En esta ocasión, cambiamos de zona y nos vamos al entorno de Santa Catalina-Muro de los Navarros, para acercarnos a una calle cargada de edificios importantes y de prácticamente toda condición, sin olvidar la existencia de una antigua parroquia, el palacio de un hombre hecho a sí mismo y hasta un extinguido convento de clausura, pero, para variar, vamos a lo que vamos.
Entre el propio Muro de los Navarros y la confluencia de la Plaza de Ponce de León, Azafrán y Juan de Mesa, la calle Santiago se extiende por aproximadamente unos trescientos metros; se sabe que ya en 1584 recibía este nombre debido, como es lógico, a la presencia de la parroquia del mismo nombre, que se encuentra más o menos a mitad de la calle, en la Plaza de Jesús de la Redención. Existe una gran controversia sobre el origen histórico de este templo, ya que mientras algunos autores sostienen la tradición de que está construido sobre la casa en la que residió el mismo apóstol cuando, se supone, residió en la Hispalis romana, otros mantienen en cambio que el germen de dicha iglesia hay que buscarlo en un primitivo templo romano dedicado a la diosa Venus y no faltan quienes aluden a un posible edificio religioso visigodo, transformado posteriormente en mezquita tras la invasión musulmana y vuelto a cristianizar tras 1248 y la conquista de Fernando III de Castilla.
Perteneciente estilísticamente al grupo de las llamadas "iglesias mudéjares" de Sevilla, experimentó reformas en diversas etapas, especialmente a fines del XVI y comienzos del XVII, cuando se le añadió el artesonado de madera, sobre arcos y columnas de mármol rojo y el retablo mayor, diseñado por Vermondo Resta y ejecutado por el escultor Andrés de Ocampo. En la actualidad, el templo es sede de la Hermandad del Beso de Judas, desde donde cada Lunes Santo hace su anual Estación de Penitencia.
Del mismo modo, la calle ha sido llamada también de San Cosme y San Damián, por la existencia en la misma, desde 1573, del Hospital del mismo nombre, denominado también de Las Bubas, ya que aunque en sus comienzos se dedicó a la curación de afectados por la Peste desde 1383 con sede y hermandad propia formada por médicos y cirujanos frente a la iglesia del Salvador, a la postre se encargó del tratamiento de una de las enfermedades de transmisión sexual más frecuentes por aquellos años, la Sífilis, permaneciendo en funcionamiento hasta 1836, fecha en la que estos servicios médicos quedaron integrados en el Hospital de las Cinco Llagas.
Pascual Madoz describía el edificio todavía en 1848 de este modo:
"Es muy capaz por su extensión, cómodas cuadras, hermosos patios y habitaciones para los empleados. Tenía una buena iglesia con la advocación de las Santas Justa y rufina y en ella estaba la famosa Magdalena penitente, que se considera como una de las mejores obras de Montañés; pero este templo se arruinó y aunque principió a reedificarse, paró la obra que probablemente se terminará."
¿Dónde se encontraba Las Bubas? Si nos atenemos al Plano de Olavide (1771), se ubicaría en la acera derecha entrando por Santa Catalina, quizá a la altura del actual número 6 y en él ejerció como Administrador el sacerdote y poeta Juan de Salinas, de quién hablamos en otra ocasión por poseer calle con su nombre muy cerca de la que ahora comentamos; falleció en 1645 y fue sepultado no lejos de aquel lugar, como veremos, sin olvidar que en esta calle tuvo también su casa, luego palacio de los Acebes el conocido y noble caballero Gonzalo Argote de Molina, militar, poeta, bibliófilo y humanista que llegó a atesorar una importante colección de obras de arte y a relacionarse con un gran número de eruditos y escritores de su época y falleció en las islas Canarias en 1596.
Uno de los edificios más notables de la calle es el Palacio de Villapanés, ahora establecimiento hotelero, que tras su restauración ha conservado algunos elementos históricos, como por ejemplo el gran escudo heráldico que preside la monumental escalera que da paso a la primera planta. El emblema en cuestión, repleto de detalles, perteneció al constructor del palacio en 1728, el comerciante y militar Manuel López Pintado, nacido en la localidad toledana de Tembleque, quien tras emigrar a Sevilla comenzó una más que rápida carrera como marino, embarcándose en sucesivas expediciones a Indias hasta que finalmente logrará el título de Almirante de la Flota.
Prueba de su prosperidad social y económica (como decíamos, un auténtico "hombre hecho a sí mismo") es que irá adquiriendo numerosas fincas agrícolas en el Aljarafe, relacionándose con el ámbito bodeguero de Jerez de la Frontera e incrementando notablemente su fortuna, logrando ennoblecerse con el hábito de la Orden de Santiago, el cargo de Caballero Veinticuatro y, al fin, el título de marqués de Torre Blanca de Aljarafe, otorgado por Felipe V. Sus descendientes habitarán el palacio hasta comienzos de nuestro siglo, cuando decidan enajenarlo y quede convertido en el actual hotel.
Como detalle, hemos encontrado una noticia de mayo de 1933 donde se informa:
"Esta madrugada a las dos hizo explosión en Sevilla una bomba de gran potencia que había sido colocada en el Palacio de Villapanés, habitado por la marquesa viuda de Villapanés, edificio que tiene el número 19 de la calle de Santiago. La explosión fue tremenda y a consecuencia de ella la puerta del palacio fue arrancada de cuajo, rompiéndose todos los cristales del palacio y de las casas colindantes. El hijo de la marquesa don José Estrada Moreno, ha manifestado su extrañeza por este atentado, pues no pertenecen a la patronal."
Si en este palacio llegaron a convivir unas 200 personas entre familiares, invitados y personal de servicio, casi al lado, en cambio, vivieron hasta 4.000 pero en unas condiciones de vida muy distintas, nos estamos refiriendo al conocido como Corral del Conde, en el número 27 de la calle Santiago, casi al frente del número 22, donde estuvo colocada la llamada Cruz de los Navarros. Considerado como uno de los mejores ejemplos de arquitectura popular, hunde sus orígenes en la etapa musulmana y en el siglo XVII fue propiedad de Don Gaspar de Guzmán, Conde Duque de Olivares, de ahí su nombre. El actual edificio es fruto de la unión del propio corral del Conde con el del Horno y su estructura se articula en torno a un patio con forma de "L", con habitaciones (llegó a tener 134) en tres plantas y lavaderos, cocinas y retretes e incluso capilla comunitarios.
Durante años fue famoso por su populoso vecindario, donde no faltaban las fiestas populares en torno a celebraciones familiares, como bodas, bautizos y velatorios, o populares, como las conocidas Cruces de Mayo, que daban lugar fechas festivas en el calendario, tal como reflejó Francisco Palacios "El Pali" en algunas de sus sevillanas:
Tras décadas de uso, en las que recibió incluso la visita de los famosos actores cinematográficos Douglas Fairbanks y Mary Pickford en 1924, desgraciadamente en 1969 el corral fue declarado en ruina y diez años después, declarado Monumento Histórico Artístico en noviembre de 1979; a la postre y por fortuna, entre 1981 y 1984 se emprendió su restauración, a cargo del arquitecto José Manuel Martínez Escribano, recuperando el esplendor perdido, aunque ahora, signo de los tiempos, los modernos apartamentos turísticos se han apropiado de aquel recinto.
Casi enfrente con el zaguán de entrada al Corral del Conde, en el número 38, tal como recuerda un azulejo, tuvo su taller el escultor e imaginero Sebastián Santos Rojas, nacido en 1895 en Higuera de la Sierra (Huelva) y autor, por ejemplo, de la imagen de Jesús de la Sagrada Cena o Dolorosas como la de los Dolores del Cerro del Águila, Refugio, Merced o Concepción, sin olvidar su fecunda producción como artista plástico en esculturas de pequeño formato y monumentos civiles, como el de Carmen la Cigarrera o el busto de Cervantes de la calle Entrecárceles.
Terminamos, no sin antes hacer referencia al poco conocido convento de Santa María de los Reyes, de religiosas dominicas, fundado en 1611 por Sor Francisca Dorotea (retratada por Murillo y cuyo proceso de beatificación se detuvo) sobre las antiguas "Casas Principales" del Duque de Veragua, aunque según investigaciones arqueológicas el lugar habría albergado desde una necrópolis romana hasta un barrio de época almohade, pasando por la residencia medieval del llamado "Rey de Baeza", Fernando Abdelmon, apelado así por haberse convertido al cristianismo en tiempos de la conquista de Sevilla en 1248. Por cierto, en la plaza de Jesús de la Redención, un hotel con encanto ha tomado el nombre del rey, sin mucho fundamento, todo sea dicho.
Con iglesia construida en el XVIII bajo los auspicios del arzobispo Luis Salcedo, en 1970 quedó cerrado el convento y las seis religiosas que quedaban fueron trasladadas al monasterio de Santa María la Real de la calle San Vicente. Será finalmente la Junta de Andalucía quien adquiera el inmueble en 1986, con la desgracia de que en 1991 un incendio destruirá parcialmente la iglesia en la que estaban sepultados Juan de Salinas, Sor Francisca Dorotea y el mismo Manuel López Pintado, lo que obligará a diversas obras de restauración para transformar parte del edificio, ahora perteneciente a la Consejería de Fomento, que por el momento lo mantiene cerrado y sin uso definido pero esa, esa ya es harina de otro costal.


























































