18 mayo, 2026

Entre yugos y yuntas.

Ahora que se acercan fechas rocieras, en esta ocasión, en Hispalensia, vamos a dedicar un pequeño apartado a una forma de transporte que proviene de tiempos ancestrales y que, gracias a la tradición y a la celebración de romerías, ha pervivido hasta llegar a nosotros; pero, para variar, vamos a lo que vamos. 

Durante la revolución que supone el periodo Neolítico, la Humanidad abandonó el sistema de caza y recolecta y, dejando el nomadismo, comenzó a asentarse de manera fija en tierras que se dedicaron al cultivo, comenzando entonces la Agricultura como base de la alimentación; hace unos diez mil años, se produce otro cambio importante que tiene que ver con la domesticación de determinados animales para ser criados como ganado, sin olvidar,  además, cómo las faenas agrícolas se verán aliviadas con la aparición de un elemento: el arado.

En muchas culturas, especialmente en las ibéricas o mediterráneas, brotará el culto al toro como símbolo de fuerza y fertilidad, no en vano, el mítico Hércules, en uno de sus trabajos, tendrá como misión acudir al sur de la Península Ibérica y robar los bueyes del no menos mítico rey tartésico Gerión; no es de extrañar, pues, que se hayan encontrado numerosas representaciones del toro, especialmente en forma escultórica. 

Al arado le saldrá un compañero: el yugo. Con él, podían amarrarse, uncirse, animales para arar, suponiendo ello, como decíamos, un mucho menor esfuerzo físico para el agricultor y también un aumento de las superficies a cultivar, lo que generaba, lógicamente, el incremento de la producción. Uno de los animales preferidos para esta tarea serán los bueyes, por su fortaleza física, por su resistencia y por su alimentación; Sobre el cinco mil o seis mil antes de Cristo se tiene constancia de la presencia de arados tirados por este tipo de bóvidos, reverenciados, como el toro, en civilizaciones como la egipcia, la griega o la romana. 

En el cristianismo hay muchas alusiones al yugo, que aparece en el Evangelio de Mateo "Mi yugo es llevadero y mi carga ligera" e incluso en el ritual del matrimonio, la ceremonia de las velaciones (de raigambre litúrgica mozárabe) nos habla de cómo la pareja queda unica como "cón-yugues", es el símbolo de la Virtud de la Obediencia y, para rematar con estas cuestiones, el yugo fue también emblema de los Reyes Católicos.

La Obediencia, con el yugo. Ático del retablo de la Capilla Doméstica de San Luis de los Franceses

Lo bueyes eran uncidos al arado o, inventada ya la rueda, al carromato mediante yugos de dos tipos, unidos a la viga o vara, el de collera, empleado también para mulos o caballos y el llamado de cornal, que permite fijar al buey al yugo mediante una fuerte soga de cáñamo, llamada coyunda, que pasa varias veces (mide unos ocho metros) desde la base de la cornamenta al propio yugo, realizado éste en madera de fresno, álamo y sapelly (madera dura y semipesada de origen tropical); la doma para estos bueyes, que suelen pesar en algunos casos hasta mil kilos, se consigue mediante meses de esfuerzo, colocando habitualmente a un buey "novato" junto a uno veterano, enganchados a carretas que llevan el peso equivalente al que portarán cuando llegue Pentecostés. El boyero, por su parte, los gobierna mediante voces y utilizando la ijada, vara de madera, normalmente realizada en acebuche, de unos dos metros de alto y que tiene en su extremo superior una pequeña punta de hierro o ijón; agradecemos vivamente todos estos datos al compañero costalero Germán Cano, carretero del Simpecado de la Hermandad del Rocío de Gines. 

Frontil. Hermandad del Rocío de Coria del Río.
 
Además, se les colocan los llamados frontiles, definidos según el Diccionario de la Lengua Española como "pieza acolchada de materia basta, regularmente de esparto, que se pone a los bueyes en la frente y la coyunda, a fin de que ésta no les haga daño". Los frontiles pueden además quedar decorados mediante piezas de madera que se revisten de tela y adornan con espejos, orfebrería o bordados, con motivos alusivos siempre a la hermandad dueña de la carreta y que se unen en su extremo con la parte superior del templete, donde va el Simpecado, con unas cintas o "moñas", de manera que se simboliza la unión entre la yunta y la carreta. Como relevo en caso de cansancio de los bueyes, las hermandades disponen de "yuntas de cuarta", que caminan con la comitiva sin ir uncidas a las carretas.


Estos frontiles, según algunos especialistas, serían un recuerdo de aquellos primitivos cultos que sacralizaban al toro (animal mitológico por excelencia en las culturas mediterráneas), durante los cuales, antes de su sacrificio ritual, se le adornaba con todo tipo de elementos. Además, a los bueyes se le colocan anchas cintas que rodean su lomo, llamadas "barrigueras", collarines de cuero con campanitas o pequeños cencerros y también telas de colores para disimular las sogas de la zona superior del yugo. 
 

 Al hilo de todo esto, merece la pena también reseñar que los profesores universitarios y arqueólogos Fernando Amores y José Luis Escacena han llegado a proponer una interesante hipótesis sobre cómo se habría colocado el conjunto de piezas del Tesoro del Carambolo, hallado en Camas el año 1958; en un artículo de 2016 y basándose en antecedente arqueológicos realizaron incluso una curiosa recreación sobre esta cuestión que indudablemente recuerda no poco a las actuales yuntas de bueyes que caminan cada año hasta El Rocío: 

 
 
Dentro del ámbito de la romería creada en torno a la devoción a la Virgen del Rocío ocupa un lugar primordial el papel de las carretas tiradas por bueyes, usadas tanto como medio para llegar al Rocío por los caminos como fórmula para portar el Simpecado que cada hermandad tiene como insignia primordial y que es llevado a la aldea almonteña cada fin de semana de Pentecostés, en unos tiempos en los que la mecanización agraria ha arrinconado las yuntas de bueyes. Según la tradición, el primero de estos Simpecados en llegar a El Rocío entronizado de esta manera fue el de la hermandad de Villamanrique de la Condesa allá por el siglo XVIII, que conserva el más antiguo de estos estandartes, datable como del siglo XVI y recientemente restaurado por el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico. 
 
El "Cajón" de Umbrete, en El Rocío.

¿Cómo eran esas primeras carretas? Conocidas popularmente como "de cajón", estaban realizadas en madera pintada con sencilla decoración y sostenían un templete con seis columnas, poco iluminado y destacando en nuestros días el magnífico "Cajón" de la Hermandad de Umbrete, que fue estrenado en el año 1910 para sustituir al primitivo y que, adornado con pinturas, posee incluso una especie de armario trasero donde almacenar las diferentes insignias de la hermandad durante el camino. Tampoco podemos olvidar cómo la Hermandad de Triana fue la primera en llevar a su simpecado bajo un templete plateado, donado por los Duques de Montpensier en 1868 y realizado por el orfebre Isaura; este modelo de carreta de Simpecado se convertirá en modelo para muchas otras hermandades.   
 
Primera carreta de la Hermandad de Triana.
 
Juan Ramón Jiménez, en su inolvidable Platero y Yo, describe el regreso de la Hermandad del Rocío de Moguer a su pueblo tras la romería, en un cuadro lleno de colorido y poesía:
 
"Al fin, mansamente tirado por dos grandes bueyes píos, que parecían obispos con sus frontales de colorines y espejos, en los que chispeaba el trastorno del sol mojado, cabeceando con la desigual tirada de la yunta, el Sin Pecado, amatista y de plata en su carro blanco, todo en flor, como un cargado jardín mustio." 

Terminamos. Casi se nos queda en el tintero la algarabía y colorido de las comitivas de blancas carretas exornadas con flores de papel y carteles alusivos a la Virgen que acompañan al Simpecado por los caminos. En estas carretas, en las que quienes viajan en ellas lo hacen a una altura considerable, destaca la existencia en su zona baja del "corbujón", o zona donde antiguamente se llevaba el "costo" o lo que es lo mismo, los comestibles y "bebestibles" para los días de camino, pero esa, esa ya es harina de otro costal.


11 mayo, 2026

Siete Revueltas.

Pocas calles en Sevilla como ésta, pocas con una disposición similar, casi ninguna que genere tanta inquietud en quienes no la conocen, ninguna que posea un nombre más explícito; esta semana, en Hispalensia, nos vamos a conocer un calle con solera de siglos; pero, para variar, vamos a lo que vamos.

Foto Reyes de Escalona.

Dejando atrás el bullicio y el trajín de Puente y Pellón, entrando desde la calle Alfonso X el Sabio (antes, Burro), hay un primer giro a la derecha, un segundo giro a la izquierda y a partir de ahí, cada pocos metros, la calle serpentea en siete ocasiones, hasta que al final, tras el último giro, se atisban los veladores del Bar Europa y la esquina de la antigua Ferretería de la Plaza del Pan. Siete Revueltas, quizá uno de los nombres más antiguos de calle en Sevilla, del que ya se tiene noticia en 1429 y que viene a ser casi un fósil de la antigua Morería, que estuvo establecida en este sector hasta llegar a la calle Alhóndiga, pasando por San Pedro y alcanzando la zona de la Alcaicería. 

La influencia mudéjar en este barrio puede apreciarse en algo que ya hemos comentado, como es la tendencia urbanística de calles estrechas y sinuosas, que buscaban evitar la luz solar, así como numerosos callejones sin salida, buen ejemplo de cómo a las viviendas se entraba desde estos espacios casi privados y discretos. Por cierto, el término "mudéjar" proviene de la palabra árabe "mudayyan", o lo que es lo mismo, "aquel que se le permite quedarse", en clara alusión a la población morisca que se mantuvo viviendo en Sevilla todavía en el siglo XVI.

Foto Reyes de Escalona.

Entre 1460 y 1585 el tramo más cercano a la Plaza del Pan era conocido como Herreros o del Hierro Viejo, ya que dicho tramo estaba habitado por herreros, existiendo además una estrecha barreduela conocida como callejuela de los Trapos y que tenía salida a la Alcaicería de la Loza, y que debió cerrarse pese a las solicitudes de los vecinos por mantenerla abierta en el siglo XVIII. 

Sin aceras y peatonal en nuestros días, tuvo, sin embargo, intenso tráfico de carromatos y carruajes en tiempos pasados, colocándose marmolillos para impedir el paso en algunas ocasiones. Conserva aún varias viviendas con el típico esquema sevillano, dos o tres plantas y patio interior, aunque conviven con edificios modernos de pisos. Por cierto, existen calles con nombre similar en ciudades como Fez (en Marruecos), Córdoba, Málaga (demolida en 1960 para crear la Plaza de las Flores), León o Sanlúcar de Barrameda, ésta última junto a la iglesia de Santo Domingo, muy cerca de las bodegas de Argüeso.

A lo largo de los siglos, fue calle de impresores, tal como investigó Joaquín Hazañas en su ensayo sobre la tipografía sevillana; en este sentido, destacaron maestros impresores como Tomás López de Haro (siglo XVII) o Manuel de la Puerta y sus herederos (siglo XVIII); pero no fueron los únicos oficios residentes en esta calle, en el siglo XVI vivieron en ella los plateros Alonso de Angulo, Bartolomé Ximénez, Juan López y Alonso de Córdoba o el cuchillero Alonso Rodríguez, lo que da idea de la importancia de este enclave. A comienzos del siglo XX tuvieron allí sus almacenes la Fábrica de San Clemente, con tienda en calle Lineros 13, la fábrica gorras La Alfonsina y la firma C. Rinaldi, que en marzo de 1904 publicaba anuncios de este tipo en la prensa local:

"Las personas que deseen comprar velos de pura seda de tres varas de largo en todas sus diferentes clases, deben visitar la casa de C. Rinaldi, que ha recibido un enorme surtido para las próximas fiestas, desde las clases más sencillas a las más ricas que se fabrican. Los precios empiezan por 6 pesetas uno. Despacho: Alcaicería 7 (pasaje) y Almacenes, Siete Revueltas 11,13 y 17".

Anuncio en El Noticiero Sevillano. Diciembre de 1922.

Tampoco podemos dejarnos en el tintero que en el número 10 de esta calle tuvo su taller de dorado Francisco Ruiz Rodríguez (1888-1961), más conocido en el mundillo cofrade como el "Maestro Curro" o "Currito el dorador", partícipe en numerosas obras de talla en madera, como el Paso de Jesús de las Tres Caídas de la Hermandad de San Isidoro, el de la Soledad de San Lorenzo o el del Cristo de la Salud de la Hermandad de San Bernardo, labor que mereció que fuera condecorado con la Gran Cruz de Alfonso el Sabio.

Sin embargo, como calle céntrica, bien comunicada aunque discreta y alejada de miradas curiosas, también tuvo "su otra faceta", como la registrada en 1797 cuando los vecinos se quejaban:

"De los escándalos, robos y camorras que continuamente se efectúan en la callejuela sin salida nombrada de los Trapos, a donde concurren a tales excesos mugeres prostitutas, soldados o forasteros de todas clases, productos de los cuarteles, mesones, bodegones y tabernas establecidas en sus inmediaciones, trascendiendo este continuado y abominable mal exemplo a todo el vecindario que por no exponerse y reservar sus buenas familias cierran sus puertas y bentanas".
Foto Reyes de Escalona.

Como dato luctuoso, en marzo de 2002 fue atracado en esta calle un conocido joyero de la Plaza del Pan, de 68 años de edad, que falleció por causa de las heridas sufridas en el asalto, unidas a patologías previas que padecía. El hecho levantó bastante alarma social entre los comerciantes del centro, siendo detenidos dos individuos por tal delito y finalmente condenados a seis años y medio de cárcel tras un juicio que quedó visto para sentencia en el verano del año 2003.  

Los años 70 y 80 del pasado siglo XX fueron época de "movida" juvenil en Siete Revueltas, donde destacaron bares como el Aldama, el Trama o El Mundo Otro Bar, este último punto de encuentro tanto del flamenco más moderno como del incipiente movimiento LGTBI, además de, como ya hemos mencionado antes, el Bar Europa, recientemente restaurado (conservando el azulejo de su esquina, de 1925) y que fue fundado en el año 1922.

Foto Manuel Sousa Puerto.

En el número 21 de la calle que comentamos nació, en 1854, la poetisa Concepción Estevarena, fallecida a la corta edad de veintidós años en la ciudad de Jaca, donde se había trasladado a vivir con un tío suyo sacerdote tras el fallecimiento de sus padres. Figura destacable del movimiento romántico, no llegó a publicar en vida, pues serán sus amigos poetas, José y Mercedes de Velilla los que editen una antología de poemas titulada "Últimas flores" en el año 1877. Y ya que estamos con nacidos en esta calle, aunque el conocido cronista taurino Doctor Theboussen publicó en la revista La Lidia de diciembre de 1886 su partida de bautismo, que tuvo lugar en la Iglesia del Salvador el 17 de marzo de 1754, algunos cronistas han dejado dicho que la calle de nacimiento del matador de toros e inventor de la suerte del "volapié",  José Delgado y Guerra "Pepe Hillo" habría sido la de las Siete Revueltas, pero esa, esa ya es harina de otro costal.

La Lucha. 29 de julio de 1886. Gerona.






27 abril, 2026

Corales.

En esta ocasión, nos vamos a centrar en un material procedente del fondo marino, apreciado por brujas y joyeros y utilizado comúnmente para embellecer y salvaguardar; pero, para variar, vamos a lo que vamos. 

Durante siglos, nadie supo a ciencia cierta qué era esa especie de piedra semipreciosa que se sacaba del mar y que resultaba muy apreciada por su vivo color rojizo, incluso la mitología griega la atribuyó a la cabellera de la Medusa tras morir. En realidad, el Coral, es el esqueleto de un sinfín de pólipos que viven en colonias que llegan a formar auténticos arrecifes, ahora en peligro de extinción por mano del hombre; pueden medir desde unos poco milímetros hasta unos centímetros y requieren aguas claras y luz solar, dejando al morir unas estructuras calcáreas que siguen siendo colonizadas por sus semejantes, de manera que han sido denominados "los arquitectos del mar". La especie de coral que nos interesa en este caso es el conocido como Corallium Rubrum, que crece en toda la fachada atlántica y mediterránea y que ya era pescado desde tiempos prehistóricos, pero será en la Antigüedad cuando su difusión y distribución se vea incrementada. 

¿Para qué se usaba el coral? En primer lugar, hay que destacar su utilidad, en aquellos tiempos, contra cólicos, cálculos y males de la vejiga al mezclarse pulverizado con agua o vino; además, se decía que era útil como somnífero. En 1605, el médico y botánico aragonés Gaspar de Morales, en su obra De las virtudes y propiedades maravillosas de las piedras preciosas (que llegó a estar prohibida por la Inquisición), escribía sobre el coral: 

«Sirve al uso de la medicina el coral colorado contra la epilepsia, si en naciendo la criatura se tomare un escrúpulo del polvo del coral colorado, muy sutil, y paladearen la criatura con él, y la miel, la librará en que no caiga en tal contagio, traída al cuello de manera, que toque la boca del estómago quita el dolor de él, en polvos y en ungüentos suelen los señores médicos usar de él para las necesidades que se ofrecen al estómago.»

En segundo lugar, el coral se empleó durante años como elemento apotropaico. Menuda palabreja ¿verdad?, nos explicamos: se trata de un término que proviene del griego y significa, literalmente, "que aleja el mal", lo que nos indica que fue utilizado, por tanto y muy mucho, como amuleto, especialmente contra una de las peores maldiciones de antaño: el mal de ojo. Esta creencia supersticiosa surgida en la antigua Mesopotamia, se consideraba que surgía de la mirada envidiosa de una persona hacia otra, siendo los niños y las mujeres embarazadas las principales "víctimas" de esta práctica, muy empleada en artes hechiceriles y aún hoy muy tenida en cuenta en determinadas culturas. Tampoco podemos dejarnos en el tintero el hecho de que el coral se usase, según San Isidoro de Sevilla en sus Etimologías (siglo VII) como protección contra rayos, tempestades y granizo.

La costumbre, cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos, de colocar colgantes de coral a los niños, se hizo bastante popular entre todos los estamentos sociales, de ahí que no es extraño apreciar dichos colgantes en numerosos retratos barrocos y, mucho antes, en imágenes del Niño Jesús en brazos de la Virgen María. En pleno Renacimiento italiano, el pintor Piero della Francesca (1415-1492) realizará la Madonna di Senigallia sobre 1474; conservada en la Galería Nacional de Urbino, puede apreciarse la ramita de coral que pende del cuello del Niño.


Quizá el mejor ejemplo en Sevilla lo tengamos con una de las imágenes más antiguas de la ciudad, que recibe culto en la parroquia de San Ildefonso: La Virgen del Coral. Considerada como de finales del siglo XIV, contemporánea de la Virgen de la Antigua de la Catedral o de la de Roca Amador de San Lorenzo y tal como han reseñado los profesores Valeriano Sánchez y Francisco Javier Gutiérrez fue una de las grandes devociones de la ciudad hasta, al menos, el siglo XIX, dedicándosele Novena solemne, villancicos cantados y numerosos grabados de la época; como curiosidad, durante las obras de la parroquia, entre 1791 y 1841, el muro que la conservaba quedó convenientemente protegido hasta la finalización de los trabajos. La imagen de la Virgen, con túnica y manto, sostiene en su brazo derecho la Niño Jesús, de cuyo cuello cuelga una ramita de coral, origen de la advocación.

Habría que añadir que, dado su alto precio, el coral ha sido usado como elemento decorativo para piezas de joyería (collares, broches, pendientes...) que denotan el status social y económico de quien las porta. En este sentido, merece la pena destacar el pecherín repleto de alhajas de coral que posee la Virgen de los Reyes, fruto de numerosos donativos de fieles y devotos y, en especial, del rey Luis Felipe de Francia. 

Ese alto precio que aludíamos era un claro obstáculo para que el coral, como amuleto, fuera adquirido por las clases menos favorecidas de aquella época, de ahí que se recurriera a "sucedáneos" como, por ejemplo, los lazos o cintas de color rojo que aún hoy son empleadas en hispanoamérica contra el mal de ojo y de lo que tenemos una buena referencia en una curiosa pintura procedente de la sevillana Casa Cuna y expuesta actualmente en la Exposición Permanente que sobre hospitales benéficos se haya situada en el Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses. En concreto, como ha relatado su comisario Juan Luis Ravé, en el lienzo "Sagrada Familia con niños expósitos", datable como de comienzos del siglo XVIII puede apreciarse una cuna con seis niños colocados en ella, portando la mayoría las características cintas o lazos antes mencionados.

Seguimos con corales. En Sevilla, aparte de la calle Coral, situada en el barrio de Las Avenidas, hablar de ellos supone recordar un reconocido bar en la calle Almirante Bonifaz, fundado en 1938 (aunque en 1932 ya existía allí uno de los denominados "cafés económicos") y por el que "paraba" habitualmente mucho personal del mundillo taurino, destacando la conocida tertulia en la que participaban matadores como Rafael "El Gallo" o el mismo Juan Belmonte. El novelista y torero norteamericano Conrad Barnaby (1922-2013) reflejó en su novela El Matador (1957) el ambiente colorista y variopinto de aquel lugar: 

«Me invitaron a almorzar y fuimos a un pequeño restaurante llamado Los Corales, en la estrecha calle Sierpes, donde se reúne la "gente con coleta". Había un viejo cuadro de Joselito en la pared cerca de la mesa donde nos sentaron, y recuerdo que El Gallo hizo un pequeño gesto simpático cuando el camarero intentó sentarlo en el otro extremo de la mesa. "No", dijo, acercando la silla a la pared, "aquí me pondré, a los pies de mi hermano"». 

Especializado, como La Alicantina, en mariscos, Los Corales, como tantos otros establecimientos, cerró su puertas (daba también al 102 de Sierpes) a finales de los años Setenta y con ello perdimos un trocito de Sevilla, pero esa, esa ya es harina de otro costal.

13 abril, 2026

Rialto.


En esta ocasión, terminadas ya las celebraciones semanasanteras, recuperamos la costumbre de aportar algunos datos sobre una plaza o calle sevillana concreta y, para la ocasión, nos vamos a ir a una plaza que siempre se ha llamado por un nombre que no es el que aparece en su rótulo y que, incluso, albergó una prisión en tiempos aciagos; pero, para variar, vamos a lo que vamos.


Mucho antes del conocido Plano de Olavide (1771), en 1731, la plaza que comentamos era llamada del Carbón y estaba próxima a la de la Paja, todo ello en el entorno de la parroquia de Santa Catalina. En 1862 el Consistorio hispalense determinó denominar a esta plaza y a una calle que finalizaba en la Puerta Osario con el apellido de un célebre escritor sevillano que vivió a caballo entre los siglos XVI y XVII y que mantuvo tanto amistad con Miguel de Cervantes como profunda enemistad con Quevedo: Juan de Jáuregui. La calle mantiene el nombre, mientras que la plaza fue rotulada con el nombre de un sacerdote: el Padre Jerónimo de Córdoba.

La antigua Plaza del Carbón en el plano de Olavide. 1771.

¿De quién se trata? Francisco Córdoba Roldán había nacido en Villacañas (Toledo) en junio de 1863 y pese a la oposición materna decidió en 1879 ingresar en el noviciado de los Padres Escolapios de Alcalá de Henares, pasando a llamarse desde entonces Jerónimo. Tras una rigurosa formación en la que destacó por su predilección por el Latín, será enviado finalmente al colegio que tenían los escolapios en Sevilla, situado en lo que ahora es sede de EMASESA entre las calles Sol y Luna (ahora, Escuelas Pías). Allí sentará cátedra durante cuarenta y cinco años, como docente vocacional, docto poeta latinista y traductor a dicha lengua, llegando a “latinizar” la novela cervantina Rinconete y Cortadillo; además, será destacado difusor del Esperanto, idioma creado en el siglo XIX con la sana intención de dotar a la Humanidad de una lengua común, aunque no será el único esperantista que aparezca esta vez en nuestra página. Fallecerá en 1933 tras haber formado a no pocas generaciones de alumnos, entre los que se podría destacar un vecino de esta plaza que estamos “visitando”: el poeta Luis Cernuda, que vivirá junto a su familia (su padre era general del Cuerpo de Ingenieros) en el número 28 allá por el año 1918.


Cosa habitual, los vecinos de la plaza se quejarán del mal estado en que se encuentra, baste como ejemplo la reseña aparecida en noviembre de 1897 en El Noticiero Sevillano:

Es lamentable el estado en que se encuentra la plaza de Jáuregui: en ella no existe alumbrado, pues no puede darse tal nombre a dos postes de madera sin farola ni nada; y como no aparece nunca un vigilante por aquel sitio, los chiquillos hacen continuamente de las suyas, arrancando las piedras, destrozando los árboles y siendo el tormento continuo de aquellos vecinos. Esperamos por quien corresponda se den las oportunas órdenes para reparar el empedrado y para que haya alguna vigilancia, seguro que puede contar con el agradecimiento de todos los que viven en la plaza indicada”.

En aquellos años, era frecuente que la plaza fuera sede de “Veladas” populares, como la organizada por las cigarreras en honor a la Virgen de la Victoria en el año 1900, en una etapa en la que la Hermandad de la Fábrica de Tabacos estaba radicada en la iglesia de Los Terceros, o las organizadas también en honor a Santa Lucía, de la cercana Santa Catalina.

Durante un tiempo, a comienzos del siglo XX, existió en esta zona una comisaría de policía, cuyas autoridades, desbordadas durante las primeras semanas de la Guerra Civil, emplearán el cercano Cine Jáuregui como cárcel improvisada, por la que pasarán innumerables detenidos acusados de pertenecer a partidos o sindicatos de izquierdas. Uno de ellos será otro esperantista destacado, el notario de Coria del Río, Blas Infante, que saldrá de allí en la madrugada del 10 al 11 de agosto de 1936 para ser finalmente fusilado en el Km. 4 de la carretera que unía Sevilla con Carmona. 

Programa de mano del Cine Jáuregui. 1935.

El tristemente famoso Cine cambiará de nombre en los años cuarenta, pasando a llamarse Cine Rialto (quizá en honor al puente veneciano con con ese nombre) y funcionando como sala de estreno y finalmente sala para reposiciones hasta su cierre definitivo en 1998. Signo de los tiempos, ahora es sede de un supermercado de una conocida cadena andaluza, pero generando una huella tan evidente que no somos pocos los que nos referimos a la Plaza del Rialto cuando aludimos a la de Jerónimo de Córdoba.

Casi al lado del Hotel Don Paco, recientemente reformado, se halla el número 1 de la plaza, un edificio de estilo regionalista ideado por el arquitecto José Espiau en 1935, tres años de su muerte, en el que el ladrillo y la forja se conjugan perfectamente. Además, en uno de sus bajos comerciales estuvo hasta no hace mucho una de las tiendas de “Casa Saluíta”, conocida perfumería fundada en 1940 y que aún mantiene abiertos otros establecimientos en nuestra ciudad. Además, merece la pena destacarse el número 6, que ahora alberga un estanco, edificio obra de Aníbal González.

Monumento a Pepe "Peregil" (sombrillas incluidas)

Terminamos. En el año 1915 abre sus puertas en la plaza una bodega dedicada a la expedición de vinos, especialmente los procedentes de la onubense localidad de Manzanilla, que con el paso de los años será regentada por José Pérez “Peregil”, célebre saetero y medalla de la ciudad en 2009, fallecido en 2012 y que puede contemplarse en forma de estatua en el lado opuesto de esta plaza del Rialto, realizada por el escultor José Antonio Navarro Arteaga en 2014. El “Quitapesares” es uno de esos lugares que muchos recuerdan, ahora regentado por Álvaro “Peregil”, en una zona que actualmente está en obras, pero esa, esa ya es harina de otro costal.

20 marzo, 2026

"Pogramas".

En estas fechas, todos andamos ya a la búsqueda de uno, desde los editados por las cadenas de radio o televisión locales hasta los habituales de propaganda, sin olvidar los que "sacan" los diarios sevillanos o alguna que otra entidad financiera y con la cada vez más acusada presencia de "Apps" que instalar en nuestros móviles con todos los datos, recorridos e incluso ubicación real de los Pasos en la calle. En esta ocasión, hablamos de los conocidos "Programas" o, mejor, "Pogramas"; pero, para variar, vamos a lo que vamos. 

En aquellas semanas santas de los siglo XVI o XVII  en las que los recorridos eran casi improvisados y generaban no pocos quebraderos de cabeza a los cofrades de la época por la coincidencia de dos hermandades en el mismo cruce de calles (ya se sabe, de ahí viene lo de "terminar a farolazos"), era imposible que el pueblo conociera con antelación los horarios e itinerarios de las diferentes corporaciones, sobre todo, también, porque la imprenta estaba entonces destinada a la edición de libros de elevado precio o pliegos de cordel que por sus plazos de edición nunca llegarían a tiempo a las manos de los sevillanos. 

Sin embargo, tras el control ejercido por las autoridades civiles y religiosas, lo cierto es que poco a poco se fueron ordenando los recorridos y horarios de las cofradías, sobre todo a partir de la creación del llamado Cabildo de Toma de Horas y la posterior colocación de "puntos de control" en los que se vigilaba el correcto cumplimiento de los horarios por parte de las hermandades en la calle, bajo pena de severos castigos. Un buen ejemplo será cuando en 1777, siguiendo el dictado del monarca Carlos III, se instale una especie tribunal en la confluencia de esta calle con la de Cerrajería, en lo que será el antecedente del "palquillo" (llamado por los cofrades clásicos "patíbulo") que a la postre terminará por colocarse en la plaza de la Campana en la Semana Santa de 1917 y configurará el modelo de Carrera Oficial que, salvo leves cambios, ha llegado hasta nosotros. 

La mejora de las técnicas de impresión y el interés cada vez más mayor que despertaban las estaciones de penitencia harán que a comienzos del siglo XIX harán que aparezcan pequeños impresos en los que se recogen las cofradías que salen, sus sedes canónicas y algún que otro dato de interés sin, por supuesto, imágenes o grabados. ¿Cómo se recababan eso datos? Ya se sabe, todo cambia y todo queda, en El Correo de Sevilla del miércoles 13 de marzo de 1805 figura el siguiente suelto que busca adelantarse al Cabildo de Toma de Horas: 

"AVISO PARTICULAR

Deseando dar en los Correos próximos a Semana Santa una noticia histórica de las Cofradías de penitencia que hacen estación en dicho santo tiempo, con expresión de sus antigüedades, mérito de sus efigies y alteraciones que hayan ocurrido, rogamos a los señores hermanos mayores o mayordomos  de las que en el presente año estén prontas a salir, se sirvan avisarlo a la imprenta de este Correo, tanto porque empezaremos por ellas, cuanto por saber a quien acudir en caso de duda, a rectificar alguna noticia."    

Por cierto, la imprenta era la de la Viuda de Hidalgo y Sobrino, sita en la antigua calle Génova, actual Avenida de la Constitución. 


 Como decíamos, no vamos a detallar la historia y pormenores de este tipo de publicaciones, pero sí mencionar que ya a comienzos del siglo XIX se editaba este tipo de hojas. Vamos a destacar una editada en 1815, impresa en la Imprenta de Padrino con un rimbombante título: "Noticia Histórica de las Cofradías de Penitencia que en Sevilla hacen Estación esta Semana Santa, según lo han acordado sus respectivas hermandades". Estamos en los años posteriores a la Guerra de Independencia, en la llamada Restauración Absolutista y las hermandades salen de un periodo crítico por la ocupación napoleónica y la pérdida de innumerables enseres, de ahí que en aquellas fechas sólo efectuasen estación la Hermandad del Amor el Domingo de Ramos, la Quinta Angustia y Montesión en Jueves Santo, El Silencio, El Gran Poder, la Carretería y la Macarena en la Madrugada y La Lanzada, La Trinidad y la Exaltación el Viernes Santo, mientras que en Triana únicamente salieron La O y la Encarnación (actual San Benito) el Viernes Santo y haciendo estación a la Real Parroquia de Santa Ana, ya que hasta 1830 no será cuando La O cruce el Puente de Barcas camino de la catedral hispalense. 

 

Hemos encontrado también otra especie de "Pograma", en este caso de 1862, titulado "Nómina de las Cofradías que con sus Sagradas Imágenes hacen estación esta Semana Santa". Editada en la imprenta de Eduardo Hidalgo y Compañía, es una única hoja conservada en el Archivo del Ayuntamiento de Cádiz y en ella figuran hasta doce cofradías, a saber: la Amargura y El Amor el Domingo de Ramos, Montesión, Quinta Angustia y Pasión el Jueves Santo, El Silencio, El Gran Poder, La Macarena en la Madrugada y finalmente el Viernes Santo con la Carretería, Soledad de San Buenaventura, Montserrat y la Soledad de San Lorenzo, entonces en la desaparecida parroquia de San Miguel. Aparecen los horarios de salida, que abarcan desde la una de la tarde de Montesión hasta las cuatro del Amor, sin olvidar que en la Madrugada el Silencio salía "al alba" o la Macarena "media hora después del alba", al igual que el Gran Poder.

En este tipo de publicaciones no aparece su precio de venta, pero por ejemplo en un número de la revista satírica El Tío Clarín de 1864 aparecía un artículo que servía para proporcionar una serie de consejos al foráneo que acudía a Sevilla a contemplar sus procesiones semanasanteras:

"Siendo el principal cuidado de todo viajero curioso que visita una capital enterarse por su interés propio de cuánto hay que ver en ella cómo, cuándo y de qué manera; nos abstenemos de dar otros pormenores por no ofender su previsión y desprendimiento, máxime cuando por dos cuartos que cuesta la Nómina de las cofradías, puede quedar suficientemente instruido sobre este particular."

Un inciso, el cuarto era una moneda de cobre de inferior valor que el real, de plata, y era usada como calderilla para pagos pequeños, como en este caso. 

Por supuesto, los diarios locales del siglo XIX, una vez celebrado el Cabildo de Toma de Horas, publicaban los horarios e itinerarios, e incluso a mediados de este siglo el Ayuntamiento comenzó a editar una Nómina de Cofradías que sirviera para orientar a quienes deseaban saber qué hermandades había comunicado su decisión de salir, desde dónde, qué día y hora y cuál sería el recorrido a realizar, contando, siempre, con el visto bueno de las autoridades civiles y religiosas de la ciudad.


 

Merece la pena reseñar que será El Correo de Andalucía, fundado en 1899 por el Cardenal Marcelo Spínola quien publique la primera Guía de bolsillo e independiente del propio diario, dedicada a las hermandades, con horarios e itinerarios. Tal como contaba allá por 1998 el entonces Redactor Jefe de dicho diario Rafael Guerrero Moreno, la idea partió del consejero delegado del periódico Francisco Abaurrea Álvarez-Ossorio y del entonces redactor-jefe, Luis Ortiz Muñoz, ambos cofrades bastante conocidos en el mundillo de las hermandades de penitencia. La edición de dicho "Pograma" (como gusta decir a muchos, entre los que nos incluimos) mejoró en los años cuarenta, alcanzando la nada despreciable tirada de 3.000 ejemplares que hubo que reimprimir y vender el Martes Santo ante la gran demanda generada, en los que la información cofradiera se combinaba con numerosos anunciantes locales y prosiguió hasta 1984, último año en que se editó.

Junto con El Programa de El Correo convivieron y perviven otras publicaciones como "Orientación", que data de 1961 y ahora es editado por una entidad aseguradora, "Gota a Gota" editado por el Monte de Piedad ya en los años cincuenta y que jugaba en su título sobre cómo las gotas se transformaban en monedas con las que crear un capital a partir del ahorro y más recientemente, el más que conocido "El Llamador", que inició su andadura en el año 1990 dentro de Canal Sur Radio, pero esa, esa ya es harina de otro costal.  


09 marzo, 2026

Cuaresmas del XIX.

Mucho se ha escrito y hablado sobre la celebración de los días de la Semana Santa en Sevilla a lo largo de la Historia, pero curiosamente, son escasas las referencias sobre cómo se preparaba la ciudad para estos días; en esta ocasión, a modo de prólogo, vamos a dar a conocer textos del siglo XIX que relatan cómo eran esas Cuaresmas sin redes sociales, medios de comunicación cofrades, ensayos de costaleros, protagonismos o polémicas por asuntos cofradieros, así que, para variar, vamos a lo que vamos.

En 1864 se publicaba en Barcelona, por el escritor Nicolás Díaz de Benjumea una especie de enciclopedia con un título verdaderamente extenuante: "Costumbres del universo o descripción y pintura de la fisonomía peculiar de las más importantes naciones del globo, tales como son en su vida íntima: caracteres, ingenio, tipos populares, bellezas...". Dedicada a la Reina Isabel II, en esta obra, editada en dos tomos, se detallaban, por países, sus aspectos más peculiares en cuanto a folklore, religión o cultura y en el apartado dedicado a España el autor tenía palabras sobre cómo era la espera de la Semana Santa de nuestra ciudad, en la que prácticamente participaba la mayoría de los sevillanos de una forma u otra; como se verá, para más inri, hay aspectos que no han cambiado ciento sesenta y dos años después:

"Es de ver la trascendencia que tiene y el movimiento a que da principio la sola idea de la aproximación de la Semana Santa en la famosa ciudad de San Fernando. No hay clase, no hay gremio, no hay persona, cualquiera que sea su condición, edad, sexo y estado, que no la espere como un gran acontecimiento, del cual de una manera ó de otra piensa sacar partido. A unos aguija el verdadero celo, a otros el interés, a otros la distracción, a estotros, finalmente, la mera curiosidad. Al clero, el beneficio que reporta de la piedad de los fieles; a los mayordomos, diputados y hermanos mayores de congregaciones, hermandades, cofradías y archicofradías la vanidad de lucir, y el deseo de mandar a sus cofrades; a los mercaderes la esperanza segura de ganancia en el aumento de sus ventas; a los hosteleros y fondistas la nube de forasteros que ha de llover sobre la ciudad; a los vendedores de comestibles el aumento de la demanda; a los inquilinos o dueños de casas en las calles privilegiadas la utilidad que han de tener por el alquiler de los balcones, ventanas y azoteas; a los escultores sonríe la perspectiva de las muchas obras que han de encomendárseles, como el reponer algún sayón, retocar la cabeza de algún apóstol, encarnar el rostro de alguna imagen ó estofar su vestidura y, en suma, los músicos, cereros, fabricantes de velas de adorno, bordadores, y aun los mismos atletas que han de conducir los enormes pasos están de enhorabuena y se prometen grande acopio del entusiasmo y excitación de los fieles. Por otra parte, los padres de familia convidan a sus hijos y parientes, los amigos a los amigos, y preparan habitaciones y provisiones de lentejas y abadejo; los estudiantes se festejan pensando en el asueto; las jóvenes en la libertad con que han de pisar las calles; las viejas en las estaciones que han de recorrer y templos que visitar, y hasta los niños se regocijan pensando en las torrijas y otras chucherías que son propias del tiempo santo."
Joseph Saint-Germier: Semana Santa. 1891. Museo Thyssen

Unos años después, en abril de 1898, el diario local La Andalucía publicaba un artículo muy distinto, en tanto en cuanto en él se mencionaban aspectos que aludían a un nuevo concepto de Semana Santa visto desde la perspectiva del visitante que provenía de fuera de la provincia o del país, su importancia económica (algo impensable en las fechas semanasanteras de varias décadas antes) y el progreso que suponía para la ciudad la instalación de mejoras en lo que ahora se llaman "equipamientos urbanos":

"Siguen nubes importunas acompañando el azul incomparable de nuestro cielo, y un aire molesto, haciéndonos creer que no es el mes de abril el que entró ayer, sino el triste otoño. Claro que esto no puede durar muchos días, porque en cuanto se serene la atmósfera y diga Febo aquí estoy, tendrán que soltarse las prendas del invierno. Las torrenciales aguas caídas días pasados, parece que no han perjudicado mucho al campo, como se creían algunos: algún daño pueden haber hecho en el arbolado y en las hortalizas. En cambio, el aire frío ha dejado sentir su perniciosa influencia en las sementeras. 

Animación hay mucha, pues todos los trenes llegan completamente llenos de "touristas" ávidos de presenciar las admirables procesiones que empiezan a salir mañana domingo. En todo el día de ayer, por las calles céntricas se han visto grupos de extranjeros, siendo éstos, naturalmente, en mayor número en los edificios célebres como son la Catedral, Alcázar, Lonja, etc. Los hoteles "Madrid" y "París" están llenos, y es tan extraordinario el pedido que hay de habitaciones que les ha sido necesario tomar en arrendamiento algunas casas para poder atender sus compromisos. 

Los palcos de la Plaza de San Francisco quedarán hoy terminados. Uno de ellos, señalado con la letra D, bajo derecha, lo pone el alcalde señor marqués de Paradas, a disposición de la prensa local. Las pruebas de alumbrado eléctrico por las calles del centro que han de recorrer las cofradías, se han hecho con muy buen resultado. Todo hace esperar, si el tiempo lo permite, que han de revestir extraordinario lucimiento las procesiones."

Por cierto, era frecuente también que anualmente el Consistorio publicase por un lado, los listados de las "distinguidas familias" que ocuparían los Palcos de San Francisco tras abonar las correspondientes tasas y por otro, un Bando Municipal en vísperas de Semana Santa, en el que se estipulaban ciertas prohibiciones que, como imaginarán los lectores, eran un reflejo de las prácticas que realmente tenían lugar en estos días. Hemos recogido del diario La Andalucía Moderna las correspondientes al año 1900 y, como suele decirse, no tienen desperdicio:

"PARA SEMANA SANTA

De conformidad con las prácticas sancionadas por una tradición constante, ha dispuesto la Alcaldía recordar la estricta observancia de los siguientes artículos de las ordenanzas municipales vigentes:

Desde la diez de la mañana del Jueves Santo hasta el Sábado después del toque de Gloria, estarán cerrados todos los establecimientos y tiendas de cualquier clase que sean. Podrán estar abiertas únicamente las destinadas a la venta de viandas y medicamentos.

Durante el mismo tiempo, se prohíbe la venta por las calles de toda clase de comestibles y efectos, así como el tránsito de carruajes y caballerías. Esta prohibición es extensiva a los demás días de Semana Santa en que haya procesiones, aunque sólo por el tiempo en que permanezcan en la estación y por los sitios próximos a la misma donde el vecindario concurra.

También se prohíbe la abusiva costumbre de disparar armas de fuego después de Gloria. Suprimiéndose el Viernes Santo la limpieza general de la población por no permitirse el tránsito de carruajes, se cuidará eficazmente de que por ningún motivo se depositen basuras en las calles.

La contravenciones a lo dispuesto en los artículos precedentes, serán castigadas con multa de 5 a 25 pesetas".

José García Ramos: Cofradía del Silencio. 1902.

Como ya se ha visto, una interesante fuente de ingresos para algunos propietarios de viviendas en el centro de la ciudad era el alquiler de sus balcones para presenciar el paso de las procesiones en Semana Santa, de hecho se sabe que en algunos casos, cuando se vendía un inmueble se incluía una cláusula que daba derecho de uso de sus balcones por parte del anterior dueño de la casa cuando llegaba el tiempo de las cofradías. Además, desde el punto de vista arquitectónico, hay que indicar que la aparición de elementos de hierro para sustentar estos balcones los hacía, lógicamente, más seguros y dispuestos a "soportar" espectadores. La prensa local se hacía eco de estos alquileres de balcones, de hecho, hemos dado con dos de ellos a manera de ejemplo:


Diario La Andalucía, 31 de marzo de 1858.


El Noticiero Sevillano, marzo de 1897.

También, por qué no, había tiempo para el humor. En 1864 la revista satírica El Tío Clarín, que ya ha aparecido en otras ocasiones en nuestro blog, publicaba un suelto en el que se comprometían a dejar de usar ciertas expresiones "ofensivas", eso sí, hasta que se recogiera la última cofradía:

"Habiéndose acercado a nuestras oficinas (no tenemos mas que una, pero como es frase corriente entre periodistas, por eso la usamos) algunos cofrades de las diversas hermandades que acostumbran hacer estación en la Semana Santa, suplicándonos que no hagamos uso del equivoco, tonto de capirote , hasta pasada dicha época, en atención a que, usando ellos capirotes, podrían ser objeto de una interpretación desfavorable, accedemos a su prudente indicación, y les damos palabra de no utilizar el dicho tonto de capirote, hasta pasada la época de los capirotes."

Terminamos. Tras esta pequeña singladura sobre cómo eran aquellas cuaresmas del XIX bien podríamos decir que aunque todo ha cambiado, en realidad nada lo ha hecho; pero esa, esa ya es harina de otro costal. 


23 febrero, 2026

De manigueta.

Como cada Cuaresma, en Hispalensia, nos vamos a centrar en aspectos relacionados con la pequeña historia de nuestras hermandades, o con aspectos alusivos a detalles poco conocidos para, así, darlos a conocer. En esta ocasión, como el que no quiere la cosa, nos centraremos en un objeto que viene a ser casi un fósil de tiempos pasados; pero, para variar, vamos a lo que vamos. 

Cuando comenzaron a celebrarse las primeras estaciones de penitencia, a finales del siglo XV o comienzos del XVI, aquellos cofrades sacaban a la calle a sus Titulares con la intención de propagar su devoción, de manera que aparecían sobre unas andas de madera que eran llevadas a hombros por los propios hermanos de la cofradía, usándose unos largueros. Estas parihuelas se caracterizaban por su sencillez y austeridad, sin apenas más exorno que la escasa cera que alumbraba a las imágenes y eran sostenidas quizá por varas rematadas en horquillas que encajaban en los largueros antes aludidos, mientras transitaban por calles casi a oscuras por la carencia de alumbrado público. El escritor Félix González de León allá por 1852 describía cómo era la Estación de Penitencia de su Hermandad del Silencio en el siglo XVII, con palabras para los portadores de las andas de Jesús Nazareno:

"Los cuatro mozos de carga que iban por fuera ayudando a llevar el paso por las maniguetas, iban también vestidos con túnicas, como los nazarenos, pero sin cola y el capirote bajo."

El Paso de Jesús Nazareno de Jerez portado por horquilleros.

Ese modo de portar los pasos, ayudados a veces por horquillas, se ha conservado en muchas poblaciones andaluzas, comenzando por la ciudad de Cádiz, donde el sonido de la propia horquilla, golpeada rítmicamente contra el suelo por el hermano manigueta es una de las señas de identidad de aquella Semana Santa o, por citar otros casos, la forma de portar los pasos de la jerezanas hermandades de Jesús Nazareno o el Cristo de la Expiración y también el estilo propio que mantiene la Vera Cruz de Alcalá del Río, sin olvidar los malagueños Hombres de Trono, colocados bajo los varales, palabra que aquí designa a las maniguetas. 

"Juan Martínez Montañés presenciando la salida de Jesús de la Pasión", de Joaquín Turina y Areal, 1890. Fragmento.

Como han estudiado no pocos especialistas en la materia, el gran cambio se producirá a partir del siglo XVII, con la irrupción del Barroco como estilo artístico que buscará, al unísono, emocionar y formar; todo ello será el fermento para que las hermandades cambien la manera de sacar a sus imágenes titulares, empleando para ello andas cada vez mayores e incluso añadiendo figuras secundarias que servirían para "teatralizar" pasajes de la Pasión y Muerte de Jesús reflejados en los Evangelios, imitando para ello el aspecto de las conocidas "carrozas" que salían en la multitudinaria procesión del Corpus Christi que cada año organizaba, y organiza, el Cabildo de la catedral hispalense. 

El problema de esas parihuelas, más grandes, era el peso y el que a lo mejor no hubiera cofrades físicamente preparados para el esfuerzo a realizar durante el recorrido procesional, de manera que, poco a poco, y a semejanza del Paso de la Custodia catedralicia, serán "mozos" asalariados los encargados de este menester, y lo serán "por dentro", esto es, bajo la parihuela, cubiertos su frente, trasera y costeros por los faldones, para que nadie pueda verlos y dar la sensación de que el Paso posee vida propia, gobernado por el capataz.

Dispuestas de manera transversal bajo la "mesa" del Paso, surgen las trabajaderas, mientras progresivamente se irán reduciendo los largueros exteriores con los que portar a hombros, para quedar convertidas en "maniguetas", simples apéndices decorativos en los cuatro zancos que recuerdan aquel antiguo modo de portar las andas. Curiosamente, en una fotografía de mediados del XIX realizada al Paso de Jesús Nazareno de la Hermandad del Silencio se puede apreciar con nitidez cómo las maniguetas aparecen forradas con una especie de almohadillas que quizá nos indiquen que aún iba "por fuera" algún portador cargando el peso de las andas, mientras bajo los faldones figuraba el resto de la cuadrilla. 


¿De dónde proviene el término "Manigueta"? Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua se trata de "mango de utensilios o herramientas", en cambio, en el Diccionario Marítimo Español de Martín Fernández de Navarrete, del año 1831 se la define de un modo que bien podría tener que ver con aquellos carpinteros de ribera que algunos sostienen fueron los autores de las primeras parihuelas de madera: 
"Pedazo de madera escuadrado y algo curvo, que va ensanchando hacia su cabeza, donde tiene o forma por cada cara un poco de arco saliente que viene a redondearse o terminar, por una y otras de las que habían de ser esquinas, en el centro de su tope, por cuyo medio se impide que se escurra o escape el cabo a que se da vuelta o en él se amarra."


Otra teoría, muy distinta,  nos llevaría a términos como "manija" o "manijero", con orígenes éste último en el ámbito rural y que se relaciona con el oficio de capataz al mando de una cuadrilla de agricultores. Poco o nada puede sacarse en claro sobre la procedencia de la palabra en cuestión, quizá sea ese parte del encanto que tal palabra posee en el léxico cofradiero.


En número de cuatro, rematando las esquinas de los respiraderos, se realizarán en diversos tipos de madera barnizada, en su color o dorada, en metales como la plata o el bronce (caso de la Quinta Angustia), forradas de terciopelo (Pasos de Cristo de la Vera Cruz y el Museo) o se inspirarán en detalles de la ciudad, como las del palio de la Estrella, repujadas a imitación los atlantes* diseñados por Delgado Brackembury para balcón principal de la casa número 11 de la calle Reyes Católicos, por la que transita cada Domingo de Ramos esta cofradía trianera; las más historicistas, las del palio de la Virgen de los Dolores de la Hermandad de las Penas de San Vicente, inspiradas en los pináculos de la fachada de la iglesia de San Esteban de Salamanca.

Cien años de diferencia. El Cristo de las Penas de la Hermandad de la Estrella en los años 20 del pasado siglo XX a su paso por la calle Reyes Católicos. Se pueden apreciar los atlantes del número 11. Foto cortesía del Archivo Barcaiztegui.

Los manigueteros desaparecerán durante el siglo XIX y principios del XX para luego, poco a poco, resurgir como papel simbólico, asidos a las maniguetas no sólo sin soportar peso, sino ocupando puestos de privilegio dada su cercanía con la imagen. Su atuendo será el de los penitentes, antifaz sin capirote y en algunas hermandades vestirán de forma distinta, como ocurre, por ejemplo, el palio de la Virgen de la Merced de la Hermandad de Pasión, usando el blanco hábito mercedario como recuerdo de la estancia de esta corporación en el convento Casa Grande de dicha orden, en el Valle o El Silencio la túnica será de terciopelo morado, mientras que en San Esteban, La Lanzada o la Sed emplearán los hábitos originales de las primeras salidas procesionales, sin capa. 


Como dato curioso, uno de los manigueteros de la Soledad de San Lorenzo será siempre descendiente del diseñador de dicho Paso, Santiago Martínez, ya que al no querer percibir cantidad alguna por su trabajo recibió como recompensa perpetua para él y su familia tal honor en mayo de 1951. Además, habrá hermandades que preferirán colocar en tal sitio a servidores vestidos de librea, como en la Quinta Angustia o Sagrada Mortaja, otras, directamente, no llevarán manigueteros, como la Borriquita, la Exaltación, la Macarena o el Santo Entierro y en otras figurarán pese a que el Paso carezca de ellas, como sucede en la Oración en el Huerto de Montesión. Sobre la designación de estos puestos, cada hermandad posee sus propios criterios y normas, primando la antiguedad en la nómina de hermanos o, en algunos casos, la recompensa por servicios prestados a la propia corporación, pero esa, esa ya es harina de otro costal. 

Glosario:

- Atlante: Columna con forma de hombre, bien de cuerpo entero, bien mediado por la cintura, que aparece en arquitectura sosteniendo algo.