05 octubre, 2026

Dueñas.

Aprovechando la aparente y ¿definitiva? bajada de temperaturas, en esta ocasión, nos vamos a dar una vuelta por una calle que pese a lo corto que supone hacer su trayecto posee el privilegio de haber albergado y albergar conventos, palacios y ser lugar de nacimiento de dos afamados escritores sevillanos; pero, para variar, vamos a lo que vamos. 

Entre la confluencia de Sor Ángela de la Cruz-San Juan de la Palma-Gerona y la calle Doña María Coronel, se extiende una vía que en principio, según Santiago Montoto, recibió el nombre de Duque de Alcalá en el siglo XVI, en alusión a los descendientes de la famosa Catalina de Ribera, aunque desde el siglo XVII, sin embargo, comenzó a ser conocida como calle de las Dueñas, en referencia al convento femenino cisterciense de Santa María de las Dueñas. En el plano de Olavide de 1771, la denominación de Dueñas se extendía incluso por la actual calle Doña María Coronel hasta la esquina con Bustos Tavera.

Solitaria y sin apenas casas a lo largo de la su historia, en esta calle tuvo una de sus primeras sedes la renovada Academia de Pintura, que siguiendo la de Murillo fue refundada en 1759 por el pintor Juan de Uceda y el platero Eugenio Sánchez Reciente, y que alcanzó a contar con 250 alumnos que eran formados en dibujo, modelado, matemáticas y pintura; posteriormente la academia se situará en otras sedes, como la calle del Puerco (actual Trajano) o los Reales Alcázares. 

La calle Dueñas en 1771: el edificio con el número 84 es el desaparecido convento de Las Dueñas.

En la acera derecha, entrando por la esquina del conocido Bar Dueñas (con más de cincuenta años de historia a sus espaldas) habría que echar en falta el antes mencionado convento, fundado en tiempos de Fernando III, siendo el segundo en antigüedad tras el de San Clemente; a las monjas de este lugar se las llamaba "dueñas", de ahí su nombre. A lo largo de su trayectoria como cenobio acogió a religiosas procedentes de la nobleza y gozó de bastante riqueza económica, con tierras de labor en propiedad en numerosos municipios de la provincia; figuras relevantes serán Catalina de los Ríos (que vivió en el siglo XV), que llegó a ser abadesa de las Dueñas y de San Clemente o la monja poetisa Constanza Ossorio (1564-1637), monja y abadesa del convento que destacó por su gran talento en lo musical y en lo lírico, dominando con soltura el latín y teniendo en su haber varias obras escritas de mérito.

Derribo del convento de las Dueñas. 1868.

La revolución de 1868 expropió el convento y procedió, casi inmediatamente, a su derribo, perdiéndose incontables obras de arte, siendo algunos retablos desmontados y llevados a la parroquia de Santa Marina y conservándose en el Museo de Bellas Artes de nuestra ciudad varios valiosos relieves procedentes de otros retablos, obra de Andrés de Ocampo y Miguel de Adán; por su parte, el cancel de madera tallada quedó instalado en la parroquia de Omnium Sanctorum. La comunidad de monjas, tras un penoso periplo por varios conventos sevillanos, marchó finalmente al de Santo Domingo el Antiguo de Toledo, donde quedaron alojadas junto con diversas piezas y documentos de las Dueñas. Como detalle de la destrucción, los magníficos artesonados que decoraban las techumbres fueron algunos vendidos como leña y otros, como hemos encontrado en la prensa local, todavía estaban puestos a la venta en 1912:

En agosto de 1873 la prensa local se hacía eco de la situación en que había quedado el solar del desaparecido convento:

"Rota nuevamente la cañería de agua muy cerca del demolido convento de las Dueñas. corre el líquido por la calle del mismo nombre y por la de Bautista, hasta convertir en un profundo estanque la fosa que existe en la esquina de San Juan de la Palma. De baño público sirve a los muchachos del barrio la improvisada laguna, salpicando con agua tan negra como la tinta y hedionda por añadidura a cuantas personas pasan por los alrededores".

Al parecer, en 1874 se construyó sobre parte del antes mencionado solar un edificio de nueva planta, cuya fachada fue calificada por la prensa como "preciosa y elegante", concebido para albergar la Escuela Municipal de Farmacia, germen del actual Colegio de Farmacéuticos de Sevilla.

Por fortuna, mejor suerte ha corrido el convento del Espíritu Santo, fundado en 1538 por la dama malagueña María de Aguilar, que sería su Abadesa Perpetua hasta su fallecimiento, mientras que en 1711 el cardenal Manuel Arias fundará un colegio para atender a niñas de la nobleza, creándose el Colegio de Niñas Nobles del Espíritu Santo, que en 1965 se abrió a toda clase de niñas con clases de EGB y una residencia universitaria femenina, espacios ambos que serán sustituidos por la actual Casa de Espiritualidad. En la clausura del convento recibe culto el conocido Niño Jesús Milagroso cuya tradición mantiene que fue entregado por un desconocido a las religiosas de manera misteriosa en un cajón de madera, con la intención de que se lo guardasen un tiempo, tiempo que terminó convertido en un año, tras el que las monjas decidieron abrirlo y comprobar que en su interior se hallaba una hermosa imagen del Niño Jesús, que pronto gozó de fama por conceder favores y milagros. En su mano izquierda porta una campanita, que algunos afirman haber oído tras producirse un gran favor o milagro. Un azulejo que lo representa aparece en la fachada del convento que da a Dueñas.

El otro gran edificio es el Palacio de las Dueñas, fundado inicialmente en el siglo XIV por la familia Pineda, según la tradición que recoge el cronista Ortiz de Zúñiga, la captura de un miembro de la familia por los musulmanes durante la guerra de Granada obligó a poner a la venta el palacio a fin de pagar el cuantioso rescate reclamado por la liberación del cautivo, siendo la beneficiaria de tal circunstancia Doña Catalina de Ribera, quien adquiere casas, corrales, huertas y edificios en 1496. Reformado profundamente, el palacio permanecerá en poder de los Enríquez de Ribera hasta que en 1612 Antonia Enríquez de Ribera contrae matrimonio con Fernando Álvarez de Toledo y Mendoza, cuarto Duque de Alba, por lo que la propiedad del palacio recaerá desde entonces en este ducado. Tras la muerte de Cayetana de Alba en 2014, el palacio será abierto al público para visitas.

En 1771 se construye su hermosa portada, donde destaca el imponente panel de azulejería con motivos heráldicos, bélicos y el blasón de la familia. En el siglo XIX el duque de Alba decide dividir el palacio en doce apartamentos para alquilar (nada nuevo, por otra parte), siendo la familia Machado una de las arrendatarias, de modo que en julio de 1875 nacerá en este palacio el escritor Antonio Machado, bautizado en la parroquia de San Juan de la Palma; tal como recuerda un precioso azulejo (colocado en 1985) y un curioso monumento, realizado por el escultor Julio López en 2015 y que combina un relieve del escritor con una joven lectora de su obra. En su «Retrato» que aparece en la obra Campos de Castilla recordará sus primeros años con unos versos que han pasado a la historia: "Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla, y un huerto claro donde madura el limonero".

Sin azulejo ni recuerdo, sin embargo, aparece el antiguo número 6 de la calle, ahora sin puerta, donde veintidós años después de Machado, un 7 de agosto de 1897, nacerá Manuel Chaves Nogales, uno de los escritores sevillanos del siglo XX que mejor ha sabido conocer las entretelas de La Ciudad, tal como la retrató en una de sus obras, aunque su formación periodística propiciará que nos haya dejado numerosos reportajes de raiz hispalense, no sólo sobre fiestas populares, sino sobre aspectos sociales y de denuncia sin caer en el falso almíbar ni en la autocomplacencia. Su biografía del matador de toros Juan Belmonte está considerada como una de sus mayores aportaciones literarias, sin olvidar cómo supo retratar con toda crudeza la crueldad de la Guerra Civil Española por parte de ambos bandos en su libro de artículos A sangre y fuego, de 1937. Asqueado por la violencia de los extremismos de izquierda y derecha en los primeros meses de la contienda, decidirá marcharse a París con su familia a fines de 1936 para luego, tras la invasión nazi de 1939, viajar a Londres, donde fallecerá en mayo de 1944 y será sepultado a la temprana edad de 47 años. 

Curiosamente, ese número 6 de Dueñas tendrá varios usos, en él radicaba en 1900 la tienda de Pérez Cobián, aunque en 1906 figuraba la tienda al por menor en la calle Martín Villa 10 y el almacén en Amor de Dios número 23. Dedicada a la fabricación de cabeceros y somieres de cama, con fábrica ubicada entonces en la Macarena, en la zona comprendida ahora entre las calles Antonio Buero Vallejo y  Dr. José Manuel Puelles de los Santos, donde está el IES "Macarena", con el tiempo pasó a la historia por ser zona de chabolas e incluso de fusilamientos en tiempos de la contienda civil. y en 1907 lo ocupará como sede social la Asociación de Albañiles, que allí ya tenía establecido su Centro de Instrucción. 

Terminamos. Aunque no pertenezca a la calle Dueñas, sería imperdonable no mencionar cómo ésta se ve presidida al fondo por la imponente espadaña del antiguo convento de la Paz, sede de la Hermandad de la Sagrada Mortaja, quien cada Semana Santa, como otras cofradías, emplea la calle de la que ahora nos despedimos como parte de su itinerario habitual el Viernes Santo, pero esa, esa ya es harina de otro costal. 





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