Como cada Cuaresma, en Hispalensia, nos vamos a centrar en aspectos relacionados con la pequeña historia de nuestras hermandades, o con aspectos alusivos a detalles poco conocidos para, así, darlos a conocer. En esta ocasión, como el que no quiere la cosa, nos centraremos en un objeto que viene a ser casi un fósil de tiempos pasados; pero, para variar, vamos a lo que vamos.
Cuando comenzaron a celebrarse las primeras estaciones de penitencia, a finales del siglo XV o comienzos del XVI, aquellos cofrades sacaban a la calle a sus Titulares con la intención de propagar su devoción, de manera que aparecían sobre unas andas de madera que eran llevadas a hombros por los propios hermanos de la cofradía, usándose unos largueros. Estas parihuelas se caracterizaban por su sencillez y austeridad, sin apenas más exorno que la escasa cera que alumbraba a las imágenes y eran sostenidas quizá por varas rematadas en horquillas que encajaban en los largueros antes aludidos, mientras transitaban por calles casi a oscuras por la carencia de alumbrado público. El escritor Félix González de León allá por 1852 describía cómo era la Estación de Penitencia de su Hermandad del Silencio en el siglo XVII, con palabras para los portadores de las andas de Jesús Nazareno:
"Los cuatro mozos de carga que iban por fuera ayudando a llevar el paso por las maniguetas, iban también vestidos con túnicas, como los nazarenos, pero sin cola y el capirote bajo."
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| El Paso de Jesús Nazareno de Jerez portado por horquilleros. |
Ese modo de portar los pasos, ayudados a veces por horquillas, se ha conservado en muchas poblaciones andaluzas, comenzando por la ciudad de Cádiz, donde el sonido de la propia horquilla, golpeada rítmicamente contra el suelo por el hermano manigueta es una de las señas de identidad de aquella Semana Santa o, por citar otros casos, la forma de portar los pasos de la jerezanas hermandades de Jesús Nazareno o el Cristo de la Expiración y también el estilo propio que mantiene la Vera Cruz de Alcalá del Río, sin olvidar los malagueños Hombres de Trono, colocados bajo los varales, palabra que aquí designa a las maniguetas.
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"Juan Martínez Montañés presenciando la salida de Jesús de la Pasión", de Joaquín Turina y Areal, 1890. Fragmento. |
Como han estudiado no pocos especialistas en la materia, el gran cambio se producirá a partir del siglo XVII, con la irrupción del Barroco como estilo artístico que buscará, al unísono, emocionar y formar; todo ello será el fermento para que las hermandades cambien la manera de sacar a sus imágenes titulares, empleando para ello andas cada vez mayores e incluso añadiendo figuras secundarias que servirían para "teatralizar" pasajes de la Pasión y Muerte de Jesús reflejados en los Evangelios, imitando para ello el aspecto de las conocidas "carrozas" que salían en la multitudinaria procesión del Corpus Christi que cada año organizaba, y organiza, el Cabildo de la catedral hispalense.
El problema de esas parihuelas, más grandes, era el peso y el que a lo mejor no hubiera cofrades físicamente preparados para el esfuerzo a realizar durante el recorrido procesional, de manera que, poco a poco, y a semejanza del Paso de la Custodia catedralicia, serán "mozos" asalariados los encargados de este menester, y lo serán "por dentro", esto es, bajo la parihuela, cubiertos su frente, trasera y costeros por los faldones, para que nadie pueda verlos y dar la sensación de que el Paso posee vida propia, gobernado por el capataz.
Dispuestas de manera transversal bajo la "mesa" del Paso, surgen las trabajaderas, mientras progresivamente se irán reduciendo los largueros exteriores con los que portar a hombros, para quedar convertidas en "maniguetas", simples apéndices decorativos en los cuatro zancos que recuerdan aquel antiguo modo de portar las andas. Curiosamente, en una fotografía de mediados del XIX realizada al Paso de Jesús Nazareno de la Hermandad del Silencio se puede apreciar con nitidez cómo las maniguetas aparecen forradas con una especie de almohadillas que quizá nos indiquen que aún iba "por fuera" algún portador cargando el peso de las andas, mientras bajo los faldones figuraba el resto de la cuadrilla.
"Pedazo de madera escuadrado y algo curvo, que va ensanchando hacia su cabeza, donde tiene o forma por cada cara un poco de arco saliente que viene a redondearse o terminar, por una y otras de las que habían de ser esquinas, en el centro de su tope, por cuyo medio se impide que se escurra o escape el cabo a que se da vuelta o en él se amarra."
En número de cuatro, rematando las esquinas de los respiraderos, se realizarán en diversos tipos de madera barnizada, en su color o dorada, en metales como la plata o el bronce (caso de la Quinta Angustia), forradas de terciopelo (Pasos de Cristo de la Vera Cruz y el Museo) o se inspirarán en detalles de la ciudad, como las del palio de la Estrella, repujadas a imitación los atlantes* diseñados por Delgado Brackembury para balcón principal de la casa número 11 de la calle Reyes Católicos, por la que transita cada Domingo de Ramos esta cofradía trianera; las más historicistas, las del palio de la Virgen de los Dolores de la Hermandad de las Penas de San Vicente, inspiradas en los pináculos de la fachada de la iglesia de San Esteban de Salamanca.
Los manigueteros desaparecerán durante el siglo XIX y principios del XX para luego, poco a poco, resurgir como papel simbólico, asidos a las maniguetas no sólo sin soportar peso, sino ocupando puestos de privilegio dada su cercanía con la imagen. Su atuendo será el de los penitentes, antifaz sin capirote y en algunas hermandades vestirán de forma distinta, como ocurre, por ejemplo, el palio de la Virgen de la Merced de la Hermandad de Pasión, usando el blanco hábito mercedario como recuerdo de la estancia de esta corporación en el convento Casa Grande de dicha orden, en el Valle o El Silencio la túnica será de terciopelo morado, mientras que en San Esteban, La Lanzada o la Sed emplearán los hábitos originales de las primeras salidas procesionales, sin capa.
Como dato curioso, uno de los manigueteros de la Soledad de San Lorenzo será siempre descendiente del diseñador de dicho Paso, Santiago Martínez, ya que al no querer percibir cantidad alguna por su trabajo recibió como recompensa perpetua para él y su familia tal honor en mayo de 1951. Además, habrá hermandades que preferirán colocar en tal sitio a servidores vestidos de librea, como en la Quinta Angustia o Sagrada Mortaja, otras, directamente, no llevarán manigueteros, como la Borriquita, la Exaltación, la Macarena o el Santo Entierro y en otras figurarán pese a que el Paso carezca de ellas, como sucede en la Oración en el Huerto de Montesión. Sobre la designación de estos puestos, cada hermandad posee sus propios criterios y normas, primando la antiguedad en la nómina de hermanos o, en algunos casos, la recompensa por servicios prestados a la propia corporación, pero esa, esa ya es harina de otro costal.
Glosario:
- Atlante: Columna con forma de hombre, bien de cuerpo entero, bien mediado por la cintura, que aparece en arquitectura sosteniendo algo.






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