lunes, 13 de enero de 2020

Los Turina y el Señor de Pasión

 


    Han pasado las Navidades y sin más, por así decirlo, ya estamos de nuevo metidos en el ciclo de cultos que las hermandades sevillanas dedican a sus titulares y que tendrá su máxima importancia cuando lleguemos a la cuaresma. Ya se ha celebrado el Quinario a Jesús del Gran Poder o el Tríduo, por ejemplo, a Nuestro P. Jesús Descendido de la Cruz, de la hermandad de la Sagrada Mortaja y en estos días fríos de enero son muchos los fieles y devotos que acuden a la Iglesia Colegial del Divino Salvador para venerar a Jesús de la Pasión durante la anual y solemne Novena que le dedica su Hermandad en cumplimiento de sus Reglas.

    Ya que hablamos de Pasión, como saben quienes leen estos pliego, se trata de una portentosa talla salida de las manos del insigne escultor Martínez Montañés, quien la realizó entre 1610 y 1615, ya que no se ha encontrado documento alguno al respecto, pero bastan las palabras de un fraile mercedario, contemporáneo del escultor, que dejó por escrito que el Nazareno de Pasión «…es obra de aquel insigne maestro Juan Martínez Montañés, asombro de los siglos presentes y admiración de los por venir…». Por su parte, el pintor y tratadista Antonio Palomino, engrandeció aún más la atribución a Montañés añadiendo según la leyenda que «…el mismo artífice, cuando sacaban esta sagrada imagen en la Semana Santa, salía a encontrarla por diferentes calles, diciendo que era imposible que él hubiese ejecutado tal portento»

    Muchos han sido los adjetivos y alabanzas dedicadas a esta portentosa talla barroca, llena de unción sagrada y de belleza difícil de superar. Hace poco la visitábamos en su capilla durante su Besapiés y quedamos sobrecogidos por la serena mansedumbre de su rostro y la magnífica talla de manos y pies, por no hablar de la elección de una túnica bordada, de las que somos partidarios, que dotaban a la imagen de un halo de majestuosidad impresionante.

     Se cuenta, como anécdota que en cierta ocasión acudió a orar ente el Señor de Pasión D. Antonio Despuig y Dameto quien ostentó el Arzobispado de Sevilla de Sevilla entre 1795 y 1799. Tras estar durante bastante tiempo rezando devotamente ante la Imagen, hizo el siguiente comentario para sorpresa de quienes le acompañaban: «Le noto un defecto…»; a lo que concluyó rotundo: «…le falta respirar».

    Tampoco podemos olvidar un apellido, vinculado a la Hermandad de Pasión, el de la familia Turina. El más famoso, lógicamente, es Joaquín Turina Pérez, músico y compositor, autor de obras tan destacables dentro del llamado nacionalismo musical como: La procesión del Rocío (1913), Danzas fantásticas (1919), Sinfonía sevillana (1920), Canto a Sevilla (1925) o La oración del torero (1926).



    Nos interesa destacar en este caso, ya que hablamos del Señor de Pasión, que Joaquín Turina fue hermano activo de la Hermandad y que le dedicó una Misa para Orquesta, una Marcha Fúnebre, innumerables coplas para los cultos y hasta un movimiento de su suite para piano “Por las calles de Sevilla” se titula “ante la Virgen de la Merced”.


     Pero en esta ocasión nos vamos a centrar en el “culpable” de esta predilección del músico hacia su Hermandad, nos referimos a su propio padre, Joaquín Turina y Areal.

    De ascendencia italiana, pasó a la historia de la pintura sevillana como uno de los últimos continuadores decimonónicos de las escenas costumbristas, sin que se conozca de manera precisa ni la mayor parte de su producción ni muchos pormenores de su biografía, debido a la escasa repercusión de su obra. Nacido en 1843, en 1882 contraerá matrimonio con Concepción Pérez, natural de Cantillana (Sevilla), viviendo ya entonces en la casa familiar de la entonces calle Ballestilla, actual Buiza y Mensaque, donde en el actual número 8 figuera una placa recordado que el 9 de diciembre de 1882 sucedió lo que más fama dio al pintor en toda su vida: el nacimiento de su hijo Joaquín, uno de los músicos españoles de mayor celebridad de su tiempo.
     Alumno, al parecer desde los nueve años, de la Escuela de Bellas Artes hispalense, De su producción más temprana se sabe que pintó obras devocionales y también pinturas de frutas y de flores.
     Siguiendo a Carlos G. Navarro, Técnico de Conservación de Pintura del Siglo XIX, Museo del Prado, Turina Padre participó en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1881 con Los dos extremos, y acudió también a la Exposición de Chicago de 1893 con Desembarco de Colón en Palos a su regreso de América.
    Su labor fundamental consistió, durante toda su vida, en la producción de escenas de carácter costumbrista, tan arraigadas en Sevilla desde el romanticismo, con fines puramente comerciales e intenciones meramente decorativas. Se conocen también algunas otras pinturas teñidas de cierto carácter histórico –La ronda nocturna encontrando el cadáver de Escobedo o Un episodio de la sublevación cantonal en 1873– pero sobre todo centradas en aspectos anecdóticos y superficiales del pasado sevillano, como Martínez Montañés viendo salir la procesión de Jesús de Pasión (Sevilla, Hermandad de Pasión).


    La pintura, realizada en 1890, está depositada en la propia Hermandad de Pasión y dedicada por su autor en uno de sus extremos inferiores. Hay dos claros protagonistas en la escena, la obra y su autor. Y rodeando a ambos, toda una atmósfera costumbrista, reflejo de lo que el Abad Gordillo contaba sobre la cofradía en la calle cuando allá por el siglo XVII salía de la iglesia del convento casa grande de la Merced: 

     «salen muy bien compuestos y en mucho número los hermanos y cofrades de ella, y llevan primero su estandarte blanco con cruz carmesí y muy bien acompañados de luces. Va siguiendo la cruz de la parroquia y luego van todos los de la disciplina, seguidos unos de otros. Y en lo último de ella Nuestro Señor en andas sobre hombros de cofrades y hermanos de la cofradía con la Santa Cruz sobre sus hombros y Simón Cirineo que le ayuda.


Son ambas figuras muy proporcionadas a lo que representan y mueven mucho a devoción. Luego siguen los religiosos del Monasterio con sus candelas en las manos, y entre ellos, con la general inadvertencia, unos músicos de canto de órgano, cantando a voz en cuello las letanías… Luego vienen las santas imágenes de María Santísima y San Juan Evangelista que la acompaña, con muchas luces y hachas que llevan los cofrades y hermanos; y después los clérigos parroquiales por orden y mandado del Pontífice Romano…


Es una de las procesiones lucidas, quietas y pacíficas, porque como una de las primitivas y antiguas de la ciudad, no se gobierna del modo que las modernas o nuevas, que hay más regidores que cofrades, sino sólo con dos alcaldes, uno al principio de la procesión y otro al fin de ella, con que van bastantemente gobernados y regidos».


     Pero, ¿De qué iglesia sale la cofradía? En 1890 la Hermandad de Pasión ya radicaba en el Salvador tras un periplo por varios templos, ¿Es San Miguel, iglesia Mudejar derribada en 1868? ¿O pretende representar la Merced dándole esa apariencia falsamente mudéjar? Anacrónicamente, Joaquín turina situa como cirineo al popular “Mirabalcones” que la cofradía poseía desde “sólo” 1841 (vendido en 1951 a la Hermandad de Jesús Nazareno de Aguilar de la Frontera) al igual que parece reflejar las andas de carey y plata que se perdieron durante la invasión francesa y que algunos sostienen que están en el Louvre parisino. Llama la atención el escaso exorno floral y la exigua iluminación, cuatro faroles, reflejo quizá de cómo se disponían las andas procesionales en tiempos de Turina.

     Sigue al paso, portado a hombros por cofrades de penitente con antifaces morados, la comunidad de la Merced, con sus hábitos blancos, conservados como recuerdo ahora en los manigueteros del paso de la Virgen de la Merced, comunidad monacal que acompañaba, por un concierto con la hermandad de 1579, su estación penitencial, que por aquellas fechas tenía lugar en la madrugada del Viernes Santo o en la noche del Jueves Santo. 

     El escultor, ya anciano, es representado sentado en un sillón frailuno, con las manos entrelazadas en actitud orante, con la mirada fija en el Nazareno de Pasión, está flanqueado por un grupo de personajes que abarcan desde la joven doncella acompañada de su ama hasta un grupo de fieros caballeros de poblados bigotes con espadas al cinto, golillas y botas altas, descubiertos los sombreros al paso de la procesión aunque con rostros devotos, quizá impresionados por el sonido de los latigazos de los flagelantes descalzos, con sus espaldas ensangrentadas.

lunes, 23 de diciembre de 2019

Una Puerta para nacer.

    Teniendo en cuenta las fechas en las que nos encontramos, hemos decidido en aquesta ocasión que sería bonito dar pormenores sobre algo que en estos días se visita, se contempla y se disfruta, tanto por niños, como por mayores: nos referimos a los tradicionales Nacimientos o Belenes, que se instalan por instituciones, hermandades, asociaciones o entidades con el fin de recrear, con mayor o menor fortuna, el entorno de esa Belén de Judea donde nació Jesús de Nazaret. 
 
    Líbrenos Dios hablar de ríos de papel de plata, figuras de animales del más diverso pelaje o pastores y reyes encaminados al pesebre, aunque desde luego vaya desde aquí nuestro más sincero homenaje hacia esas personas que durante los meses previos a la Navidad se desviven en el montaje de sus Belenes, y que luego los muestran y comparten con amigos e invitados.


    Vamos a hablar, pues, de uno de los Nacimientos más antiguos de Sevilla, si no el que más, y que ha dado nombre incluso a una de la puerta de la catedral hispalense, aunque esa puerta, por la que entran las cofradías en las jornadas de Semana Santa sea nombrada con otro nombre.



    Pero vayamos por partes.



    A comienzos del siglo XV, los canónigos de la Catedral, un poco cansados de mantener en pie la primitiva mezquita mayor musulmana convertida en primer templo de la ciudad desde 1248, acometieron la fabulosa tarea de realizar una nueva catedral, tan imponente, que según se decía entonces, los canónigos formularon una frase que pasaría a la historia: «Hagamos una iglesia tan hermosa y tan grandiosa que los que la vieren labrada nos tengan por locos».



    Las obras, al parecer, arrancaron en 1434 por lo que serían los pies del templo, esto es, la zona contraria al altar mayor, lo que ahora es el testero correspondiente la actual Avenida de la Constitución, y fueron desarrollándose con lentitud, derribando zonas constructivas de la etapa almohade/cristiana y levantando elementos góticos. La llamada “piedra postrera” sobre el cimborrio se colocará el 10 de octubre de 1506, aunque los trabajos seguirían. Vamos, que 72 años dieron para mucho.



    Como buena catedral, necesitaba puertas (“postigos”) de acceso, y por tanto no es de extrañar que en el plano original, reencontrada una copia suya en el convento de bidaurreta en Oñate (Guipúzcoa), aparecieran. El edificio proyectado, aún sin cuantificar sus dimensiones, era colosal: 5 naves con 32 pilares exentos, 22 unidos a estribos, 4 pilastras, 9 puertas y un total de 20 capillas laterales, se da la curiosidad de que la catedral de Sevilla y la de México son las dos únicas en el mundo que poseen dos puertas en sus cabeceras.



     Y ya que hablamos de puertas... como ven, corremos el riesgo de siempre, el de irnos por las ramas y no centrar el tema. Lo retomamos, pues, si les parece.



    Mencionábamos la fachada del lado Este de la catedral en la que destacan las portadas del Bautismo y de la Asunción, puerta ésta que solo se abre en ocasiones excepcionales, como la llegada de un nuevo prelado a la sede hispalense. La tercera puerta, la que nos interesa, se sitúa en el extremo más próximo a la Puerta de Jerez, casi en la esquina con la calle Fray Ceferino González, muy cerca, por tanto, de la antigua Lonja de Mercaderes o actual Archivo de Indias.



    Desde siempre se la ha llamado “de San Miguel”, pero ¿por qué? Pues porque enfrente, se hallaba el llamado Colegio de San Miguel, propiedad de la Catedral y en el que estudiaban los niños (unos 40) que luego pasarían a forma parte del personal subalterno del primer templo de la ciudad como sacristanes, peones o intregados en la escolanía o de los propios Seises bajo la supervisión del Maestro de Capilla. Andando los siglos el colegio desaparecería y se construiría el moderno edificion de la plaza del cabildo (donde venden sellos y monedas en las mañanas dominicales), quedando como recuerdo de aquella antigua etapa la portada de estilo gótico mudéjar que da a la propia Avenida de la Constitución.



    Al lado de la puerta propiamente dicha, aparece una lápida que indica que nos encontramos en el “Quartel A, Barrio 1, Manzana 13”, resto de la organización urbana que realizó allá por 1769 el Asistente Pablo de Olavide. Y justo delante, seguimos con detalles, hay en el suelo una inscripción que recuerda que allí arranca ni más ni menos que el camino jacobeo, el camino para los que peregrinen desde Sevilla a Santiago de Compostela.



    En la portada del Nacimiento, como pueden imaginar los oyentes, se desarrolla el comienzo del Nuevo Testamento, escrito por los cuatro evangelistas, y la difusión del mensaje cristiano junto con los orígenes de la Iglesia hispánica, representada por el primer obispo de Sevilla, San Laureano y el mártir San Hermenegildo. 



     Es curioso, pero en este caso la parte escultórica más antigua son los altorrelieves en piedra que rodean los tímpanos y que se ejecutaron a mediados del siglo XV en sincronía con la decoración arquitectónica realizada por los entalladores; la calidad de la piedra dificultó su calidad plástica pero son obras de bastante interés. 

 



      Los siete profetas y el ángel de la portada del Bautismo fueron realizados en 1449 y presentan una talla más detallista, más trabajada y unos rasgos formales diferentes a los ángeles de la portada del Nacimiento. En esta última, seguimos a la profesora Teresa Laguna, los paños de las figuras son menos angulosos, los rasgos faciales más inflamados y los cabellos tienen distinto volumen; responden claramente a la obra de un escultor distinto que trabajaría inmediatamente después.



     ¿Un escultor distinto? En 1804 Ceán Bermúdez las atribuyó a Lope Marín, escultor de la primera mitad del sigloXVI, y su opinión fue compartida por posteriormente hasta que Francisco Tubino en 1877 hizo una leve referencia al trabajo de Mercadante de Bretaña. Pocos años después, un viejo conocido de este programa, José Gestoso, alcanzó a leer las dos cartelas de los profetas de la portada del Bautismo y señaló el trabajo de Pedro Millán al cual, por extensión, atribuyó prácticamente la totalidad de las imágenes de estas dos portadas occidentales.



     Sin embargo, en 1911, será el eminente historiador granadino Manuel Gómez Moreno quien llame la atención de manera irrefutable sobre el carácter flamenco de dichas esculturas y las relacione con un sepulcro conservado en la propia catedral: el del Cardenal Cervantes,  firmado por Mercadante de Bretaña. Su acertada teoría fue aceptada por otro gran investigador (en este caso nacido en Valverde del Camino) Diego Angulo y la mantienen todos los historiadores desde entonces.



    ¿Cómo llegan las formas artísticas flamencas a Sevilla? Se constatan, poco a poco, a partir del segundo tercio del siglo XV, y en escultura está relacionada documentalmente con la llegada de Lorenzo Mercadante de Bretaña para realizar, a requerimiento del Cabildo, el sepulcro de Don Juan de Cervantes, cardenal de Ostia y uno de los prelados más influyentes de este período, que fue arzobispo de esta diócesis desde 1449 hasta su fallecimiento. La figura del cardenal y la importancia del encargo hicieron necesaria la presencia en esta ciudad de un escultor de reconocido prestigio, y cuatro meses más tarde «Maestre Lorenço, mercader imaginero» llegó a Sevilla y percibió seiscientos maravedíes por su viaje desde Francia; a finales de 1454 tenía casi concluida la escultura yacente del prelado y había realizado para la Catedral una escultura en alabastro de la Virgen. En el sepulcro, tallado en alabastro entre 1454 y 1458 para la capilla de San Hermenegildo, contrastó con acusado realismo los rasgos del prelado con la riqueza plástica de sus vestiduras litúrgicas y en el túmulo confirió un tratamiento flamenco no sólo a las imágenes sino incluso a los ciervos de los escudos; es la única obra que firmó y por su calidad destaca entre la escultura funeraria contemporánea.



    Tenemos, pues, Antonio, a un escultor de primera linea como Mercadante y un material quizá no tan manejable o noble como el barro, pero el resultado constituye una escena fundamental para entender la Natividad en Sevilla.



    En el centro, figura central, está el Niño, dejado sobre las pajas, y sobre él un coro de ángeles que cantan gozosos su nacimiento. Las figuras de la Virgen y San José, vestidos de traje de época del artista, están en actitud de adoración, con manos orantes. Detrás de la Virgen surgen las cabezas del buey y la mula, asomadas desde el establo para completar el misterio. Y detrás de San José, una pastora con regalos para el recién nacido. Sobre las figuras, unos tejadillos góticos ponen un signo de acogida y recogimiento a la escena. A los dos lados, unos pastores que reciben con gozo el anuncio del ángel, en un relieve menos marcados, y una vista de Belén, esto alarga la escena central hacia dentro, dándole una mayor profundidad.



     Esta figura de la pastora, escribe el padre jesuita García Gutiérrez, es de lo más interesante del arte gótico, en que ya se manifiestan abiertamente los sentimientos al exterior: la pastora ríe de alegría, mientras mira a la escena de la Sagrada Familia. La risa abierta aparece algunas veces como un gesto de la maestría a que ha llegado la escultura gótica. Igual puede verse en el rostro del Profeta Daniel, en el Pórtico de la Gloria de la Catedral de Santiago de Compostela. Esta manifestación abierta de los sentimientos indica una alta perfección en el arte, que con más facilidad, y anterior en el tiempo, muestra la pena que el gozo de la escultura.


     Terminamos nuestro pliego navideño, no sin antes desear a quienes lo leyeran unas Felices Pascuas y que el Niño Dios nos colme de bendiciones.

lunes, 2 de diciembre de 2019

Arjona, el Asistente.

Audio emitido en la mañana del lunes 2 de diciembre en el programa "Estilo Sevilla".


     Hoy, 2 de diciembre, nos vamos a centrar en un personaje histórico vinculado a nuestra ciudad, aunque naciera en la villa ducal de Osuna, donde se conserva aún el palacio de su familia, convertido ahora en oficina de turismo; si el lunes pasado nos movimos en los límites de los siglo XVI y XVII, en esta ocasión lo haremos a caballo entre el XVIII y el XIX, especialmente en este último, y turbulento, siglo. 

     Si decimos que fue nuestro personaje quien prohibió a los sevillanos tener cerdos en sus casas o que regasen las macetas durante el día (prohibición que aún hoy sigue vigente bajo multa de 120,00 € según las ordenanzas municipales), quizá sea difícultosa su identificación, de modo que será mejor que desvelemos su identidad: José Manuel Arjona y Cubas, Asistente de Sevilla, hoy habría celebrado su cumpleaños, ya que nació tal día como hoy en 1781, de familia oriunda de Comares, en Málaga, y con antecedentes nobiliarios, ocupando su padre en el momento de su nacimiento el puesto de Corregidor ursaonés. 

    Formado en leyes en las universidades de Osuna y Sevilla, muy joven alcanzará el puesto de magistrado en Extremadura. Allí vivirá la guerra de independencia y de allí saldrá ascendido hacia la corte del recién repuesto Fernando VII, quien lo nombrará sucesivamente y en pocos años Alcalde de Casa y Corte, Fiscal del Supremos Consejo del Almirantazgo y Corregidor de Madrid, ya en 1817, donde realizará una encomiable labor instalando alumbrado de gas, adecentando calles y plazas e incluso un nuevo teatro. El trienio liberal supondrá un parón en su carrera, pero el regreso Fernando VII al trono supondrá de nuevo situarse en la carrera de ascensos, desde Superintendente General de Vigilancia Pública para luego acceder al Ministerio del Consejo de la Cámara Real hasta finalmente ser nombrado en abril de 1825 Asistente de Sevilla e Intendente del Ejército de Andalucía. ¿Cuáles eran sus funciones? Prácticamente resolver todos los asuntos municipales, ser juez de primera instancia en lo civil y en lo criminal y ostentar el rango de Mariscal de Campo. Todo ello era una carga de trabajo importante, pero tenía sus recompensas: residir en los Reales Alcázares. 

    Ambicioso como buen hijo de su época, afrancesado hasta la médula, era también de carácter esforzado y emprendedor, con iniciativas siempre buscando el bien de los ciudadanos, por lo que supo rodearse de un eficiente equipo de colaboradores, como Melchor Cano, de quien hablaremos más adelante. Además, contó con factores a su favor tales como la positiva situación económica que siguió a la Guerra de Independencia, sus magnificas y fluidas relaciones con la corte madrileña; todo ello se sumó para lograr una serie de reformas que modificaron no poco a la Sevilla de la época. 

    Como bien afirma el profesor Ramírez Olid, una de las mayores preocupaciones era la política de abastos, esto es, el suministro de alimentos para la población y las condiciones de su vento en lo referente a precios, higiene, pesas y medidas, y haciendo especial hincapié en la necesidad de concentrar los puntos de venta dispersos en mercados habilitados expresamente para ello. Para ello, Arjona creará los mercados de la Feria, Triana y la Encarnación, proyectado este último por Cano sobre el solar del derribado convento agustino de ese nombre, víctima de la piqueta durante la ocupación francesa. 

     Cano se ocupará de todos los detalles, El interior del primitivo mercado estaba organizado en tres amplias calles, con galerías cubiertas, a ambos lados de las cuales se situaban los puestos ordenados según los artículos de venta: pan , frutas y hortalizas, carne fresca y chacina, pescado.... y en su centro, donde se ubicaban los puestos de venta más efímera se situaba una fuente mármol (la que está en la actualidad en la Plaza) rodeada de los cuatro árboles que aún hoy se conservan. Al enorme recinto, con 430 placeros, algo más que una plaza de abastos al uso, se accedía por ocho puertas, tres en cada lado largo (que coincidía con las antiguas calles del Correo y del Aire); y una puerta en cada lado menor, esto es, a la calle Dados (actual Puente y Pellón) y a Regina. Sevilla, tras varias epidemias, era una ciudad insalubre, falta de higene, sucia. A la falta de un servicio de limpieza diario (Lipasam era algo impensable en aquellos tiempos), había que unir la inexistencia de una conciencia cívica sobre vertidos en la calle de las más variadas sustancias, por decirlo en plan fino, Antonio… 

      En 1828 Arjona presentará un Reglamento de Policía Urbana en el que se tratarán de ordenar los más elementos aspectos de la vida cotidiana con el fin de facilitar la convivencia de los sevillanos. No es de extrañar que en ese texto se contemplaran aspectos relativos al alumbrado, pavimentación, jardines y especialmente a la limpieza callejera. Siempre se ha dicho, Antonio, que es interesante analizar una lista de prohibiciones, porque de ellas pueden extraerse costumbres, gestos o actos que se ejecutan habitualmente y necesitan ser suprimidos por ir en contra de convivencia. 

     La profesora María Dolores Antigüedad, al analizar las normas, destaca sorprendentemente prohibiciones como la de tener cerdos en casa, regar las macetas en horario diurno, arrojar cosas por las puertas o ventanas de las viviendas (imagínate, Antonio, qué cosas…), dejar animales muertos en las calles o tener gallinas sueltas por las calles, o que los perros anden sueltos sin bozal bajo pena de fuertes multas, así que, es evidente que todas estas cosas las hacían los sevillanos con total naturalidad, como si tal cosa, aunque lógicamente eran, como se dice ahora, “muy fuertes”… Al hilo de la cuestión higiénica, Arjona será el primero que se preocupe por el problema grave que constituían las “aguas menores” y “mayores” en la vía pública, vamos, que los sevillanos hacían sus necesidades donde querían sin tener nada en cuenta. 

     Al hilo de esta cuestión es muy curiosa la historia ocurrida unas décadas antes en la Iglesia Colegial del Salvador, donde, hartos de la suciedad de los muros, sus canónigos decidieron sus bajos con llamas a semejanza del Infierno con la idea de amenazar con la condena eterna a quien osara profanar las paredes del templo; baste decir que un tiempo después los propios canónigos resolvieron suprimir esas pinturas “llameantes” por el poco efecto que causaban entre la población masculina, deseosa de vaciar su vejiga donde fuera, y no por capricho, sino porque en la mayoría de las viviendas no existían retretes, como mucho, pozos negros en los corrales de vecinos y pare usted de contar. 

      ¿Qué solución buscará el Asistente Arjona? Construir los llamados evacuatorios en los lugares de mayor paso de personas, dotarlos de depósitos de agua y evitar así desagradables situaciones. 

      Entre 1827 y 1833 abrirá cuatro camposantos, situándolos extramuros, entre ellos el de San Sebastián, ahora frente a la parroquia y otro, por ejemplo en Triana, llamado de San José, en terrenos ahora ocupados por la Torre Pelli, qué cosas… Mercados, higiene, cementerios, pero Arjona también pasará a la historia por derribar la antigua fábrica de tabacos, y crear la actual plaza del Cristo de Burgos, así como las plazas de doña elvira y de Armas. Tampoco podemos olvidar cómo supo gestar tres espacios en la ciudad que aún hoy, tras más de dos siglos, casi, subsisten: 

  • Aún admitiendo que la Plaza era perteneciente al ducado de Medina-Sidonia, Arjona recurrió a su Arquitecto Mayor, Melchor Cano, para modificarla, convirtiéndola en uno de los “salones” más concurridos por la alta sociedad sevillana, que acudía allí a pasear, a ver, y a ser vistos. Formado por cuatro calles junto a un salón central, se hallaba decorado con numerosa arboleda y una fuente en su centro. 
  • Tras proceder al derribo de la muralla almohade que unía la Torre del Oro con la de la Plata, acometió la tarea de embellecer los márgenes del río, se construyen, entre 1826 y 1829, unos jardines en el espacio triangular cuyos extremos eran la Puerta de jerez, la Torre del Oro y el palacio de San Telmo. El terreno fue allanado y aprovechados los arrecifes que desde la citada puerta se dirigfan a la Uni-versidad de Mareantes (palacio de San Telmo, al paseo de la Bella Flor, que discurría junto al río, el que se formará más tarde una vez cubierto el arroyo Tagarete. El salón del Cristina fue inaugurado en la onomástica de la reina. Contaba con pavimento de losas, estanques, fuentes, estatuas, bancos de pie-dra, cuadros de flores, etc. Fue obra de Mel-chor Cano. 
  • El camino de Bellaflor (o de Bella Flor) pasó a ser en la segunda mitad del XVIII un agradable paseo iniciado por otro asistente: Don Pablo de Olavide. Don José Manuel de Arjona completaría la obra de Ávalos, prolongando el paseo que tendría sus comienzos junto al antiguo Colegio de San Telmo (hoy sede de la Presidencia de la Junta de Andalucía) para terminar en los alrededores de la venta de Eritaña, aproximadamente donde hoy se encuentra la Glorieta de México. 

     Estas operaciones llevarían consigo, también, el trazado del denominado Salón de Cristina, en el otro extremo del nuevo paseo, jardines conocidos hoy como los Jardines de Cristina. Trazados bajo la dirección de Claudio Boutelou, recibieron el nombre de Jardines de las Delicias con el apelativo popular de las “Delicias de Arjona” en referencia al Asistente, iniciándose en 1826 para estar totalmente terminadas las obras en 1829. Los primitivos ajardinamientos anteriores a Arjona se conocerían como las “Delicias viejas”. Las crónicas de la época hacen cumplida referencia a numerosas plantas de origen americano traídas para su plantación en estos nuevos jardines, que fueron vivero con más de 100.000 especies. 

    ¡Vaya labor la del Señor Arjona! Los barrios de la Resolana, del Campo de los Mártires o de San Roque tienen mucho que ver con él, al igual que la construcción de más de 700 viviendas, la pavimentación de un tercio de las calles de Sevilla, el acondicionamiento de los accesos desde la Cruz del Campo o Triana, o finalmente, el comienzo del expediente para la construcción de un puente que sustituyera al puente de barcas: el puente de Triana. Pero esa, esa ya es otra historia….

lunes, 25 de noviembre de 2019

El "Monstruo de la Naturaleza" y Sevilla.


           


Hoy lunes, 25 de noviembre se cumplen 457 años del nacimiento, allá en el Madrid de los Austrias, del llamado Fénix de los Ingenios o también Monstruo de la Naturaleza (así lo calificó Miguel de Cervantes). Autor de innumerables obras literarias, pasará a la historia por su ingente capacidad para crear piezas teatrales, comedias, con las que se consagrá en una etapa, la barroca, en la que tendrá como antagonistas a escritores de la talla de Calderón de la Barca o Tirso de Molina, en una etapa en la que el teatro barroco se convierte en un auténtico fenómeno de masas, aún contando con la oposición de la jerarquía eclesiástica que veía en los corrales de comedias, auténticos lugares de pecado. 

          El teatro cobra un tremendo auge, hay rivalidad, pendencias, grupos de espectadores que van a abuchear y reventar los estrenos del autor rival, todo ello mezclado con el estruendoso ambiente de los corrales de comedias, donde por un precio irrisorio se podía, comer, beber, gritar, abuchear, silbar, lanzar objetos y disfrutar del espectáculo (como el fútbol, vamos). La situación será tal, que el Consejo de Castilla habrá de regular los corrales de comedias, mediante un decreto, en el que incluía la presencia de un alguacil, con el objetivo de vigilar que: "...no haya ruidos, ni alborotos, ni escandalos, y que los hombres y mujeres estén apartados, así en los asientos, como en las entradas y salidas, para que no hagan cosas deshonestas y para que no consientan entrar en los baños a persona alguna fuera de los actores."  

           Mil disculpas, con tanto corral y tanta comedia hemos dejado abandonado a quien hoy habría celebrado su cumpleaños, nada más y nada menos que Don Lope de Vega y Carpio, un genio del siglo de oro español y cuya vida, rodeada de mil andanzas, merece hoy, en su cumpleaños, una modesta reseña. De familia modesta, hijo de padre bordador y madre de quien poco se conoce, Lope manifestó de niño una gran inteligencia y habilidad para el latín, ya que se sabe que con apenas cinco años lo leía con enorme soltura y que con 12 años era capaz de escribir comedias con singular estilo, lo que se dice un niño prodigio, vamos. 

       El poeta y músico Vicente Espinel será su maestro y protector, entrando a estudiar en el colegio jesuita madrileño de los teatinos y también en el llamado Colegio de los Manriques de Alcalá de Henares, pero se sabe que no logró título alguno, quizá por que ya en aquellas fechas había entrado en escena, nunca mejor dicho, otra de las grandes pasiones de Lope de Vega y por cuya culpa se vería metido en no pocos sinsabores y desdichas, aunque también en gozos y alegrías: las mujeres. ¡con 18 años ya estaba “amancebado” esto es, conviviendo sin contraer matrimonio canónico con María de Aragón, con quien tendrá su primera hija!                 

       Fino bigote, recortada perilla y aires de galán, apasionado, atribulado, sensible, impetuoso, él mismo parece un personaje sacado de sus propios dramas, todo un seductor con indudable capacidad para el galanteo. 

       Es evidente que con estos antecedentes no era firme candidato para el sacerdocio, de modo que hubo de buscar fortuna haciendo lo que mejor sabía: escribir. Prosiguió con sus estudios con regular éxito, pero de todas estas ocupaciones le distraían las continuas relaciones amorosas. 

       Elena Osorio, a la que conoció en 1583, fue su primer gran amor, la «Filis» de sus versos, separada entonces de su marido, el actor Cristóbal Calderón; Lope estuvo cuatro años con ella y pagaba sus favores con comedias para la compañía del padre de su amada, el empresario teatral o autor Jerónimo Velázquez. En 1587 Elena aceptó, por conveniencia, entablar una relación con el noble Francisco Perrenot Granvela, sobrino del poderoso cardenal Granvela. Un despechado Lope de Vega hizo entonces circular contra ella y su familia unos libelos: 

Una dama se vende 
a quien la quiera. 
En almoneda está. 
¿Quieren comprarla? 
Su padre es quien la vende, 
que aunque calla, 
su madre la sirvió de pregonera... 

    Su vida será a partir de entonces un constante ir y venir, lleno de inquietudes y dificultades, pero siempre llevado por el corazón, siempre alentado por el amor a una mujer… 

           Podríamos seguir con la novelesca vida del autor de Fuenteovejuna, pero en esta mañana de lunes, si te parece Antonio, nos centraremos en su relación con nuestra ciudad, con Sevilla. Presente en sus obras, ahora lo comentaremos, no podemos olvidar que vivió en aquella Sevilla puerto y puerta de Indias, por la que entraban innumerables riquezas y que atraía a gentes de toda condición social y económica en busca de la “aventura americana”.

        Estudios como los de García baquero o Serrera contreras ponen de manifiesto que en su niñez, cuando era ya un experto en latines, vivió en nuestra ciudad, en concreto en la casa de su tío Miguel de Carpio, entonces inquisidor de Sevilla, y que tenía su residencia al parecer en el barrio de Triana, lo cual no es de extrañar habida cuenta la proximidad al Castillo de San Jorge, la siniestra fortaleza sede del Santo Oficio. Lope de Vega le dedicará palabras de agradecimiento en la dedicatoria de su comedia La hermosa Ester (1621) : "de noble y santa memoria, en cuya casa pasé algunos de los primeros días de mi vida" y en donde el poeta recuerda con agrado que se crió y que con él "aprendió las primeras letras latinas". Debió ser duro e intransigente en su inquisitorial oficio don Miguel, ya que por entonces era considerado "hombre por quien hoy dicen en Sevilla cuando una cosa está caliente: 'quema como Carpio'"

      Como curiosidad, Miguel del Carpio será uno de los inquisidores que investiguen a Teresa de Ávila tras ser denunciada por una dama sevillana que no fue aceptada en la comunidad carmelita descalza, siendo imputada de practicar una doctrina nueva y supersticiosa, llena de embustes y semejante a la de los alumbrados de Extremadura. Los inquisidores investigan sobre el «Libro de la Vida»; están seguros de que contiene engaños muy graves para la fe cristiana. El documento está fechado en Triana, en el castillo de San Jorge, el 23 de enero de 1576. Finalmente, los propios inquisidores comprobarán las patrañas de la dama denunciante y la Santa de Ávila saldrá airosa de un proceso que a punto está de llevarla a las cárceles trianeras. 

      Como puede atisbarse, vive Dios, de nuevo nos estamos yendo por las ramas... 

      Ya en el siglo XVII, está completamente comprobado que entre 1600 y 1604 Lope de Vega residirá en Sevilla. ¿Concidió con Cervantes? Quizá, aunque no hay pruebas documentales. Se sabe que por aquel entonces Lope de Vega se hallaba ya casado en segunda nupcias (su primera esposa falleció de sobreparto) con Juana de Guardo, hija de un rico abastecedor de carne madrileño, con quien tendrá tres hijos. 

      Sin embargo, Juana se encuentra en Madrid, mientras que Lope pasea por las calles hispalenses llevando del brazo a otra mujer, ¿quién? Micaela de Luján. Actriz de gran belleza, su marido había cruzado el Atlántico y se hallaba por aquel entonces en el Perú, falleciendo allí en 1603. 

     Ignorando una vez más las convenciones sociales de la época Lope y Micaela vivirán juntos desde 1599, en una vivienda alquilada en la collación de San Vicente. Se sabe que en su iglesia parroquial serán bautizados algunos de los cinco hijos que engendrará la pareja en sus años de relación, en la que Lope convertirá a Micaela en Camila Lucinda o Lucinda y la hará protagonista de encendidos sonetos de amor dedicados a ella y de al menos dos comedias que transcurren en nuestra ciudad: El Arenal de Sevilla, ejemplo claro de comedia de capa y espada, y El ruiseñor de Sevilla. 

       Trasladada la pareja a Madrid, Lope se verá en la obligación de hacer frente a dos hogares a la vez, ya que su esposa Juana vivía por aquel entonces en Toledo, con lo cual podemos imaginar la situación, Antonio... 

       En Sevilla, Lope de Vega frecuentará la famosa tertulia literaria del noble y poeta sevillano Juan de Arguijo, cuya casa palacio aún se conserva en la calle del mismo nombre, convertida ahora en el colegio Itálica, junto a la calle Laraña. Arguijo, excelente vihuelista y mecenas, será merecedor de varias dedicatorias de Lope, entre ellas sus Rimas o su comedia “La Hermosura de Angélica”, compuesta en su mayor parte en Sevilla aunque publicada en Madrid. 

        Además, por no extendernos mucho, hay que dejar constancia de la estrecha relación de amistad que Lope de Vega mantuvo con el escritor Mateo Alemán, autor del pícaro Guzman de Alfarache y que llegó a ser Hermano Mayor de la Hermandad de la Santa Cruz en Jerusalén, el Silencio. 

      Sevilla, la Sevilla de nobles, pícaros, canónigos, damas, mercaderes, caballeros, mendigos, prostitutas, artesanos, espadachines, matones, religiosas, esa es la Sevilla que pisó Lope de Vega. La de las entradas reales, terremotos, procesiones, riadas, autos de fe, riñas, mercados, epidemias, esa fue también la ciudad que disfrutó y sufrió. 

       Dos fragmentos sobre el Arenal bastarán para dejar dicho lo que él vió allí en aquellos años felices junto a Micaela de Luján: 

Famoso está el Arenal, 
¿cuándo lo dejó de ser? 
No tiene, a mi parecer, 
todo el mundo vista igual. 
 Cuánta galera y navío 
mucho al Betis engrandece. 

Otra Sevilla parece 
que está fundada en el río. 
Eso hay en el Arenal, 
¡oh, gran máquina Sevilla! 
¿Esto sólo os maravilla? 
Es a Babilonia igual. 
Pues aguardad una flota 
y veréis toda esta arena 
de carros de plata llena, 
que imaginarlo alborota. 

          Viudo, al fin de sus días, Lope de Vega experimentó una fuerte crisis existencial que le llevó a ordenarse sacerdote (había sufrido incluso un intento de asesinato) y a cuestionarse una vida hecha para escribir pero necesitada siempre del amor, pero esa, esa ya es otra historia…

lunes, 18 de noviembre de 2019

Un portero de la Real Sociedad

Audio emitido el lunes 18 de noviembre de 2019 en el programa "Estilo Sevilla" dirigido por Antonio Bejarano, dentro de nuestra Sección "Hispalensia".