lunes, 27 de septiembre de 2021

Pajaritos.

Sí, es cierto, no es la primera ocasión en la que esta calle sale a relucir en estas páginas. Hace algunos meses, buscando vías relacionadas con animales dimos a conocer, sólo de pasada, el devenir histórico de la antigua calle de la Imprenta, o lo que es lo mismo, Pajaritos, que se encuentra situada entre las calles Francos y Estrella, en pleno centro histórico de Sevilla. Durante el siglo XV se llamó Melgarejos, por hallarse en ellas las casas del linaje de este apellido nobiliario, y en el XVI era, a secas, la "calle que va al imprimidor", para luego pasar a denominarse Imprenta, debido a la presencia allí de un establecimiento ligado a una familia durante tres generaciones: los Cromberger. Pero como siempre, vayamos por partes. 

 

A mediados del siglo XV el orfebre alemán Johanes Gutenberg había creado la imprenta, entendida como un conjunto de tipos móviles realizados en metal con los que, junto con papel, tinta y una prensa, componer las diferentes páginas de una publicación, con lo cual el sistema de copistas y amanuenses medievales daría un salto cuantitativo hacia su desaparición, facilitando la edición de más y mejores ejemplares. La Biblia, lógicamente, fue uno de los primeros títulos publicados y poco a poco el invento fue abriéndose paso por toda Europa, facilitando la expansión del saber y la cultura. 

 Jacobo Cromberger, nacido en Nuremberg, llega a Sevilla en torno a 1490 y no tardará en trabajar en alguno de los incipentes y pujantes talleres de impresión ya existentes en la ciudad para, al poco tiempo, en 1499, contraer matrimonio con la viuda de uno de sus maestros, establecerse por su cuenta y comenzar una ardua labor de edición, sobre todo de textos sagrados; con la anuencia del Cabildo Catedralicio, imprimirá el llamado Misal Hispalense y con la de la orden franciscana realizará, por poner un ejemplo, nada más y nada menos que dos mil cartillas para aprender a leer enviadas al Caribe en una expedición transoceánica. Además, por sus prensas pasarán originales de personajes históricos del calado de Hernán Cortés o Elio Antonio de Nebrija.

 

Poco a poco la imprenta Cromberger, en el actual número 7 de la calle, se convierte en auténtica factoría que empleaba a varias docenas de oficiales y aprendices, en un caserón en el que el olor a tinta y a cola, a papel de trapo y cuero, acompañaría el trabajo en las mesas y prensas. Pasaron los años y el fundador legaba a su hijo Juan un importante patrimonio fruto del enriquecimiento experimentado con los libros editados: tierras de labor, viviendas e incluso esclavos, como ha investigado el profesor de la Universidad de Oxford Clive Griffin. El segundo Cromberger de la saga incrementó aún más la preponderancia de su negocio, editando gran cantidad de volúmenes, compaginó, valga la expresión, la imprenta con el negocio de librero, e igualmente amplió aún más la zona de distribución de sus publicaciones no sólo a Europa, sino a toda la América conocida entonces; como colofón, se sabe además, que un agente suyo instaló en 1539 la primera imprenta al otro lado del Atlántico en la ciudad de México. 

 

El epílogo lo habría conformado Jácome, el tercer Cromberger, pero hay que mencionar ineludiblemente el papel de su madre, Brígida Maldonado, hija, esposa y madre de impresores, quien al enviudar supo mantener el negocio familiar con un carácter fuertemente emprendedor, sacando a la luz títulos que se convertirían en "best sellers" de su tiempo y recurriendo incluso a la subcontratación para imprimir más ejemplares en tiempos de demanda elevada. Sin embargo, la imprenta familiar fue languideciendo hasta desaparecer, fruto de la desidia y de la poca motivación por parte de los sucesivos descendientes de la familia.

Anuncio en El Hebdomadario Útil Sevillano, 1758.

La calle Pajaritos adoptará su nombre actual a partir del siglo XVII, según algunos autores por el nombre de una célebre taberna con ese nombre, citada incluso, al parecer por Tirso de Molina. No por ello dejará de tener ilustres vecinos, sobre todo el siglo XIX cuando construya allí su residencia, en el número 6, un banquero sevillano poco conocido pero de gran importancia, Tomás de la Calzada. 

Ejemplo de burgués hecho a sí mismo, propietario de una fábrica de tejidos de seda, fue uno de los promotores del Banco de Sevilla (en el número 14 de esta calle) en 1856, aportando para ello 120.000 reales, sin olvidar que un año después intercederá, junto con el alcalde García de Vinuesa, por las vidas de los jóvenes condenados a muerte que tras su ejecución dará lugar al triste episodio de la Piedra Llorosa. De la Calzada, será miembro de la Diputación Provincial por el Partido Moderado, asesorará al Ayuntamiento como "vecino recomendable" en la construcción de elementos como la Plaza Nueva o el Monumento a Murillo, y además ejercerá como Hermano Mayor en la Hermandad de la Quinta Angustia.

 Son tiempos en los que sería cotidiano el trajín de los carromatos, el ir y venir de compradores y gente del comercio, las tertulias a pie de calle para comentar cualquier asunto local o nacional. Numerosos empresarios establecen sus negocios en Pajaritos, como Pedro Crespo, Faustino Martínez (tejidos de seda), Agapito Artoloitía o el almacén al por mayor de tejidos de Pastor y Compañía, sin olvidar la Escuela Normal Superior de Maestros, en el número 15 entre 1903 y 1911 o la Imprenta (de nuevo las artes gráficas) de Juan Montano, en el número 12. Precisamente en este inmueble, un gran caserón edificado en el XIX, se ubicará el colegio de los Jesuitas en tiempos de la Segunda República, tras la disolución de la Compañía de Jesús y el cierre del colegio de la calle Villasís. En los años sesenta radicará allí la sede de la Delegación Provincial de Mutualidades Laborales. 

Al igual que en la anterior saga de habitantes de la calle Pajaritos, el hijo de De la Calzada, también Tomás, proseguirá con la labor de enriquecimiento familiar mediante la participación en múltiples negocios que abarcarán desde la antedicha industria textil hasta el incipiente ferrocarril, destacando su labor bancaria y financiera y su papel político como Senador en Madrid entre 1881 y 1891, vinculado al partido de Castelar; como curiosidad, su nombre aparece incluso en la novela de Benito Pérez Galdós "Lo Prohibido", como acreedor importante de uno de los protagonistas. Tampoco quedó atrás en la faceta benéfico social, al ostentar el cargo de Director del Hospicio de San Luis o la faceta agrícola, al adquirir la Hacienda de San Francisco Javier de los Ángeles en el término municipal de Alcalá de Guadaira. Para conocer mucho mejor estos detalles, recomendamos el magnífico Blog de Agustín Peñuela, Historia de la Banca en Andalucía.

Una profunda quiebra financiera diluirá en el tiempo la historia de esta familia. Tras la suspensión de pagos del Banco de Sevilla en 1876 éste quedará fusionado con el Banco de España, que tendrá su sede en el palacio de Pajaritos 14 hasta 1928, cuando se traslade a la cercana Plaza de San Francisco, quedando convertido el edificio en oficinas municipales hasta nuestros días.  

En definitiva, la pequeña gran historia de una calle no muy concurrida, pero llena de interés histórico. 

Anuncio en el Diario de Sevilla, agosto 1852

Fotos: María Coronel. Con nuestro agradecimiento.

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