miércoles, 24 de abril de 2013

Valladares



 Deambulando por Triana, y en muy buena compañía, topamos no hace mucho con cierta calle que por desconocida para nosotros supuso toda una sorpresa. Si tomáis camino por el Altozano en pos de San Jacinto, la encontraréis a mano izquierda apenas comenzada dicha vía.

 Tuvo este antiguo callejón nombres tan curiosos como “Del Turco” o “Pastelería”, hasta que por los años de 1868 (siguiendo siempre a trianeros cronistas como Manuel Macías) tomó el nombre por Juan de Valladares, natural de Aznalcázar y que vivió entre los años de 1533-1615; personaje dedicado al oficio de ollero (hogaño, ceramista) y cuya fama al parecer radicó en su labor artesana, proseguida por su hijo Hernando, autor, por ejemplo de azulejos que decoraron no pocos cenobios y templos hispalenses y hasta peruanos.

 Sin embargo, y con todo, lo que más nos ha llamado la atención es la presencia de monumento a la imagen de la Virgen del Rocío en tan recoleto lugar (ahora que se acerca su fervorosa Romería en almonteñas tierras), costeado el dicho por grupo de fieles devotos en 1997, aunque la escultura fuera ejecutada antes, en 1973, por el catedrático Francisco Maireles, piadoso rociero y cofrade de quien se guarda gran memoria en esta ciudad y en otras como Sanlúcar de Barrameda.

 
Quede constancia de tan recóndita calleja en pleno corazón trianero, invitando a quien desee descubrirla que lo haga sin demora. 


viernes, 12 de abril de 2013

En Portada

 Como en aquesta bendita tierra trócanse con celeridad túnicas por volantes y capirotes por mantoncillos, no vendría mal recordar a los habituales lectores de estos pliegos cómo transcurrió aquella primera Feria que tuvo lugar allá por 1847. Quizás sepan vuesas mercedes, fue creación de vasco y catalán (curiosa amalgama, vive Dios) pues de tal condición eran José María Ibarra y Narciso Bonaplata quienes lograron del Municipio licencia para solicitar a la Corona una Feria de Ganados pues a su decir esa feria llevaba aparejado doble objetivo: promover mercantiles transacciones y dar aliciente a labradores y criadores de ganado para mejorar sus productos.

 Quedó autorizada, pues, dicha Feria para los días 18, 19 y 20 de abril de aquel año. Aquella Semana Santa habría sido familiar para actuales tiempos, pues no en balde de quince cofradías anunciadas sólo salieron las del Domingo de Ramos y Miércoles Santo, quedándose en sus templos las restantes merced al fuerte temporal de agua y viento que azotó la ciudad.


Fue el llamado Prado de San Sebastián lugar escogido para la Feria, y en ella al decir de las crónicas, se movieron 9.684 ovejas, 4.289 carneros o 4.111 cerdos, y para amantes de cifras, baste decir que el monto de negocio ascendió a nada desdeñable cifra de 316.000 reales. 

Mas no todo fueron cuestiones económicas, que habíase entoldado la calle San Fernando en ella se situaron tiendas de paños, peinetas, joyas e incluso curioso bazar marroquí, por no hablar de cómo en otra zona cercana se colocaron puestos de quincalla, juguetes de barro y latón, abanicos, y desde la Alcantarilla del Tagarete hasta la Enramadilla asentaron sus reales gitanas que freían buñuelos, y feriantes que ofrecían menudo, pescado frito y caracoles regados por vinos de Sanlúcar y el Aljarafe. 


Como no podía ser menos, en el coso de la Maestranza se lidiaron toros para la ocasión, alternando Juan Lucas Blanco, de Sevilla con Manuel Díaz “Lavi”, de Cádiz, lidiando reses de acreditadas ganaderías. 


 Al decir de las crónicas, y echamos mano del erudito hispalense Manuel Chaves Rey, fueron jornadas de gran actividad en el real, huérfano aún de farolillos y gallardetes por ser vez primera, que concluía a las once de la noche según Bando de la Alcaldía, aunque la lluvia hizo acto de presencia y deslució algo la Feria.

Baste, para concluir, cómo el Diario El Independiente resumía esos días: “No nos detendremos en pintar la vida y animación que notamos en ese feliz ensayo de lo que llegará a ser la feria de Sevilla, ni los atractivos que le prestaron la brillantez de la concurrencia que había establecido su paseo en este lado de la capital, porque sería imposible hacerlo comprender para los no hayan tenido el gusto de verlo.”    Tal fue la génesis de los días que nos aprestamos a vivir, y pese a transcurrir malos tiempos no por ello habrá que hacer menoscabo de tal Feria, aunque sea para pisar su albero de modo breve…


P.d. Con singular regocijo nos hacemos eco de cómo ha sido repuesta la palmera de San Juan de la Palma, a la que dedicamos no ha mucho unas palabras. Quede constancia de nuestra alegría por ello.

jueves, 4 de abril de 2013

Sin cera (mente)


 Como bien sabrán vuesas mercedes, tocaron a su fin celebraciones semanasanteras, dejándonos agridulce sabor en paladar. Mucha cera por quemar, mucho por sentir, mucho por disfrutar quedó en el "debe" de estos días de marzo.


 Y justo resulta rememorar inclemencias meteorológicas que frustraron no pocas estaciones de cofradías, de modo que de poco sirvieron nuestras plegarias y rogativas. 



Habrá también que recordar cómo en aquestas jornadas se vivieron momentos de profundidad religiosa, de emocionante espiritualidad o simplemente de alegre vivencia, pues sin duda hablamos de días de Fiesta en su más correcto sentido. 



Dejemos para otros cronistas, mucho más avezados que quien escribe estos pliegos, aspectos alusivos a horarios, incidentes varios, sillitas en cruces de calles y hasta reserva de lugares en aceras, como nos ocurrió presenciando cierta cofradía, en la que cierta dama nos inquirió a que no la ocuparamos por hallarse aguardando a sus ocupantes, cosa que si decimos nos dejó estupefactos no faltaríamos a la verdad. 

 

 Decía el poeta que al ser Primavera el sol borra penas y preguntas, esperemos que al menos el astro rey se deje ver con más frecuencia que hasta ahora y dispongámonos a disfrutar de la más bella ciudad del orbe.