 6 de Dueñas tendrá varios usos, en él radicaba en 1900 la tienda de Pérez Cobián, aunque en 1906 figuraba la tienda al por menor en la calle Martín Villa 10 y el almacén en Amor de Dios número 23. Dedicada a la fabricación de cabeceros y somieres de cama, con fábrica ubicada entonces en la Macarena, en la zona comprendida ahora entre las calles Antonio Buero Vallejo y  Dr. José Manuel Puelles de los Santos, donde está el IES "Macarena", con el tiempo pasó a la historia por ser zona de chabolas e incluso de fusilamientos en tiempos de la contienda civil. y en 1907 lo ocupará como sede social la Asociación de Albañiles, que allí ya tenía establecido su Centro de Instrucción. 

Terminamos. Aunque no pertenezca a la calle Dueñas, sería imperdonable no mencionar cómo ésta se ve presidida al fondo por la imponente espadaña del antiguo convento de la Paz, sede de la Hermandad de la Sagrada Mortaja, quien cada Semana Santa, como otras cofradías, emplea la calle de la que ahora nos despedimos como parte de su itinerario habitual el Viernes Santo, pero esa, esa ya es harina de otro costal. 





15 junio, 2026

Como la seda.

Con forma de ángulo recto, alejada del bullicio del centro, apenas más que transitada por sus vecinos, próxima a uno de los conventos de clausura más ricos e importantes de Sevilla, en esta ocasión nos vamos a conocer mejor una calle vinculada a un gremio que tuvo una enorme influencia en la ciudad y que, por desgracia, desapareció; pero, para variar, vamos a lo que vamos. 

A tiro de piedra del centenario convento de San Clemente, la calle Arte de la Seda recibió en principio los apelativos de Peral, Arquillo de San Clemente o Compás Viejo de San Clemente, desembocando el tramo más corto a Santa Clara (surgido tras la parcelación de una serie de huertas en el siglo XIV) y el más largo a Lumbreras, tras otra operación similar en torno al año 1500, fruto todo ello quizá, de la expansión urbanística que tenía lugar por aquel entonces en Sevilla, siempre dentro del perímetro amurallado. En 1845 fue rotulada como calle Arte y posteriormente, en 1935 Arte de la Seda. 

Plano de Olavide, año 1771.

El nombre final, el que ha llegado hasta nosotros, se debe, como veremos, a que en esta calle tuvo su casa el gremio o Arte de la Seda, en la que se acopiaban las diferentes piezas de tela una vez terminadas; como corporación, fue heredera del saber musulmán en cuanto a la cría de gusanos de seda y el posterior aprovechamiento de los hilos producidos por éstos como paso previo a su conversión en capullo y mariposa, una compleja y delicada técnica que nació allá por el 2700 a. C. en la lejana China. Las manufacturas sederas sevillanas gozaron de justa fama a lo largo de la Edad Media, prueba de ello es su ubicación en la llamada Alcaicería de la Seda, creada en el año 1196 por el califa Yacub Yusuf y que se asentó en el sector de las calles Hernando Colón y adyacentes, mientra que su Hospital, bajo la advocación de San Onofre, radicó en la calle Santa Ana, en el barrio de San Lorenzo. El comercio con las Indias marcará la edad de oro de los telares sevillanos, habida cuenta también la gran demanda de este tipo de productos por parte de las clases altas y la Iglesia.

Todavía en 1780, según Álvarez Benavides, se contabilizaban doce mil telares en Sevilla, que daban trabajo a cientos de aprendices, oficiales y maestros, sin olvidar la enorme cantidad de personas que criaban gusanos en sus hogares (algo que aún hoy realizan muchos niños cuando llega el mes de marzo) conformando una industria que no tuvo competencia y gozó del privilegio de poder trabajar en la misma calle con la prohibición de que los viandantes molestasen a los operarios bajo severas penas. Por cierto, tuvo siempre este gremio fama de aguerrido, pues miembros del mismo, protagonizaron en gran parte la famosa sublevación del año 1652, en la que, al grito de "Viva el Rey y muera el mal gobierno", muchos se alzaron en armas contra las autoridades por la subida de precios y el encarecimiento del pan, revuelta popular duramente reprimida con la condena y ejecución de sus principales cabecillas.

Ejemplo del auge de la seda hispalense, en la cercana calle Hombre de Piedra se contaba con un establecimiento que llegó a albergar más de seiscientos trabajadores, además de contar con capellán propio, farmacéutico, médico y un sin fin de dependencias. Como detalle urbano, el gremio se asentó en el sector norte de la ciudad, sobre todo en las collaciones de San Marcos, San Gil, San Lorenzo o Santa Marina, lo que motivaría, en el siglo XVII, que oficiales del arte de la seda ingresasen como cofrades en la Hermandad de la Piedad radicada entonces en aquella parroquia, comenzando con ello una etapa de cierto esplendor que culminará a principios del siglo XIX, quizá debido precisamente a la extinción de toda la estructura gremial auspiciada por la corona; como "canto del cisne", haya que mencionar que el gremio se encargó de costear el arco de triunfo erigido en la Puerta de Triana en honor a la reina Isabel de Braganza, esposa de Fernando VII en septiembre de 1816. 

Epidemias como la Peste de 1649, que diezmaron a la población eliminando tanta mano de obra que solo quedaron sesenta telares operativos, más la llegada de tejidos extranjeros, con precios más ventajosos, unidas al retraso tecnológico y las cargas fiscales, provocaron el declive del Arte de la Seda, sobreviviendo apenas unas docenas de telares en el siglo XIX, muy perjudicados por la proliferación de plagas que afectaban al gusano de seda; aunque hubo algún intento loable por revitalizar esta industria a comienzos del siglo XX lo cierto es que poco a poco los telares dejaron de funcionar perdiéndose su sonido característico. 

Foto Reyes de Escalona. 

En el número 13 de la calle que nos ocupa se habría edificado a la antes aludida Casa del Arte, lugar donde se efectuaba el plegado de las telas y demás tareas del gremio, y que poseyó incluso capilla propia, permaneciendo en pie hasta bien entrado el siglo XIX; en nuestros días, dicho solar es ocupado por la trasera de un moderno edificio cuya fachada da a la paralela calle Torneo.

Merece la pena que relatemos que, allá por finales del XVIII ocupaba el cargo de Oidor de la Real Audiencia el granadino Francisco Bruna (apodado popularmente "el Señor del Gran Poder" por su gran influencia en asuntos políticos y culturales) quien había adquirido la costumbre de dar largos paseos en solitario al atardecer, recorriendo lo que sería ahora la Ronda Histórica; una noche, regresando a su domicilio a la calle de la Muela (ahora O´Donnell) al pasar por una solitaria calle del Arte de la Seda se le aproximó un individuo mal vestido y de peor catadura que, embozado y de manera sigilosa le hizo entrega de un doblado pliego de papel a su nombre, con las iniciales "D. C." en el remitente. Llegado a su casa, Bruna abrió la misiva y en ella, en una cuartilla de tosco papel, con mala caligrafía, pudo leer: 

«Sr. D. Francisco: sé que Vd. me persigue  como el perro persigue al gato y como el gato al ratón. El ganarse la vida como yo me la gano y como Vd. se la gana, son los destinos de los hombres, pues cada uno ha nacido con su estrella, y querer pelear con el sino de las criaturas es cosa que ninguna de los dos podemos evitar. Esta tarde he podido matar a Vd., con cuyo asesinato no hubiera hecho más que lo que debe hacer toda persona sentenciada a muerte por Vd., como yo, lo estoy, pero quiero demostrarle que si mi desgracia me echó al camino, alivio algunas penas con el dinero de los ricos, pero no asesino a nadie ni lo rodeo de traidores que lo vendan como Vd. me tiene rodeado y yo me veo obligado a enfriarles la cabeza y pararles lo pies con una bala de retaco*. 

Sé también que ha pregonado mi cabeza en treinta y una onzas de oro y como yo la aprecio en mucho más, dentro de poco tendré el gusto de llevarme esos cuartos para que la Audiencia duplique la cantidad.- Diego Corrientes.»

Ni que decir tiene que este suceso, a medio camino entre la realidad y la leyenda, no hizo sino alimentar la proverbial rivalidad surgida entre el Oidor y el bandolero, de la que ya hablamos cuando repasamos la antigua calle de la Muela y, en cualquier caso, se supone que haría que Bruna dejase de transitar de noche por calles vacías.

Foto Reyes de Escalona. 

Con predominio de viviendas junto con los inevitables apartamentos turísticos, el único edificio reseñable desde el punto de vista artístico, es una antigua central eléctrica de la Catalana de Gas y Electricidad; de estilo neomudéjar y en el número 6, pertenece a una serie de edificios de este tipo diseñada por el arquitecto Antonio Arévalo entre 1914 y 1916, con arcos de herradura, ladrillo y azulejería. Del mismo modo, en el número 17 pervive una antigua casa vecinal con patio en cuyo fondo se puede encontrar todavía un castizo azulejo de una de las grandes devociones del barrio: la Virgen del Carmen de Calatrava, pero esa, esa ya es harina de otro costal.

*Retaco: escopeta corta muy reforzada en la recámara.

Foto Reyes de Escalona. 






31 mayo, 2026

La calle de los Ataúdes.

Repasando notas y borradores, no nos habíamos percatado de un olvido en relación a la serie de artículos que sobre calles y plazas venimos realizando desde hace tiempo: el de una vía muy transitada del Centro Histórico, perpendicular a Sierpes y que desemboca en la segunda plaza más importante de la ciudad; pero, para variar, vamos a lo que vamos. 

Llamada de Gallegos desde al menos 1384, siempre ha existido cierta controversia sobre el origen de esta denominación, pues mientras unos autores sostienen que procede de las gentes de Galicia que acudieron con San Fernando a la conquista de Sevilla y se establecieron aquí, otros opinan que procedería del noble medieval Martín Meléndez Gallego, primero de este linaje. Además, en beneficio de la primera teoría, en esta calle se vendió el llamado "pescado çeçial" procedente de Galicia y que consistía en pescado curado al sol y al aire, sin añadírsele sal. Por cierto, en un callejón cercano, el de Oropesa, estuvo el llamado Corral de los Gallegos, dedicados entonces a ejercer como mozos de cuerda o cargadores, de ahí que popularmente a los costaleros se les llamara "gallegos".

Foto Reyes de Escalona.

El nombre de Gallegos convivió un tiempo (siglos XV y XVI) con otro algo tétrico: Ataúdes, suponemos que debido a la existencia de talleres donde se elaboraban estos funerarios elementos, siempre necesarios, por otra parte, y más en tiempos de epidemias. Gallegos se llevará la palma y, finalmente, se mantendrá hasta 1903, hasta que la calle reciba el nombre de un célebre político, jefe el partido liberal y presidente del Consejo de Ministros, que morirá ese año a los setenta y siete años de edad: Práxedes Mateo Sagasta, y con Sagasta ha llegado hasta nuestros días, salvo un período entre 1938 y 1981 en que volvió a llamarse Gallegos, aunque todo el mundo siguió usando el nombre de Sagasta. A la mitad de la calle se encuentra un callejón o barreduela de bastante antigüedad, pues en el siglo XV se llamaba Ataúderos (casi nada) y en 1868 se cambió por el de Monardes en honor al médico sevillano de dicho apellido; primitivamente unida al antes aludido callejón de Oropesa, al fondo, casi como acceso secreto, se encuentra la puerta trasera de la sede del Círculo Mercantil.

Se tiene noticia de que en origen la calle actual era mucho más estrecha, pero poco a poco, gracias a varios ensanches (uno de ello en 1868 que derribó casas próximas a la esquina con Sierpes) alcanzó la anchura actual. Empedrada o enlosada desde 1585, en 1859 podría presumir de ser una las calles mejor iluminadas de Sevilla. Entrando desde la Plaza del Salvador, el lateral izquierdo aparece ocupado por la fachada del Hospital de San Juan de Dios, fundado en 1574 sobre el antiguo Hospital de las Bubas, y que tiene su acceso a través de amplio zaguán en el número 1 de la calle que resumimos. 

Dada su inmejorable ubicación, la calle será de las más transitadas de Sevilla y en ella, como no podía ser menos, se instalará una gran variedad de talleres, negocios y tiendas de todo tipo, desde librerías como la desaparecida de El Rosario de Oro hasta cervecerías como La Oriental, donde en noviembre de 1925 el Sevilla F. C. colocaba a su cobrador para que los socios abonasen las mensualidades correspondientes a sus cuota, pasando por la Farmacia de Zambrano, tiendas como El Capricho, la Perfumería Floral (que databa de 1936), La Instaladora Moderna (fundada en 1945) o la que regentó el poeta y pregonero Antonio Rodríguez Buzón. 

Por fortuna, aún sobrevive la más que conocida Floristería Montero, fundada en 1880, que puede encontrarse a pie de calle y que exorna los Pasos de las hermandades de la Amargura o el Calvario. Curioso era, en días cuaresmales de los años setenta y ochenta del pasado siglo, contemplar una pequeña réplica de la cofradía de la Hiniesta colocada a lo largo del extenso escaparate de una tienda de trajes de novia que se hallaba entonces esquina con el callejón de Monardes, ahora, cosas de los tiempos, hay un moderno supermercado orientado hacia quienes se hospedan en los cercanos e inevitables apartamentos turísticos. Por cierto, pocas cofradías, de las de verdad, pasan por esta calle.



El historiador José Gestoso, allá por 1899, descubrió nombres de vecinos de la calle en los siglos XVI y XVII con la coincidencia de pertenecer todos al gremio de Espaderos, tales como Bernal de Herrera, Alfón Martínez o Diego Vargas; ello no debe extrañar, ya que la mayoría del gremio tenía también sus talleres en la próxima calle Sierpes, llamada de Espaderos durante una etapa de su historia. En el siglo XIX fue bastante conocida la Fonda Europa, situada en el número 19 y citada por el viajero romántico Richard Ford en 1830 y hemos de añadir que en esta calle de Gallegos vivió el famoso personaje sevillano Manolito Gázquez, famoso por sus míticos embustes, de quien hablamos en otra ocasión. 

Navidad de 1965. A la izquierda la Relojería Torner.

Hace poco más de diez años se produjo el traslado de uno de los establecimientos más característicos de la calle, la Relojería Torner. Fundada en 1877 por Rafael Torner Velasco, en 2015 pasó a la calle Alcaicería al hacerse cargo de ella el bisnieto del fundador; allí mantiene abierto un negocio que ostenta el cargo de Relojero Mayor de la Ciudad y se ha ocupado tradicionalmente del mantenimiento del relojes como el de la Giralda, Ayuntamiento, Reales Alcázares o Rectorado de la Universidad de Sevilla, entre otros. 

Rótulo actual en calle Alcaicería. 

Mención aparte merece que en el número 5 tuvo su sede en 1872 una revista femenina llamada El Nuevo Mundo, dedicada, son sus palabras textuales, "Al bello sexo" y cuya redacción estaba conformada por escritores locales como Luis Montoto, Amador de los Ríos o Cecilia Böhl de Faber, más conocida por su seudónimo de Fernán Caballero.

 
Terminamos. Otros negocios centenarios que sobreviven en la calle Sagasta son, en primer lugar, la Camisería Galán, fundada por el soriano Isaac Galán en 1905 y que aún mantiene la esencia de tienda clásica y cuidada con grandes espejos y mobiliario de madera y en segundo lugar, mucho más conocida, la Administración de Loterías número 16 "Los Millones", fundada en 1919 y que ha dado el Premio Gordo de Navidad hasta en tres ocasiones: 1961, 1966 y 1998, de ahí que sea una de las preferidas por los sevillanos y foráneos a los que no importa soportar largas colas para adquirir los correspondientes décimos navideños, pero esa, con estas "calores", es harina de otro costal.

Foto Reyes de Escalona.



11 mayo, 2026

Siete Revueltas.

Pocas calles en Sevilla como ésta, pocas con una disposición similar, casi ninguna que genere tanta inquietud en quienes no la conocen, ninguna que posea un nombre más explícito; esta semana, en Hispalensia, nos vamos a conocer un calle con solera de siglos; pero, para variar, vamos a lo que vamos.

Foto Reyes de Escalona.

Dejando atrás el bullicio y el trajín de Puente y Pellón, entrando desde la calle Alfonso X el Sabio (antes, Burro), hay un primer giro a la derecha, un segundo giro a la izquierda y a partir de ahí, cada pocos metros, la calle serpentea en siete ocasiones, hasta que al final, tras el último giro, se atisban los veladores del Bar Europa y la esquina de la antigua Ferretería de la Plaza del Pan. Siete Revueltas, quizá uno de los nombres más antiguos de calle en Sevilla, del que ya se tiene noticia en 1429 y que viene a ser casi un fósil de la antigua Morería, que estuvo establecida en este sector hasta llegar a la calle Alhóndiga, pasando por San Pedro y alcanzando la zona de la Alcaicería. 

La influencia mudéjar en este barrio puede apreciarse en algo que ya hemos comentado, como es la tendencia urbanística de calles estrechas y sinuosas, que buscaban evitar la luz solar, así como numerosos callejones sin salida, buen ejemplo de cómo a las viviendas se entraba desde estos espacios casi privados y discretos. Por cierto, el término "mudéjar" proviene de la palabra árabe "mudayyan", o lo que es lo mismo, "aquel que se le permite quedarse", en clara alusión a la población morisca que se mantuvo viviendo en Sevilla todavía en el siglo XVI.

Foto Reyes de Escalona.

Entre 1460 y 1585 el tramo más cercano a la Plaza del Pan era conocido como Herreros o del Hierro Viejo, ya que dicho tramo estaba habitado por herreros, existiendo además una estrecha barreduela conocida como callejuela de los Trapos y que tenía salida a la Alcaicería de la Loza, y que debió cerrarse pese a las solicitudes de los vecinos por mantenerla abierta en el siglo XVIII. 

Sin aceras y peatonal en nuestros días, tuvo, sin embargo, intenso tráfico de carromatos y carruajes en tiempos pasados, colocándose marmolillos para impedir el paso en algunas ocasiones. Conserva aún varias viviendas con el típico esquema sevillano, dos o tres plantas y patio interior, aunque conviven con edificios modernos de pisos. Por cierto, existen calles con nombre similar en ciudades como Fez (en Marruecos), Córdoba, Málaga (demolida en 1960 para crear la Plaza de las Flores), León o Sanlúcar de Barrameda, ésta última junto a la iglesia de Santo Domingo, muy cerca de las bodegas de Argüeso.

A lo largo de los siglos, fue calle de impresores, tal como investigó Joaquín Hazañas en su ensayo sobre la tipografía sevillana; en este sentido, destacaron maestros impresores como Tomás López de Haro (siglo XVII) o Manuel de la Puerta y sus herederos (siglo XVIII); pero no fueron los únicos oficios residentes en esta calle, en el siglo XVI vivieron en ella los plateros Alonso de Angulo, Bartolomé Ximénez, Juan López y Alonso de Córdoba o el cuchillero Alonso Rodríguez, lo que da idea de la importancia de este enclave. A comienzos del siglo XX tuvieron allí sus almacenes la Fábrica de San Clemente, con tienda en calle Lineros 13, la fábrica gorras La Alfonsina y la firma C. Rinaldi, que en marzo de 1904 publicaba anuncios de este tipo en la prensa local:

"Las personas que deseen comprar velos de pura seda de tres varas de largo en todas sus diferentes clases, deben visitar la casa de C. Rinaldi, que ha recibido un enorme surtido para las próximas fiestas, desde las clases más sencillas a las más ricas que se fabrican. Los precios empiezan por 6 pesetas uno. Despacho: Alcaicería 7 (pasaje) y Almacenes, Siete Revueltas 11,13 y 17".

Anuncio en El Noticiero Sevillano. Diciembre de 1922.

Tampoco podemos dejarnos en el tintero que en el número 10 de esta calle tuvo su taller de dorado Francisco Ruiz Rodríguez (1888-1961), más conocido en el mundillo cofrade como el "Maestro Curro" o "Currito el dorador", partícipe en numerosas obras de talla en madera, como el Paso de Jesús de las Tres Caídas de la Hermandad de San Isidoro, el de la Soledad de San Lorenzo o el del Cristo de la Salud de la Hermandad de San Bernardo, labor que mereció que fuera condecorado con la Gran Cruz de Alfonso el Sabio.

Sin embargo, como calle céntrica, bien comunicada aunque discreta y alejada de miradas curiosas, también tuvo "su otra faceta", como la registrada en 1797 cuando los vecinos se quejaban:

"De los escándalos, robos y camorras que continuamente se efectúan en la callejuela sin salida nombrada de los Trapos, a donde concurren a tales excesos mugeres prostitutas, soldados o forasteros de todas clases, productos de los cuarteles, mesones, bodegones y tabernas establecidas en sus inmediaciones, trascendiendo este continuado y abominable mal exemplo a todo el vecindario que por no exponerse y reservar sus buenas familias cierran sus puertas y bentanas".
Foto Reyes de Escalona.

Como dato luctuoso, en marzo de 2002 fue atracado en esta calle un conocido joyero de la Plaza del Pan, de 68 años de edad, que falleció por causa de las heridas sufridas en el asalto, unidas a patologías previas que padecía. El hecho levantó bastante alarma social entre los comerciantes del centro, siendo detenidos dos individuos por tal delito y finalmente condenados a seis años y medio de cárcel tras un juicio que quedó visto para sentencia en el verano del año 2003.  

Los años 70 y 80 del pasado siglo XX fueron época de "movida" juvenil en Siete Revueltas, donde destacaron bares como el Aldama, el Trama o El Mundo Otro Bar, este último punto de encuentro tanto del flamenco más moderno como del incipiente movimiento LGTBI, además de, como ya hemos mencionado antes, el Bar Europa, recientemente restaurado (conservando el azulejo de su esquina, de 1925) y que fue fundado en el año 1922.

Foto Manuel Sousa Puerto.

En el número 21 de la calle que comentamos nació, en 1854, la poetisa Concepción Estevarena, fallecida a la corta edad de veintidós años en la ciudad de Jaca, donde se había trasladado a vivir con un tío suyo sacerdote tras el fallecimiento de sus padres. Figura destacable del movimiento romántico, no llegó a publicar en vida, pues serán sus amigos poetas, José y Mercedes de Velilla los que editen una antología de poemas titulada "Últimas flores" en el año 1877. Y ya que estamos con nacidos en esta calle, aunque el conocido cronista taurino Doctor Theboussen publicó en la revista La Lidia de diciembre de 1886 su partida de bautismo, que tuvo lugar en la Iglesia del Salvador el 17 de marzo de 1754, algunos cronistas han dejado dicho que la calle de nacimiento del matador de toros e inventor de la suerte del "volapié",  José Delgado y Guerra "Pepe Hillo" habría sido la de las Siete Revueltas, pero esa, esa ya es harina de otro costal.

La Lucha. 29 de julio de 1886. Gerona.






13 abril, 2026

Rialto.


En esta ocasión, terminadas ya las celebraciones semanasanteras, recuperamos la costumbre de aportar algunos datos sobre una plaza o calle sevillana concreta y, para la ocasión, nos vamos a ir a una plaza que siempre se ha llamado por un nombre que no es el que aparece en su rótulo y que, incluso, albergó una prisión en tiempos aciagos; pero, para variar, vamos a lo que vamos.


Mucho antes del conocido Plano de Olavide (1771), en 1731, la plaza que comentamos era llamada del Carbón y estaba próxima a la de la Paja, todo ello en el entorno de la parroquia de Santa Catalina. En 1862 el Consistorio hispalense determinó denominar a esta plaza y a una calle que finalizaba en la Puerta Osario con el apellido de un célebre escritor sevillano que vivió a caballo entre los siglos XVI y XVII y que mantuvo tanto amistad con Miguel de Cervantes como profunda enemistad con Quevedo: Juan de Jáuregui. La calle mantiene el nombre, mientras que la plaza fue rotulada con el nombre de un sacerdote: el Padre Jerónimo de Córdoba.

La antigua Plaza del Carbón en el plano de Olavide. 1771.

¿De quién se trata? Francisco Córdoba Roldán había nacido en Villacañas (Toledo) en junio de 1863 y pese a la oposición materna decidió en 1879 ingresar en el noviciado de los Padres Escolapios de Alcalá de Henares, pasando a llamarse desde entonces Jerónimo. Tras una rigurosa formación en la que destacó por su predilección por el Latín, será enviado finalmente al colegio que tenían los escolapios en Sevilla, situado en lo que ahora es sede de EMASESA entre las calles Sol y Luna (ahora, Escuelas Pías). Allí sentará cátedra durante cuarenta y cinco años, como docente vocacional, docto poeta latinista y traductor a dicha lengua, llegando a “latinizar” la novela cervantina Rinconete y Cortadillo; además, será destacado difusor del Esperanto, idioma creado en el siglo XIX con la sana intención de dotar a la Humanidad de una lengua común, aunque no será el único esperantista que aparezca esta vez en nuestra página. Fallecerá en 1933 tras haber formado a no pocas generaciones de alumnos, entre los que se podría destacar un vecino de esta plaza que estamos “visitando”: el poeta Luis Cernuda, que vivirá junto a su familia (su padre era general del Cuerpo de Ingenieros) en el número 28 allá por el año 1918.


Cosa habitual, los vecinos de la plaza se quejarán del mal estado en que se encuentra, baste como ejemplo la reseña aparecida en noviembre de 1897 en El Noticiero Sevillano:

“Es lamentable el estado en que se encuentra la plaza de Jáuregui: en ella no existe alumbrado, pues no puede darse tal nombre a dos postes de madera sin farola ni nada; y como no aparece nunca un vigilante por aquel sitio, los chiquillos hacen continuamente de las suyas, arrancando las piedras, destrozando los árboles y siendo el tormento continuo de aquellos vecinos. Esperamos por quien corresponda se den las oportunas órdenes para reparar el empedrado y para que haya alguna vigilancia, seguro que puede contar con el agradecimiento de todos los que viven en la plaza indicada”.

En aquellos años, era frecuente que la plaza fuera sede de “Veladas” populares, como la organizada por las cigarreras en honor a la Virgen de la Victoria en el año 1900, en una etapa en la que la Hermandad de la Fábrica de Tabacos estaba radicada en la iglesia de Los Terceros, o las organizadas también en honor a Santa Lucía, de la cercana Santa Catalina.

Durante un tiempo, a comienzos del siglo XX, existió en esta zona una comisaría de policía, cuyas autoridades, desbordadas durante las primeras semanas de la Guerra Civil, emplearán el cercano Cine Jáuregui como cárcel improvisada, por la que pasarán innumerables detenidos acusados de pertenecer a partidos o sindicatos de izquierdas. Uno de ellos será otro esperantista destacado, el notario de Coria del Río, Blas Infante, que saldrá de allí en la madrugada del 10 al 11 de agosto de 1936 para ser finalmente fusilado en el Km. 4 de la carretera que unía Sevilla con Carmona. 

Programa de mano del Cine Jáuregui. 1935.

El tristemente famoso Cine cambiará de nombre en los años cuarenta, pasando a llamarse Cine Rialto (quizá en honor al puente veneciano con con ese nombre) y funcionando como sala de estreno y finalmente sala para reposiciones hasta su cierre definitivo en 1998. Signo de los tiempos, ahora es sede de un supermercado de una conocida cadena andaluza, pero generando una huella tan evidente que no somos pocos los que nos referimos a la Plaza del Rialto cuando aludimos a la de Jerónimo de Córdoba.

Casi al lado del Hotel Don Paco, recientemente reformado, se halla el número 1 de la plaza, un edificio de estilo regionalista ideado por el arquitecto José Espiau en 1935, tres años de su muerte, en el que el ladrillo y la forja se conjugan perfectamente. Además, en uno de sus bajos comerciales estuvo hasta no hace mucho una de las tiendas de “Casa Saluíta”, conocida perfumería fundada en 1940 y que aún mantiene abiertos otros establecimientos en nuestra ciudad. Además, merece la pena destacarse el número 6, que ahora alberga un estanco, edificio obra de Aníbal González.

Monumento a Pepe "Peregil" (sombrillas incluidas)

Terminamos. En el año 1915 abre sus puertas en la plaza una bodega dedicada a la expedición de vinos, especialmente los procedentes de la onubense localidad de Manzanilla, que con el paso de los años será regentada por José Pérez “Peregil”, célebre saetero y medalla de la ciudad en 2009, fallecido en 2012 y que puede contemplarse en forma de estatua en el lado opuesto de esta plaza del Rialto, realizada por el escultor José Antonio Navarro Arteaga en 2014. El “Quitapesares” es uno de esos lugares que muchos recuerdan, ahora regentado por Álvaro “Peregil”, en una zona que actualmente está en obras, pero esa, esa ya es harina de otro costal.

12 enero, 2026

La calle del Áncora (o del Ancla).

Entre estos fríos invernales, quizá sea buen momento, recién estrenado el año, para conocer un poco mejor una calle que se creó en el XIX con una sola acera, fue sede de una conocida posada, amén de estar en ella las residencias de una escritora y un torero; pero, para variar, vamos a lo que vamos. 

En antiguos padrones de 1665 se hace mención a la calle del Mesón de Ancla, que estaría entre la actual calle Arfe y el Paseo de Colón, o lo que es lo mismo, pegada al lado sur de la Plaza de Toros. Del nombre dado en el XVII se pasaría, en el XIX a la Acera del Áncora, término este sinónimo de Ancla, mientras poco a poco la calle va conformándose como parte extrema del barrio de la Carretería. Al parecer, muchos de los primeros edificios fueron construidos entre la mencionada posada y las cuadras del coso maestrante, aunque será su proximidad al puerto lo que le otorgue cierto valor ya que por ella se producía la entrada y salida de mercancías procedentes de los navíos surtos en el muelle o destinadas a embarcar en los mismos, de ahí la presencia de no pocos locales destinados a almacenar dichas mercaderías, tal como hemos comprobado, pues, por citar varios ejemplos, en 1871 tenían allí sus sedes la ferretería de Carlos Sironi, el almacén de coloniales de Francisco Santa-Cruz y los almacenes de hierros y aceros propiedades de José María Ibarra y los señores Lamarque y Compañía.

La actual calle Antonia Díaz en 1771. Plano de Olavide.

Precisamente, la proximidad del barrio de la Carretería y la existencia de estos almacenes hará que sean frecuentes las quejas sobre el aspecto que presentará la calle, especialmente en el XIX y comienzos del XX, como ha quedado recogido en algunas crónicas periodísticas de la época, como ésta de mayo de 1897 publicada en el diario local La Andalucía:

UN BARRIO ABANDONADO.

El famoso barrio de la Carretería sigue tan descuidado y tan sucio como de costumbre. Se conoce que al teniente del distrito le importa muy poco hacer cumplir las Ordenanzas municipales, o que los industriales que éstas son amigos del Usía del barrio y siguen en sus trece de interceptar la vía pública con barriles de aceitunas, ruedas de carros, caballerías atadas a las ventanas para herrarlas a la vista del público, etc., etc.

Es muy pintoresco el aspecto de la calle Antonia Díaz, con todos lo artefactos que mencionamos; y si salimos de esta vía principal y nos fijamos en las calles afluentes a la misma, y en las callejuelas que circundan la barriada mencionada, entonces sería cuento de nunca acabar, y las censuras, con ser grandes, resultarían pálido reflejo de la realidad (...) ¿Sería mucho pedir al Usía del distrito que mejorase las condiciones del desdichado barrio, que por incurias y torpezas está convertido en aduar marroquí?"

Dos incisos: en aquellos tiempos se solía llamar "Usía" al concejal como abreviatura de Vuestra Señoría, mientras que se denomina "aduar" al campamento de beduinos formado por chozas y tiendas. 

Anuncio en prensa local, 1877.

Álvarez-Benavides, en sus Curiosidades Sevillanas, narra que la Posada del Áncora estuvo ubicada en el número 19 y que fue muy popular por su antigüedad, conociéndose que el 9 de agosto de 1805 José Toscano, natural del pueblo onubense de Trigueros adquirió dicho establecimiento a la Hermandad de la Sangre, destacando también cómo en el número 9 había un pozo con aguas de tan excelente calidad que los aguadores que asistían a las corridas de toros llenaban sus cántaros en dicho lugar, sin olvidar que, al parecer, en el número 3 pervivió, hasta 1833, la casa original donde vivió el célebre matador de toros José Delgado Guerra, apodado "Pepe-Hillo", cuya cogida y muerte en la Plaza de Madrid en 1801 fue reflejada por Francisco de Goya en uno de sus conocidos grabados. Por cierto, se atribuyó tradicionalmente a Pepe-Hillo la colocación, en esta calle que visitamos, de un retablo con un lienzo representado la caída de Jesús en la calle de la Amargura, llamado entonces "el Señor del Baratillo", imagen que gozó de enorme devoción no sólo entre los vecinos, sino en toda la ciudad, como probaba la gran cantidad de flores, velas y exvotos que le eran ofrecidas.

Foto Reyes de Escalona.

A partir de 1892 la calle será denominada de Antonia Díaz, en honor a la poetisa del mismo nombre, nacida en Marchena en 1827 y casada en 1861 con el también poeta José Lamarque de Novoa, cuyo primer apellido ya ha aparecido un par de párrafos más arriba y que además era cónsul de Australia. Instruida en la educación de la época, quedó siempre en segunda línea por detrás de su marido, pero ello no fue obstáculo para que publicase numerosos artículos y poemas en diversas revistas literarias del momento, en un ambiente cultural que contaba con el telón de fondo de la presencia en Sevilla de la llamada "Corte Chica" de los Duques de Montpensier en el Palacio de San Telmo. 


Estudiada su figura por las profesoras Marta Palenque e Isabel Román de la Universidad de Sevilla,  se sabe que en 1867, tras un largo bagaje de composiciones líricas editadas en publicaciones diversas, editará su primer libro Poesías, en el que predominan la inspiración religiosa y la preocupación moral, mientras que en 1877 ve la luz Flores marchitas, publicado en dos tomos llenos de leyendas, canciones y poemas en métrica diversa. No serán sus únicos libros, llegando su marido a editar, de manera póstuma, una antología de su producción poética que incluyó textos inéditos.

El escritor José María de Cossío, conocedor de su obra, escribió sobre Antonia Díaz en estos términos:

"Fue merecido el singular prestigio de que gozara esta distinguida poetisa sevillana. Su espíritu piadoso, su concepto del papel de la mujer en la literatura, impidieron que desarrollara toda su capacidad poética que, sin duda, era muy grande. Las muestras que ofreció le aseguran un puesto preeminente entre las poetisas del siglo XIX, ciertamente fecundo en ellas. De aptitud literaria nada tenía que envidiar a las más eminentes". 

Desde 1872 el matrimonio de Lamarque y Antonia Díaz vivirá en la Alquería del Pilar, en Dos Hermanas, convertida en punto de encuentro para poetas y escritores, entre los que destacarán Luis Montoto, José y Mercedes de Velilla o un joven Juan Ramón Jiménez. Antonia Díaz fallecerá en 1892.

Foto Reyes de Escalona.

 Durante las primeras décadas del siglo XX proseguirán las quejas sobre el estado de la pavimentación de la calle y sobre la suciedad acumulada en la misma, manteniendo su actividad centrada en almacenes y comercios dedicados a hierros o maquinaria, así como algún tostadero de café y negocios típicos de barrios, como tiendas de ultramarinos o una barbería en el número 3, que en julio de 1934 sufrió un robo que quedó reflejado en la prensa local del momento en estos términos:

 "Un robo. En una peluquería establecida en la calle Antonia Díaz número 3 penetraron ayer tarde unos rateros que se llevaron treinta y dos navajas de afeitar, cuatro máquinas de pelar y varios frascos de esencia, valorado en trescientas cincuenta pesetas. El dueño del establecimiento, José Victorio García, presentó la correspondiente denuncia en la Comisaría de la calle Jesús".

Dos nuevos incisos: por fortuna, la peluquería permanece abierta, con el mismo apellido del dueño citado en el artículo, mientras que conviene indicar que la calle Jesús es, como algún lector habrá adivinado, la calle Jesús del Gran Poder; por cierto, en ese mismo año 1934 y en el número 31, comenzará a emitir su señal la radio oficial del Partido Comunista de España, gestionada por el militante Nicolás Crespo, miembro del comité provincial de dicho partido; en ese mismo edificio también tuvo su sede por aquellas fechas la Sección del Puerto perteneciente al Sindicato Unificado de Transportes.

En 1978 la autoridades municipales expropiarán el edificio situado en la desembocadura de la calle junto a la Plaza de Toros, sede de la consulta de otorrinolaringología del Doctor Alemán; derribado con la idea de dar más visibilidad al coso maestrante, el solar se convertirá en zona ajardinada dónde en 2001 se colocará una estatua dedicada al diestro Curro Romero realizada por el escultor Sebastián Santos Calero.

Foto Reyes de Escalona.

Terminamos; convertida ahora en una vía al servicio del turismo que visita el barrio del Arenal y la Plaza de Toros, repleta de bares, restaurantes y tiendas de souvenires, conserva un callejón, donde tuvo su casa y falleció, en 1998, el torero Antonio Ordóñez, llamado Iris sin que se sepa a ciencia cierta el por qué, que únicamente se convierte en calle cuando se abre la cancela que lo separa de la Plaza de Toros, ya que es el lugar por el que acceden a ella los matadores en días de corrida, pero esa, esa ya es harina de otro costal.