martes, 24 de marzo de 2015

Brotes.-



Apresúrase con urgencia el sol en dejar testigo de su presencia en estos días de víspera y gozo. La vida, gota a gota, ábrese camino. Sonarán estruendos de tambores y trompeteos lejanos. Penitencias de ruán o alpargata. Promesas por cumplir. Rampas para subir o bajar. Ausencias y presencias. Manos que aprietan con certeza escudos de antifaces o manos que se unen por primera o última vez. Miradas de niños que, incrédulos, comprobarán, en propia persona, que todo es cierto, y que el paraiso puede existir en forma de semana. 

Crucemos, pues, estas jornadas con debida alegría, pues mal que nos pese, y como dijo el poeta, es Primavera y el sol borra penas y preguntas...

lunes, 9 de marzo de 2015

Con nocturnidad.-

En las frías noches cuaresmales, causábanos cierto estupor contemplar extrañas mesas de gran tamaño portadas en su interior por esforzados jóvenes (y no tan jóvenes) cubiertas las testas con costales y fajados con gruesos lienzos como los que usaban los mozos de cuerda antaño. 



Cierto es que en principio pensamos, en nuestra habitual ignorancia, que se trataba de condenados por la justicia y que era su castigo portar tremendos pesos sobre sus cervices, preguntándonos, incluso, si no habría sido más útil para el Rey, nuestro Señor, que sirvieran como galeotes en la Armada.

Sin embargo, escuchar que de tales estructuras salen melodías similares a marchas militares nos indujo a pensar si no se trataría de algo a modo de ensayo para algún fin castrense. 

Tal sería nuestra sorpresa al contemplar tales maniobras en plena madrugada, que uno de los mozos, inquirido por nosotros, nos ilustró sobre tal pormenor, indicándonos que tratábase de entrenamientos para las andas de Semana Santa y que tales parihuelas iban o bien cargadas con pesados fardos, o con macizos bloques de piedra o incluso con algunas de las esculturas que luego procesionarán, Dios mediante, a partir del próximo Domingo de Ramos. 

 
Quedamos sobrecogidos por la destreza de capataces y contraguías, que así se denominan quienes comandan tales ingenios de madera y metal, e hicimos votos por apreciar, en lo sucesivo, el oficio y trabajo del que los dichos costaleros hacen gala.