miércoles, 13 de junio de 2018

Enigmas VII. (Una lápida sin resolver).-

Sepan vuesas mercedes que no somos los únicos hispalenses que aunque nacidos antaño permanecemos en estos días divagando por la ciudad; de vez en cuando trabamos amistad con gentes de la más variopinta procedencia y época, tal como nos ocurrió con cierto "plumilla" del siglo XIX, diestro en gacetas, hebdomadarios y crónicas, redactor a tiempo parcial nos dijo del Diario el Porvenir y del Noticiero Sevillano, y ducho en primicias a poder ser de lo más truculento pero ansiadas, vive Dios, por los leedores.

Acodados en mostrador de taberna (como no podía ser de otro modo) platicábamos con él en cierta ocasión cómo aún en la antigua Iglesia de los Trinitarios, actual Basílica Menor dedicada a María Auxiliadora, consérvase humilde monumento funerario con genuino texto dedicado a tierno infante que pereció de manera funesta. Para los curiosos, hállase al final de la nave la Epístola (la diestra, para entendernos), casi en la cabecera.


Apurando su frasca de vino, el gacetillero, bombín, bigote poblado, dedos manchados de tinta y gabán algo raído, nos contó que todo ocurrió el 1 de agosto de 1868, cuando en plena Plaza de la Infanta Isabel (hoy, Nueva) fue secuestrado el hijo, a la sazón de sólo cuatro años de edad, del señor Antonio Sánchez Torres, antiguo propietario de la llamada Fonda de Madrid, situada en la calle del Naranjo (agora de Méndez Núñez). El "reporter" relatónos como una cuadrilla de facinerosos, encabezada por un tal apodado "Trepa-Burras" (mejor no indagar sobre el particular) pretendía con tal rapto lograr jugoso rescate, y que a la postre hubo trágico desenlace, no sabiéndose bien si por negarse el padre a abonar susodicho rescate o porque los delicuentes hicieron gala de tremenda maldad. 


Imaginen vuesas mercedes el dolor de padres y familiares, la indignación popular y la imperiosa necesidad de las autoridades por prender a tamaña caterva de pérfidos desalmados. Pues hete aquí que por vericuetos casi casuales, los alguaciles, contábanos el periodista, lograron prender a un individuo que respondía al alias de "El Rubio" que no era otro sino el que hacía llegar anónimas y perversas misivas al padre de la criatura en las que reclamaban pronto desembolso de caudales bajo sanguinarias amenazas de muerte para el raptado.

Interrogado, "El Rubio" delató sin demora a su cómplice, un malnacido apodado "Trepa-Burras" para a continuación indicar dónde se hallaba el pequeño; cruel tardanza, el caso es que el cadáver del infortunado niño apareció el viernes 7 de agosto de aquel 1868 bajo la bóveda que cubría el arroyo Tagarete, en el punto comprendido entre las huertas de "El Tello" y "La Borbolla", no lejos de la  Estación de Cádiz. 

Pasados los meses fue la Plaza de Armas testigo del ajusticiamiento del autor material de tan execrable acto, mientras que su compañero de andanzas fue obligado a presenciar la ejecución tras la cual fue enviado a cumplir cadena perpetua dictada por la Real Audiencia. 

Dábase así por cerrado el llamado "Crimen del Correo" o "Crimen de la Plaza Nueva" que tanta expectación como congoja despertó en la población y del que ahora queda sencillo mausoleo con los restos de la inocente víctima.  


Apuró el vaso en sorbo rápido nuestro contertulio, soltó un par de monedas que tintinearon sobre el mármol del mostrador y con un "quede usted con Dios" abandonó la tasca, dejándonos sumidos en tristes meditaciones...

Glosario:

- Hebdomadario: Semanario.

Post Scriptum: Para quienes deseen mayores detalles sobre antedicho secuestro e infanticidio, Maese Álvarez-Benavides los relata en sus "Curiosidades Sevillanas", publicadas entre 1898 y 1899 y reeditadas con prólogo del inolvidable Alberto Ribelot allá por MMV.

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