miércoles, 24 de febrero de 2016

Enigmas VI (de cómo Don Alonso quedó desasosegado tras leer cierto aviso)



Visto lo que a continuación relataremos, más vale que vuesas mercedes se guarden de salir en estos días, pues parece que cierta gente, poco temerosa de Dios, anda orquestando singular lección, en la que pretenden, no sólo atentar contra el Quinto Mandamiento, sino que, ítem más, ejercer de tutores en tal materia, como si de nefasta escuela o siniestra facultad se tratase. 


 Pasmados, ni hemos osado a indagar sobre las materias que se impartirán, ni tampoco por el precio de las tasas para matricularse en tan extraña academia, ni por supuesto si los utillajes se proporcionará in situ, mas queda claro que trátase de funesta cosa para la salud de quien acuda, sobre todo si es utilizado como víctima de tal dislate…

viernes, 19 de febrero de 2016

Balcones (II)

Aunque quizá los caritativos lectores de estos pliegos ya no lo recuerden, hace tiempo mencionábamos que los balcones eran lugares privilegiados para contemplar el paso de procesiones, autos de fe, desfiles militares y todo tipo de cortejos. 

Estando como estamos en cuaresmales semanas, abundan de nuevo quienes ofrecen dichos miradores o balaustradas a modo de palco, pero en esta ocasión queremos advertir sobre uno en especial, sobre todo porque imaginamos que dispondrá de angosto espacio habida cuenta la presencia de extraño personaje, de raro atuendo y más extravagante atavío con quien habrá que compartir, imaginamos, el paso de las cofradías durante sus desfiles procesionales. ¿O es algún tipo de reclamo de avispado tendero para ofrecer sus mercaderías? 




jueves, 11 de febrero de 2016

Enigmas VI (a mano)

Sofocados llegamos a nuestro hogar no hace ni dos días, cuando tras deambular ociosos por la antigua laguna desecada por el Conde de Barajas, Alameda hoy día, penetramos en cierto pasadizo a fin de cortar camino, pues deseábamos llegar con presteza a cierta taberna donde nos aguardaban.

Pese a nuestra premura, no pudimos por menos que detenernos estupefactos ante extraño artilugio o mecanismo...



Nos recordó cierta figura pétrea que vimos en Roma y que allí es llamada Boca de la Verdad, perdiéndose en la noche de los tiempos su origen, sin duda pagano. 

¿Acaso permite el Santo Oficio que la Adivinación, prohibida por nuestra Santa Madre Igleisa, campe a sus anchas en esta ciudad? ¿Quién permite que engendros de esta calaña se adueñen de espíritus inocentes y los lleven por el camino de la perdición? Como comprenderán vuesas mercedes, cautos como somos, en principio rehusamos contribuir a esta obra de la superstición y la superchería con algún real de a ocho, aunque nos descorazonó el lema que campea en la antedicha máquina: 


Como quiera que andamos en tiempos cuaresmales en los que el pecado ha de confesarse sin demora, acudiremos a nuestro confesor, pues finalmente caímos en tentación e introdujimos nuestra mano diestra en la susodicha esfinge, mas si esperan les contemos cuál fue la respuesta de la misma habrán de saber que poco sacamos en claro salvo palabrería incomprensible...