viernes, 29 de junio de 2012

H-2-O.-

Agora que la canícula atenaza ánimos y encrespa cuerpos, sea quizá buena ocasión para narrar cómo en mis tiempos abundaban fuentes (hablan algunos de hasta trescientas) y surtidores de donde tomar líquido elemento, haciendo soportáranse tórridas temperaturas y que público agradeciéralo sobre manera.


Pocas de estas fuentes han pervivido, desaparecido unas, en olvido aquellas y en lamentable estado éstas, lo que supone gran quebranto en estas áridas jornadas.

Cierto mediodía, deambulando por calles bajo sol de justicia, apreciamos con suma maravilla cómo (sin haber nublado) sobre nuestra faz y testa caía fino rocío, a manera de minúscula llovizna, y que ésta sólo producíase cuando transitábamos en cercanía de ciertas tabernas y hosterías, suponiendo por ello que tratábase de prodigio obrado bien por dios Baco o quizá por San Patricio o San Simón, patrones vinateros al decir de algunos.

Como quiera que era agua y no vino lo que sobre nosotros llovía (aunque a fe que no habría sido desdeñable suceso), inquirimos a cierto mozo sobre este particular, aclarándonos solícitamente que, empero, como todo en esta vida ha explicación, que todo ello era ardid y artificio del honrado gremio de mesoneros, hosteleros y taberneros, quien con viva agudeza ha pergeñado húmeda estrategia.

Trátase, al parescer, de ingeniosísimo artilugio con caños y cánulas de dónde brota agua merced a complicados alambiques y engranajes, resultando dello feliz idea y poderosa excusa para que visitantes detengan sus pasos y opten por aprestarse a solaz y recreo.

Barruntando en nuestra mollera, meditamos si no sería buen remedio tramar red de aquestos caños por doquier, de modo que toda la ciudad entera quedara inundada por inusitado frescor y que, llegadas fechas señaladas, incluso de antedichos tubos brotara no sólo agua, sino otros preciados líquidos agradables sin duda para paladear a la hora de saciar sed y calor…


Post scriptum: sirva presente pliego a modo de dedicatoria para joven infante que recibirá bautismales aguas en aquestos días, con firme deseo que ame aquesta ciudad tanto o más cómo ámanla sus progenitores.

miércoles, 20 de junio de 2012

Palmar.-

Acaeció reinando el Segundo de los Felipes, Dios téngalo en su Gloria. Tiempos de herejía y heterodoxia, abundaban ideas protestantes por doquier en Europa y nuestra amada ciudad no fue exenta dello.
Predicaba en una ocasión cierto franciscano en la parroquial de San Juan Bautista (cabe la Heria, o Feria) y durante su homilía, amén de ensalzar la preclara memoria de la Siempre Virgen María, exhortó a feligreses sobre trato con individuos que profesaban nuevas y erróneas creencias y doctrinas ciertamente alejadas de los precetos de la Santa Madre e Iglesia, animando a denunciar al Santo Oficio a criptoluteranos, seguidores de Molinos o discípulos de Calvino, persuadiendo a todos que “paredes han oídos y ojos, y mucho madruga el Santo Tribunal de la Fe”.

Acabados sermón y misa, anochecida la jornada, un sujeto poco o nada católico (prosélito del error) y que había escuchado la prédica entre divertido y distraído, aprovechando oscuridades nocturnas, decidió comprobar “motu propio” si todo aquello era veraz.

Rodeada de tumbas y sepulcros, en el centro de plaza parroquial, alzábase esbelta palmera presidiendo camposanto, y a ella, tras franquear tapias del cementerio, dirigióse tal sujeto con malas intenciones, afirmándole en voz queda como si persona fuera: “Palma, la Madre de Dios no quedó virgen después del parto”, y abandonando el recinto con sumo sigilo, convencido de que ningún hijo de vecino escuchara su blasfemia reformista, encaminóse a su morada con absoluto sosiego.


Mas poco podría adivinar tal impío sujeto que no bien amanecido sería preso (y ajusticiado tras tormento) por Inquisición tras ser denunciado por anciano de luenga barba y escuálido aspecto, como tampoco podría colegir que tal anciano, cuando fue requerido por antedicho Tribunal, dijeron sus nietos había fallecido años atrás y dando todos por milagroso el suceso, de todo lo cual la parroquia y la plaza diéronse en llamar como desde entonces es conoscida:



Viene aquesta hermosa leyenda a colación por triste desaparición, no hace escasas fechas, de palmera que ornaban la antedicha plazuela, la cual ha quedado huérfana dellas sin que sepamos, a ciencia cierta, si ha sido víctima de cierta epidemia que afecta a otras de su misma especie, pese a que se ha tomado remedio mediante extrañas pócimas administradas a su tronco.


Ignoramos si nuestros regidores (ocupados en graves negocios y sesudos discursos) están dispuestos a reponerla o si finalmente aquel malhadado sujeto ha logrado cobrarse venganza destruyendo la causa de su mal. Sin dudarlo, hacemos votos fervientes por lo primeramente expuesto, pues digno de lástima sería que San Juan quedara sin Palma, cercana como está agora fecha de su celebración…

 

miércoles, 13 de junio de 2012

Continental.-

Andan revueltas y agitadas las europeas naciones. En aquesta ocasión hay querellas y disputas, mas no paresce que sean por mor de religión o causa de lesa majestad, ni hay tronos vacantes o dinastías extintas; tampoco alianzas o tratados que haya que cumplir en pro de aliados lejanos, ni tan siquiera vengar afrentas o limpiar honor tras ofensas inferidas.


Teutones y galos pugnan por abrir brecha entre repúblicas y monarquías; lombardos, lusos y grecos no logran en principio alzarse con victorias, mientras que en Flandes, Balcanes o el Báltico escúchanse clamores y tambores.

Háblase incluso de recurrir a Padres Mercedarios por aquello de su demostrada capacidad para rescate (que bien que lo supo Maese Cervantes y Saavedra) o para mediar entre querellantes sin que prodúzcase cruento derramamiento.


Abundan debates en dietas y concilios, juntas y consejos, todos ellos buscando bien común y necesidad de solventar graves negocios que atañen a mercaderías y lonjas, a rentas y beneficios, a quiebras y bancarrotas, sin que súbdito pueda más que contemplar cariacontecido como su opinión cuenta menos que un ardite, o cómo barájanse gruesas cifras cual si se tratara de chícharos o altramuces.

Cosa asaz curiosa resulta cómo agora en tierras polonesas y ucranias celébrase singular disputa en pos de balón y a su final dirimir qué europea nación goza de mayor predicamento en cuestiones balompédicas, elucubrando quien suscribe por qué en estos torneos no dirímense litigios y pleitos entre estados y así evitar pléyade de parásitos y consejeros que hacen de política su medio de vida, quedando todo al albur de juego, azar y fortuna.


Mas como maliciamos no caerá esa breva, encenderemos par de codales a devota imagen que venérase en San Martín, no en balde advócase de la Europa. Que Ella nos proteja…

martes, 5 de junio de 2012

A ojo.-


Viviendo estado de mocedad, uno de nuestras más placenteras ocupaciones constituía  concurrir puntualmente a muelles del río. Contemplar navíos, observar descarga de fletes y percibir olores a mar e Indias era todo uno, mas si algo agradábanos sobre manera era escuchar patrañas de marineros o historietas navales, en que abundaban monstruos y criaturas fantásticas que engullían galeones y tripulantes como si tratárase de chicharrones de la Feria.



Exaltada nuestra imaginación por relatos tales, no bien tuvimos edad adulta proseguimos recabando relatos de este tenor, no tanto sucedidos en alta mar (pues confesémonos de secano) como en aquesta ciudad que amamos, cultivando amistad con quienes conocían no poco sobre antedichos seres e incluso solazándonos en pos de búsqueda de sierpes, tritones, arpías y demás, comprobando cómo siempre estaban vigilantes o atentos, observándonos.  


Tornados a questa vigésimo primera centuria, cuando pensábamos que sin duda aquellos entes maléficos habrían perecido, hemos acertado a comprobar como aún perduran restos de aquellos, más convertidos en férrea certeza y sin causar ya más que, todo hay que decirlo, desasosiego cierto.


Afirmábase antaño que hasta tabiques poseían orejas, por que era cosa asaz frecuente que chismes y habladurías tomaran calles no bien surgiera suceso de casa, palacio, templo o navío (en caso del río), y que fueren de público dominio querellas familiares, chismorreos de sacristía, reyertas por cuernos, lanzes de espada por un quítame allá esas pajas y hasta cruentas pendencias con muertes, todo era conoscido a poco de suceder por mor de lenguaraces de triple filo, mordaces comentarios e incluso algún que otro pliego de cordel que narraba sucedidos.


Si extraordinario es cómo esta caterva de aparatos, descendiente de célebre Polifemo,  ha asentado sus reales en fachadas y esquinas, mayor es conocer su utilidad, pues afírmannos que son agora a modo de ojos avizores sin necesidad de centinela ni guardián, y que en sus entreñas poseen don de no sólo ver, sino de guardar en sus retinas metálicas cuánto a su alrededor sucede, siendo cosa digna de prodigio (o de maleficio, según algunos) cómo engranajes tales gozan de antedicha habilidad sin que haya mano humana en ello.